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miércoles, 13 de agosto de 2008

Contribución a lo planteado por el colectivo Sur

Compas:

Retomando la propuesta de los compañeros del Colectivo Sur de debatir las posibilidades para la construcción de la unidad de una izquierda autónoma en el Perú, con la urgencia que amerita tal tarea, me atrevo a plantear algunas ideas para contribuir a este propósito. Les envío también un documento de Antonio Negri denominado "Contra el Pensamiento débil de la organización" y el documento enviado "Criterios para la unidad de la izquierda autónoma" que es el documento propuestto para la discusión.

Ahi van mis comentarios que no agotan mis puntos de vista pero creo necesario empezar a plantear:



SOBRE LA NECESIDAD DE UN REFERENTE NACIONAL DE IZQUIERDA AUTÓNOMA



Los compañeros de SUR proponen las siguientes características para definir a la izquierda autónoma: a) no partidarizados, b)acción política más allá del espectro político planteado por el liberalismo c) renovación de los discursos y prácticas emancipatorias que desde las bases no reproduzcan y combatan en su seno y en la sociedad las relaciones de dominación. d) cuestionamiento a las formas de organización jerarquizadas, vanguardistas agrego yo y burocratizadas proponiendo la horizontalidad como herramienta, y la autonomía se define fundamentalmente en la situación de la autonomía de las organizaciones, con diversos y creativos estilos e) No se moviliza bajo doctrinas rígidas y estáticas sino que actúa en función de principios y valores claros, además de afirmarse en la diversidad



yo agregaría lo siguiente a estas primeros elementos para su definición:



- La crítica a la representación política, como crítica justamente a los límites que impone la política liberal, el sistema político que expropia el ejercicio del poder mismo a la gente y que pone justamente el énfasis de la acción política en la praxis del propio pueblo. Es lo que algunos han llamdo la "expresión" que se puede dar de diversas formas, es lo que algunos compañeros reconocen en los movimientos sociales como "prácticas prefigurativas" es decir la construcción en todas las ésferas de la vida de nuevas relaciones sociales en las dimensiones: autoridad/trabajo/cultura/sexo, tanto en lo macro como en lo micro, es decir no sólo en la "base" sino en todos los ámbitos y a diversas escalas, le podríamos llamar global y radical (entendido esto último por partor de este cuestionamiento desde el lugar mismo en que se constituyen los lazos sociales).

Esta discusión dentro de la izquierda autónoma está como de vuelta de una apuesta desde lo micro, pero que ahora apunta a lo macro y reconoce todos los ámbitos, incluidos los de la representación política, o el Estado (pero después de la crítica planteada) como espacios de disputa, mas no los espacios privilegiados como se consideraba antes, haciendo justamente que la acción política se reduzca solamente a la lógica electoral liberal burguesa.

Debemos agregar en este punto la separación radical que se plantea entre lo “social” y lo “político” que es algo a discutir, no sólo por la crisis de los partidos que se inscribe en la crisis de la representación, sino por el protagonismo de diversas formas de organización entre ellas la de los movimientos sociales. Aquí es necesario desarrollar un mayor debate.

- Crítica a la idea del poder como cosa: Esta concepción llevó a identificar el poder en el Estado o en los espacios institucionales, entendiendo la transformación del poder como la "toma" del mismo, como una cosa. Marx hablaba del caracter relacional de la realidad, cosa que se olvidó. Lenin, Gramsci hablaban de relaciones de fuerzas y construcción de hegemonía, entendiendo el poder como capacidad, fuerza, potencia, y relación. En este sentido la idea de construir otra forma de poder, de manera radical implica cambiar las relaciones sociales combatiendo el poder como dominación en los diversos ámbitos, en las diversas esferas y a diversas escalas, y construyendo a todo nivel formas de democracia sustantiva. Esto me lleva plantear: más que “voluntad de poder”, necesitamos “voluntad de poderío”; más que tomar el poder, es construir poder.

- Crítica al estadocentrismo: Una de las características de los viejos programas fue justamente la “toma del poder”, del Estado; por otra parte el programa implicaba la estatización y nacionalización, es decir el control del Estado en todos los ámbitos. Hoy vivimos lo contrario la privatización de todo, sometiéndolo a la lógica del mercado. ¿Se trata de volver hoy al estatalismo? Justamente, uno de los aportes de la izquierda autónoma es la crítica a esta lógica que reproduce la dominación, y recordando que el Estado la reifica y sigue siendo expresión de la expropiación del poder a la gente, y retomar la idea de la socialización, sobre la base de la recuperación por parte de la sociedad de la producción de la economía, de la cultura, del ejercicio de la autoridad, de la producción de lo normativo, esta es la idea de la autonomía.

A esto podemos sumar las transformaciones de los espacios institucionales producto de la contraofensiva del capital contra los proyectos populares, y que ha transformado el papel de los Estados nacionales, tomando gran énfasis las dimensiones locales, regionales y globales. Perder de vista esta realidad para la construcción de alternativas emancipatorias es no estar parado en la realidad. Los Estados en este sentido son más que nunca maquinarias disciplinadoras que se hallan constreñidas por un orden global imperial e imperialista, que se desenvuelve bajo la lógica de la “razón de estado”, que no necesariamente es la “razón revolucionaria”, y que muchas veces son un punto de impotencia llegando a esta idea de que una cosa es fuera del Estado y otra dentro. Aquí, en este sentido, la crítica debe continuarse y radicalizarse.

Pero, por otra parte, el reconocimiento de que la dimensión nacional es fundamental para las estrategias emancipatorias y es también una necesidad. En nuestros países estamos viviendo procesos de transformación a esta escala que no se pueden desconocer, pero que a todas luces asumen dimensiones que van más allá del clásico internacionalismo, y asumen dinámicas que trascienden los espacios nacionales en sus estrategias y en la territorialización de sus propuestas.

Boaventura de Sousa plantea que el Estado es una red más en disputa, en su idea del Estado como movimiento social, yendo más allá de la concepción que lo cosifica; además, nos parece fundamental la idea de que la izquierda autónoma establece una estrategia contra el estado, en el estado y más allá del estado.

-La construcción del poder popular es lo estratégico: La crisis de la izquierda se debió al énfasis que se pudo en la idea de igualdad, subestimando el ejercicio del poder por parte del pueblo mismo, construyendo experiencias a todas luces autoritarias y aún más totalitarias justificadas en la sobrevivencia de la revolución o poniendo por delante la redistribución de la riqueza.

Además de ello, se planteaba –en consecuencia con la concepción del poder como cosa- que lo estratégico era la toma del poder, privilegiando para ello la estrategia armada o electoral considerada una revolucionaria (¿?) o reformista (¿?). Esto fue muy importante en una izquierda ideologizada y sectaria como la peruana. Ambas en realidad eran métodos, caminos, que no implicaban necesariamente lo estratégico.

En suma: lo estratégico es la construcción del poder popular, del ejercicio concreto del autogobierno, la autogestión, la autonomía que se expresa en diversos ámbitos y se extiende en dimensión conquistando espacios territoriales cada vez más amplios. Los medios, son finalmente herramientas orientadas a este fin, que lo deben prefigurar y que responden a contextos y situaciones concretas. En este sentido la lucha en espacios institucionales o sociales, por medios legales, a-legales o ilegales no tienen porque no ser parte de la estrategia revolucionaria en la medida en que contribuyan a la expansión del poder popular.

El poder popular, es la expresión autónoma del poder del pueblo, el poder constituyente que transforma la realidad y produce la historia, expresión de la libertad misma; la organización política debe ser el acompañante de este proceso; lo institucional (que no es sólo el estado) es la forma cristalizada de la correlación de fuerzas, el poder constituido que debe ser permanentemente cuestionado y transformado por el poder constituyente.



Sobre su necesidad en el actual contexto político


Es permanecer en el pasado considerar que la izquierda o puede ser marxista leninista o socialdemócrata. La crítica a estos dos polos de una izquierda que como dice Wallerstein fueron parte de la política liberal son evidenciadas en la crítica de la izquierda autónoma. En el Perú, como lo expresa el documento, existe la necesidad de superar estas concepciones, lo que no significa caer otra vez en el debate ideologizado o de la nueva verdad revelada, excluyendo otras miradas, prácticas o lecturas de la realidad. En el Perú, es necesaria la tarea de construir una mayoría política político-social-cultural popular, un bloque popular para lo que es necesaria la unidad entra las expresiones político-partidarias, los movimientos sociales y otras formas de organización y experiencias. Si bien es cierto para las expresiones político partidarias lo central es la lógica electoral, debemos reconocer que como en el conjunto de países del continente las elecciones del 2011 pueden ser un momento de inflexión política al que la izquierda autónoma no debe ser ajena. Sin embargo, es importante que es justamente la tarea de la izquierda autónoma trabajar en los aspectos estratégicos, garantizarlos lo que implica disputar dentro del bloque político-social- cultural una tendencia que tiene como fundamental la construcción del poder popular y que subordina los otros métodos y dinámicas al mismo.

En conclusión, la izquierda autónoma debe constituir una corriente nacional, que se articula a otras experiencias internacionales, así como articula sobre la base de la autonomía y la horizontalidad a sus diversas expresiones pero que construye orientaciones generales compartidas. Esta corriente debe disputar sus orientaciones dentro del espectro mayor al que hemos aludido generando coordinaciones (tácticas) y articulaciones (programáticas o estratégicas). La coordinadora político social, la asamblea de los pueblos, los foros sociales, y otras formas de coordinación y articulación no pueden ser desdeñadas; sin embargo se plantea la necesidad de tener una fuerza propia, un programa propio, una organización que apunta a la construcción del poder popular.

Necesitamos a todas luces, los que queremos mantener las exigencias revolucionarias y construir un proyecto revolucionario acorde a los retos que nos plantea la nueva escena contemporánea una izquierda autónoma a nivel nacional.

Las tareas fundamentales, sin embargo, son la construcción, con expresiones territoriales de experiencias de poder poder popular con expresiones autónomas y también institucionales; acompañar los procesos de fortalecimiento y crecimiento de los movimientos sociales prefigurativos, y contribuir a la construcción de esta mayoría social y política que pueda disputar también el rumbo del estado. Cuando los compañeros de SUR constatan que a pesar de la beligerancia y carácter confrontacional de los paros, de las protestas populares no logramos cuestionar profundamente el actual orden neoliberal, nos muestran la necesidad de construir una correlación de fuerzas que es material, que no sólo se mueve y se configura en las representaciones políticas o en la gestión institucional.

Para ello, es obvio, necesitamos organización, necesitamos compañeros que puedan llevar adelante estas tareas. De ahí que sea necesario discutir la necesidad de la organización política, su vinculación con el Estado, los movimientos sociales, los partidos como lo plantean los compañeros y la construcción y expresión concreta, territorial del poder popular.





SOBRE LOS CRITERIOS PARA LA UNIDAD DE LA IZQUIERDA AUTÓNOMA



a) Identidad y memoria:

- Estoy de acuerdo en general en lo propuesto por los compañeros, debemos asumirnos como continuidad pero también como ruptura, recoger como nuestros los aciertos y los errores de la izquierda, es parte de nuestra historia. Y creo que efectivamente necesitamos un debate serio de lo que implicó el conflicto interno, que coincidente con el descalabro de los socialismos burocráticos, fue la base de la imposición armada del neoliberalismo en el Perú, y la derrota del movimiento popular de la que progresivamente nos venimos recuperando.

- Pero a la vez que recogemos la mística de la vieja izquierda que es parte de nuestra historia, debemos reivindicar también los aspectos y experiencias libertarias de esa historia. Desde Mariátegui hasta otras experiencias que pusieron por delante el autogobierno, la democracia directa. De la misma manera asumir el pensamiento crítico emancipatorio elaborado en las últimas décadas por el cual asumimos la idea de la autonomía individual y colectiva, el poder popular como componente fundamental de nuestra identidad.

- Me parece por otra parte reconocer la diversidad de corrientes que alimentan nuestra tradición libertaria en algunos de sus aspectos y con sus respectivas críticas: i. la diversidad cultural, y la reivindicación de los pueblos originarios, la cosmovisión que los sustenta y que tienen mucho para aportar en un proyecto que tiene aspectos de alcance civilizatorio. ii. La teología de la liberación, iii. El latinoamericanismo nacionalista, antimperialista y revolucionario, iii. el marxismo latinoamericano y la filosofía de la liberación latinoamericana, iii. el internacionalismo y la luchas alterglobalizadoras, etc. A estas se pueden sumar las nuevas corrientes críticas como el ecologismo, la diversidad sexual, la contracultura, el movimiento antimilitarista y pacifista, el feminismo, etc.



b) Identidad y principios:

- Distinguir dispersión y fragmentación, de diversidad y multiplicidad. Estas últimas son dinámicas afirmativas que expresan la vida, las anteriores representan la muerte, el capitalismo. Nuestra identidad debe recoger el carácter de lo múltiple y los puntos de unidad deben tomarse del diálogo y traducción intercultural de las luchas y los movimientos.

- En este sentido, mas que una ideología debe articularnos un horizonte que se exprese en un ideario; en la articulación programática; y en las luchas concretas que nos deben permitir avanzar desde articulaciones estratégicas hasta coordinaciones tácticas.

- Por lo demás estoy completamente de acuerdo con lo planteado por los compañeros.



c) La relación con los movimientos sociales:

- Como ya lo hemos mencionado, los movimientos sociales son más que “las bases”, estos tienen su autonomía, lo que no significa que no se imbrique su destino con las organizaciones políticas. Es más, toda articulación debe sumar a las organizaciones sociales en estas condiciones y todo proyecto de mayorías debe pensarse en un bloque horizontal político-social-cultural. La organización política se articula y fortalece sus dinámicas de diversas maneras: a través de la prensa, la capacitación, el acompañamiento en las luchas, la efectivización del poder popular concreto.

d) La relación con el Estado: Resumimos esto en la idea de: “contra el estado, en el estado y más allá del estado”.

e) Dinámicas y articulación: De acuerdo en la necesidad de empezar a construir horizontes compartidos y madurar encuentros, articulaciones, tareas y campañas que nos permitan construir la unidad desde nuestras prácticas concretas. De acuerdo con propiciar encuentros a diversos niveles y el encuentro nacional propuesto por los compañeros. Asumir la tarea de la Asamblea Nacional de los Pueblos. Pero propongo otras cosas más:

- Articular un medio de comunicación, aunque sea virtual que puede ser un blog que nos permita debatir.

- Desarrollar dinámicas de interaprendizaje político con los movimientos y dentro del propio espacio político en construcción, promover la investigación acción, la educación popular, la comunicación alternativa y la organización. Cátedras, escuelas, talleres

- Desarrollar campañas conjuntas de alcance nacional, desde nuestros propios espacios.

- Profundizar y fortalecer nuestros trabajo en la perspectiva de la construcción del poder popular.

- Propiciar espacios de articulación y coordinación política.



Final: espero compas que alimentemos este debate, un saludo a todos y a organizar la indignación, sin organización y lucha no hay posibilidades de emancipación, como decía el tío Gramsci: “Instrúyanse, porque necesitaremos toda nuestra inteligencia. Conmuévanse, porque necesitaremos todo nuestro entusiasmo. Organícense, porque necesitaremos de toda nuestra fuerza”

Criterios sobre la unidad de la izquierda autónoma/ Colectivo SUR

CRITERIOS SOBRE LA UNIDAD DE LA IZQUIERDA AUTÓNOMA

Documento preliminar de trabajo y debate

1. Sobre la necesidad de un Referente Nacional de la Izquierda Autónoma

La definición más amplia de lo que es la Izquierda Autónoma corresponde a individuos, colectivos y organizaciones políticas no partidarizadas, las cuales conciben y ejercen la acción política en un espectro mucho más amplio que los parámetros prescritos por el liberalismo. Debido a ello, ésta se caracteriza por impulsar la necesaria renovación de discursos y prácticas emancipatorias que combatan –y no reproduzcan en su mismo seno- las relaciones de dominación en todas sus formas. Asimismo, afirma que una verdadera transformación se realizará desde las bases, poniendo así en cuestión la inoperancia y el carácter contradictorio de las organizaciones altamente jerarquizadas y burocratizadas. El carácter de su activismo, a partir de estas concepciones, le permite desenvolverse en diversos espacios y estilos de acción política (desde los espacios de poder de base hasta las luchas contra el patriarcado y el heterosexismo; creando caminos desde la contra-cultura hasta el ecologismo, las organizaciones barriales y estudiantiles; entre otros). Tiene a la horizontalidad como principal referente de organización y rescata la necesidad de la autonomía de las organizaciones. No se moviliza bajo doctrinas rígidas y estáticas – y por lo tanto sectarias- sino que actúa basada en principios y valores claros, viendo a la diferencia y la diversidad como poderosas armas de lucha.

La necesidad de generar una Izquierda Autónoma nace como respuesta a las enormes dificultades discursivas y generacionales con las que la Izquierda tradicional y partidarizada tropieza en su proceso de renovación. La Izquierda Autónoma detecta en ella prácticas sectarias, vanguardistas y caudillistas; un ejercicio endogámico de la política en los gremios y organizaciones sociales que logró cooptar, y en los que se atrincheró como producto del repliegue y debilitamiento que sufrió por más de una década. La Izquierda Autónoma constata la incapacidad de autocrítica de la Izquierda partidarizada, incapacidad que la lleva a reproducir vicios que han sido arrastrados e institucionalizados hasta la época actual, como sacrificar las organizaciones antes que perder los puestos de poder en éstas (en el caso universitario), imponiéndole grandes limitaciones para su rearticulación y para estar a la altura de las circunstancias actuales.

El actual, es un escenario donde las organizaciones sociales han dejado de asumir una posición meramente defensiva, y donde, por el contrario, se está viviendo su fortalecimiento y multiplicación, en respuesta a la creciente conflictividad generada por la profundización de las políticas neoliberales y la agudización de la represión. Sin embargo, toda la efervescencia social carece aún de una representación política formal, donde el proyecto del “nacionalismo” como interlocutor de los sectores populares resulta insuficiente, precario y ambiguo, siendo su triunfo electoral un correlato de la alta conflictividad social más que producto de un trabajo orgánico y sostenido. Asimismo, continúa existiendo una inmensa brecha entre la situación del campo popular en Lima y la costa norte respecto a la del resto del país. Entre otras cosas, la derecha electoral tiene en Lima, más del 70% de los cargos; los paros nacionales -que en el resto del país son acatados por casi la totalidad de las organizaciones- son acatados parcialmente; y la movilización, la organización y la articulación son poco contundentes e influyentes en el escenario local.

El colapso de la vieja Izquierda trajo su abierta fractura y dispersión, las cuales aún no ha logrado superar, repercutiendo en todo el campo popular. A pesar de su renovada influencia social en distintos gremios y organizaciones, no ha logrado establecerse como la interlocutora política y protagónica del campo popular; siendo su fracaso electoral un reflejo claro de su situación actual. Por otro lado, dentro del movimiento social, si bien con alta capacidad de movilización legítima, perduran tensiones y divisiones dentro de éste, alimentadas por la considerable influencia del neosenderismo y el fujimorismo de base (tanto de sus militantes como de sus prácticas), que, dentro de sus lógicas, enfatizan la confrontación directa y a ultranza con el Estado, antes que la acumulación y articulación más amplias y consolidadas. El recurso incuestionable a la violencia antes que la organización.

Dentro de todo este proceso de fortalecimiento del campo popular, el marco de las Elecciones Generales del 2011 será un escenario decisivo y polarizado entre el continuismo neoliberal y la demanda por un cambio de rumbo, en el que tiende a perfilarse una alternativa electoral a partir de la CPS. Dentro de este marco, potencialmente prometedor, la “salida moral” de la abstención resulta una alternativa conservadora y timorata, que no está de por sí a la altura del proceso y de las expectativas del pueblo. Ante ello, se manifiesta la necesidad de construir un espacio político que también atraviese lo electoral, con referentes programáticos en los intereses populares más que en la voluntad de algún caudillo con carisma y arrastre electoral, y de la predisposición natural de las cúpulas partidarias por negociar cupos de poder dentro de la estructura del Estado.

El valor indispensable de la unidad, tanto política como social, está refrendada por nuestra propia experiencia histórica. Sin embargo, una tarea tan urgente y fundamental, no ha de consensuarse simplemente, sino que ha de ser producto de un proceso permanente de construcción, un proceso crítico para que la heterogeneidad del campo popular sea capaz de moverse en una misma dirección. La unidad planteada no se agota en una mera alianza electoral ni en la convergencia en una movilización, sino en construir un bloque político capaz de impulsar las transformaciones políticas que en cada etapa sean necesarias y posibles. La dispersión política y geográfica –es decir de estructuras nacionales o siquiera macrorregionales- de la Izquierda Autónoma nos condena a un papel de espectadores o, en el mejor de los casos, marginal frente al protagonismo avasallador de los partidos y sus dinámicas, en particular del nacionalismo. Debido a ello surge la necesidad de iniciar un diálogo nacional entre activistas independientes y organizaciones que se reconozcan como parte de esta corriente que hemos denominado “Izquierda Autónoma” para construir un Referente Nacional, que nos permita intervenir en mejores condiciones en el proceso de reconstrucción del espacio y de la unidad de la izquierda socialista, con un proyecto propio y de largo plazo que trascienda largamente las coyunturas electorales. Un tercer nivel de articulación ha de ser de todo el campo popular frente al bloque continuista y conservador, el cual, de profundizarse las tendencias actuales, tendrá un correlato necesariamente electoral en el 2011.

2. Sobre los criterios para la unidad de la Izquierda Autónoma

La tarea de ir superando la dispersión de los diversos núcleos de la Izquierda Autónoma, pasa por una primera aproximación reflexiva sobre algunos puntos centrales y eventualmente de tensión, de cuyo procesamiento colectivo deberían generarse sentidos políticos comunes, elementales para avanzar, en el mejor de los casos y en el mediano plazo, hacia la construcción de un Referente Nacional. Entre las cuestiones más urgentes y definitivas, identificamos las siguientes y sentamos posición sobre ellas:

- Identidad y memoria. Es indispensable para la Izquierda Autónoma construir una identidad movilizadora, y en ese proceso, reencontrarse con la tradición política libertaria del socialismo peruano y de las luchas populares. Nuestras miradas sobre las generaciones precedentes y las izquierdas tradicionales deben ser críticas, pero al mismo tiempo modestas; es preciso valorar sus enormes sacrificios y conquistas históricas. Hay que superar el sesgo “parricida” y acaso mesiánico que nos impide reconocernos como continuidad de una lucha que se enriquece y se diversifica en nuevos escenarios, con nuevos actores y con agendas cada vez más amplias, pero que en modo alguno comienza de cero. La narración de la(s) historia(s) desde las subalternidades y los diálogos intergeneracionales son herramientas claves para reinventar nuestra tradición.

En ese proceso, hay que rescatar también individualidades y procesos históricos referenciales. Se trata de emprender un proyecto de memoria socialista y popular con íconos, símbolos, fechas y consignas, que sirvan de insumos para desarrollar una mística renovada, como sustento último del activismo y la militancia socialistas. Hay que emprender un proyecto identitario que junto con su dimensión histórica contenga también una “dimensión utópica”; que a partir –pero no sólo- de la memoria recree el “mito” mariateguista, aquél que reconoce y valida como determinante la dimensión no racional de la voluntad y la acción políticas.

De las coyunturas históricas que es preciso procesar colectiva y críticamente, la experiencia de la guerra interna es una de las más delicadas, pues implica superar los maniqueísmos coloniales y liberales hegemónicos de los cuales a veces hemos sido tributarios. Saldar cuentas con ese suceso trágico y doloroso, supone para la izquierda dialogar también, directamente, con las versiones silenciadas del conflicto. Las causas, consecuencias y complejidades de la guerra no pueden sepultarse en la historia. Hay que identificar las permanencias de las estructuras sociales y subjetivas de aquel periodo, cuyos ecos resuenan hoy en día, condicionando muchas veces nuestro propio activismo político. En suma, nos planteamos la necesidad urgente de hacer un balance integral desde una perspectiva socialista del conflicto armado.

En tanto que los proyectos unitarios de las izquierdas no son una novedad, también es importante detenerse en ellos, fundamentalmente para extraer lecciones. Así, hay que valorar, con sus limitaciones de frente electoral, la experiencia de Izquierda Unida, como proyecto de representación y articulación política de masas y bases populares, que en la medida en que encarnó la esperanza transformadora de nuestro pueblo, fue mucho más que una mera opción “electorera”. Aunque nunca trascendió su condición de ser una suma de partidos, en la que se recrearon vicios históricos como el dogmatismo, el sectarismo y el reformismo socialdemócrata, desde el espacio de Izquierda Unida el socialismo desafió, enfrentó y contuvo por igual al terrorismo de Estado y al terrorismo de la insurgencia, para defender al pueblo y sus organizaciones, aun a costa de la vida de muchos y muchas de sus militantes. Es imperiosamente necesario para la Izquierda Autónoma hacer un balance justo y crítico, que no se reduzca a romanticismos pero tampoco a prejuicios y reproches, sobre el proyecto y el colapso de Izquierda Unida, toda vez que esa experiencia marcó el punto más elevado de la inserción del socialismo en las expectativas populares. A este propósito, hay que considerar tanto los errores de la izquierda tradicional y partidaria, cuanto el contexto extremadamente difícil de aquellos años, marcados por la guerra interna y la implosión del socialismo realmente existente en el mundo. Las generaciones post-IU a menudo se limitaron a negar y renegar de aquella experiencia fallida, de sus concepciones y de sus métodos. Las alternativas contestatarias que le sucedieron, pocas veces remontaron el abstencionismo, el nihilismo y la despolitización, en el contexto de la dictadura y la crisis de los paradigmas emancipatorios.

Un punto de quiebre sin duda, y que marca un precedente significativo en el surgimiento y articulación de una izquierda crítica y renovada, fue la conformación a partir de varios núcleos a nivel nacional del Movimiento Raíz. Entre los aportes fundamentales de esta primera experiencia, rescatamos la recuperación de la dimensión ética del proyecto socialista, descuidada injustificablemente por la izquierda tradicional; la apuesta por la horizontalidad como alternativa orgánica al autoritarismo, al burocratismo y al caudillismo que hasta ahora impregna a los partidos de izquierdas; y la capacidad de renovar, diversificar y enriquecer el discurso y las prácticas del socialismo, a partir de las experiencias de los movimientos sociales y de las perspectivas teóricas del pensamiento crítico contemporáneo. Constatamos también la necesidad de la Izquierda Autónoma de hacer un balance sobre Raíz, sus alcances y las causas de su extinción.

- Identidad y principios. La diversidad de las experiencias de las cuales proceden los núcleos de la Izquierda Autónoma deberían converger en torno a una plataforma compartida de principios que sirva como referente para superar la fragmentación a causa de nuestra “heterogeneidad”. Los principios deben enunciarse y practicarse más allá del dogmatismo, es decir, que deben aplicarse de manera reflexiva y no mecánica, de acuerdo a cada circunstancia. La unidad principista debe servir para vertebrar la identidad y la integridad del espacio propio de la Izquierda Autónoma, más que para provocar la descalificación y negación compulsiva de otros interlocutores políticos.

- La relación con los movimientos sociales. Hay que recrear la tradición de la izquierda socialista de construir, influir, de ser posible conducir, y defender en su integridad y por principio a las organizaciones sociales. No se trata sólo de acompañar o celebrar las luchas sociales, sino de insertarse y disputar políticamente esos espacios y racionalidades, respetando su autonomía respecto sus demandas y sus lógicas. El espacio social que constituyen las organizaciones de bases, es el espacio natural, y en buena cuenta el decisivo, de la acumulación política de las izquierdas y de la construcción del poder popular.

- La relación con el Estado. Es posible constatar que la creciente conflictividad social en el país no ha tenido –considerando la precariedad e indefinición del nacionalismo y los movimientos políticos regionales- un correlato proporcional en la modificación sustantiva de las relaciones de poder. En ese sentido, el Estado capitalista sigue siendo a todas luces un espacio de poder fundamental, importante para medir y modificar la correlación de fuerzas entre los sectores subalternos y las élites privilegiadas del sistema. Además, es potencialmente el único aparato capaz de oponerle resistencia e imponerle cierto tipo de controles a la dictadura del capital transnacional y a otros poderes fácticos, como el fundamentalismo religioso. La Izquierda Autónoma debería estar en condiciones de superar el abstencionismo, e impulsar alternativas políticas populares y progresistas para aprovechar el aparato y los recursos del Estado burgués en función de su proyecto histórico, que desde luego cuestiona y trasciende a la democracia liberal. La historia reciente de América Latina muestra en algunos casos, que desde la conducción de los Estados, es posible responder positivamente a los intereses populares y profundizar la lucha por la transformación socialista.

- Cuestiones orgánicas. En primera instancia, un referente nacional de la Izquierda Autónoma debería sustentarse en el fortalecimiento permanente de los activismos políticos y temáticos a nivel local y regional, como expresión concreta y tangible de su proyecto, influencia, y relevancia políticas. En segundo lugar, cualquier intento de articulación debería superar el nivel básico de la coordinación de actividades puntuales y del reconocimiento mutuo de los diversos actores, para lograr constituir direcciones políticas colectivas con bases territoriales, por lo menos macrorregionales, si es que fueran insalvables las complicaciones operativas y logísticas para constituir una dirección nacional. Para ello es necesario generar niveles mínimos de representación y centralización; las “redes” inorgánicas y desestructuradas son una opción insuficiente y agotada para enfrentar los retos políticos del momento. El mayor desafío consistiría en elaborar un diseño orgánico lo suficientemente flexible como para incorporar y responder a las especificidades de los actores, agendas, espacios de intervención y coyunturas. Como tercer punto, consideramos indispensable definir paralelamente una agenda programática. En cuarto lugar, consideramos fundamental producir medios y documentos de formación teórica, debate, propaganda y agitación.

- Plazos, etapas y dinámicas para la articulación. Cualquier intento sólido de articulación tendría que pensarse en un horizonte de mediano plazo. La discusión sobre los puntos planteados en este documento de trabajo –y otros que sean pertinentes-, y la construcción de sentidos compartidos sobre ellos, puede servir de pauta inicial para ir madurando progresivamente este proceso. En el corto plazo, creemos que es posible propiciar debates y encuentros a nivel macrorregional con los actores políticos que se sientan identificados con esta iniciativa. Consideramos fundamental coordinar entre todos los núcleos en los que se ha venido discutiendo la propuesta de articular esfuerzos (Lima, Cusco y Arequipa), la elaboración y la difusión de una convocatoria formal para iniciar este proceso de articulación. Tentativamente, el Colectivo SUR propone trabajar para los días 1 y 2 de noviembre de 2008 la realización de un pre-encuentro en Lima o Arequipa, de activistas y organizaciones de la izquierda autónoma con voluntad de construir un Referente Nacional, como espacio previo a la Asamblea Nacional de los Pueblos, convocada por la CPS para el 4 de noviembre.


Arequipa, agosto de 2008

Colectivo Socialismo, Utopía y Revolución
(SUR)

Contra el pensamiento débil de la organziación/ Antonio Negri

Contra el pensamiento débil de la organización

· Toni Negri
o Multitud
o Contra el pensamiento débil de la organización
Hay un bellísimo libro que, en el ámbito de los estudios feministas, ha sido publicado en los últimos años: Metamorfosis, de Rosi Braidotti. ¿Por qué es importante este libro? Porque, resistematizando el pensamiento de la diferencia en términos de nomadismo y de hibridaciones-transformaciones-metamorfosis, disolviendo la individualidad en las articulaciones de la singularidad, recorriendo toda la génesis del pensamiento postmoderno y de la descripción postestructuralista del mundo -habiendo reafirmado, pues, estas nuevas modalidades de nuestra visión del mundo, no cede a ninguna versión débil del pensamiento, a ninguna concepción blanda de la acción, a ninguna representación indiferente de los contextos humanos de pertenencia y/o de producción, sino que insiste en la diferencia como determinación productiva, mayéutica, fuerte. La subversión que el pensamiento de la diferencia ha desarrollado, a partir de la crisis cultural de 1968, atravesando los movimientos críticos de la última parte del siglo XX, refundando el feminismo, es presentada aquí con una figura fuerte, irreductible a las elegancias de la postmodernidad.
En el pensamiento postmoderno, a partir de la afirmación de la diferencia del nuevo proletariado, de la insurgencia de las multitudes productivas, hubo el peligro de correr el mismo riesgo que tocó en suerte al feminismo. ¿Quién no recuerda cuando el descubrimiento foucaultiano de la microconflictividad permanente era descaradamente utilizado para negar la macroconflictividad de las luchas de clases? ¿Quién ha olvidado la obscena utilización del pensamiento de Deleuze para convertirlo en una simple figura de la superficialidad, del sobrevuelo, de la caída de tensión ontológica? Como si la difusión social del poder negara o restara sustancia a la razón de Estado y a la capacidad de la governance imperial de desencadenar guerras; como si el descubrimiento y la crítica del isomorfismo paralizante en la práctica del poder (en el fondo, ¿las revoluciones no repiten siempre el poder preexistente?) cancelara la posibilidad de imaginar otro mundo; como si las redes superficiales y artificiales de las experiencias vivientes eliminaran el deseo de utilizar la cooperación y la circulación de las pasiones como armas para destruir la explotación.
Hemos vivido un periodo demasiado largo, en el que la blandura del pensamiento nos impedía repetir la palabra subversión. No está menos, pues, citar de nuevo a Kant en la lectura de Nietzsche: «La cuestión relativa a si la humanidad tiene una tendencia al bien viene preparada por la cuestión de si existe un acontecimiento que no se puede explicar de otro modo salvo con esa disposición moral. Tal es la Revolución». Kant: «Un fenómeno como ese no se olvida jamás en la historia humana, pues ha puesto de manifiesto una disposición y una facultad hacia el bien en la naturaleza humana, como ningún político la hubiera podido sonsacar del curso que llevaron hasta hoy las cosas». Así, pues, también la nueva organización proletaria, la del movimiento global, la del precariado, la de las nuevas fuerzas sociales que se han presentado en el terreno de las luchas salariales y civiles, necesitan recuperar palabras como subversión y revolución y escandirlas dentro de momentos de organización fuerte.
El gran desbarajuste y la superación de la dialéctica marxista no residen en el descubrimiento de su dimensión metafísica: la violencia metafísica estaba allí como lo estaba en todo el pensamiento de la modernidad. Ir «más allá de Marx», discernir en las articulaciones de la postmodernidad, entre postestructuralismo y nuevo feminismo, los orígenes de una nueva acción política, significa reunir la novedad de las situaciones de red y de cooperación, de movilidad y de precariado, de trabajo productivo intelectual y afectivo: reunir, en definitiva, la extraordinaria fuerza innovadora de todo esto con la decisión y la voluntad de liberación. Discernir la metamorfosis. No se entiende de veras por qué, en la descripción postmoderna del mundo, todos los comportamientos proletarios se habrían modificado, mientras que el Estado y su violencia permanecen los mismos. No se entiende de veras por qué las mujeres pacíficas y buenas cuando el patriarcado y la opresión patriarcal se repiten. No se entiende por qué las multitudes deben permanecer tranquilas y el nuevo mundo posible puede ser interpretado sólo desde el ámbito «político», cuando éste se confirma obstinadamente como autonomía e independencia, y los partidos (sobre todo los que dicen reclamarse de los movimientos) se niegan a convertirse en estructuras de servicio; y por si fuera poco, se presentan provocatoriamente como suministradores de línea y organizadores de movimiento.
Últimamente hemos tenido un magnífico ejemplo de cómo pueden reproducirse estos equívocos. Un buen día, un partido que se había declarado al servicio de los movimientos, decide que a estos movimientos había que darles una línea -el presupuesto consistía, evidentemente, en considerar que los movimiento son formas blandas de la acción política y que, por lo tanto, su dirección sólo puede provenir de fuerzas externas. En este caso se presentó una instancia pacifista al movimiento: como si el movimiento no fuese más pacifista desde sus orígenes de cuanto desde luego lo son (y podrán serlo alguna vez) los dirigentes de partidos ex estalinistas. Pero no es éste el problema, que tampoco consiste en el hecho de que el pacifismo haya sido presentado en la forma vulgar de la no violencia, en la confusión de comportamientos de resistencia o e desobediencia, en la incierta cualificación y conjugación de legalidad e ilegalidad... Ahora bien, ¿por qué han de ser los partidos los que digan esto? Estos últimos, que participan de los procesos de emanación de las leyes, esto es, del mecanismo de ejercicio de la violencia, ¿pretenden que los movimientos sean no violentos? Resulta divertido ver hasta qué punto los cerebros pueden caer en la confusión, cuando del movimiento se da una imagen postmoderna blanda y del partido una imagen moderna dura. En realidad, los movimientos reivindican una imagen postmoderna fuerte. Las prácticas son particularmente ofensivas en un momento en el cual la crisis de la forma-partido ha llegado a su ápice. En efecto, la crisis de la forma-partido se da dentro de la crisis general de los sistemas de representación política: nadie podrá negar que la inherencia del partido a la estructura del Estado capitalista y burgués es máxima. No tenemos más que observar lo que está ocurriendo en este periodo en Italia, en Francia, en Alemania, en España y en Estados Unidos: cuando las elecciones se presentan, el sistema de mediación burgués estatal se desencadena y anula los problemas de las luchas sociales. Lo que afirmamos no es que hoy los partidos sean inútiles, sino que el partido está mudo y ciego si no se abre al exterior -en el caso al menos de que ese partido quiera ligarse a intereses proletarios. El hecho es que en la crisis actual del sistema político y parlamentario, la única posibilidad, no digamos ya de moverse o de ser eficaces, sino de vivir y/o sobrevivir, consiste en abrirse a una función de servicio, en utilizar los instrumentos parlamentarios y de gobierno para nutrir (financiar, abrir espacios públicos, comunicativos, etc.) a los movimientos, poniéndose a su servicio, permitiéndoles la conquista y la utilización de los nexos de la administración. Si un partido no quiere hacer esto y se reproduce burocráticamente conforme a sus dinámicas internas, no es más que basura inútil.
La experiencia de los movimientos contiene en su centro la pobreza y el trabajo, la explotación y la opresión. Se trata de temas que no tienen ninguna blandura. Son temas insurgentes y a menudo constituyentes. Los movimientos nacen del sufrimiento, de la indignación, de la resistencia. Tienen problemas que han de resolver y para resolverlos deben proyectar su autonomía y su fuerza en el interior de la estructura del poder. Pero esta estructura está podrida. En consecuencia, los movimientos son exodantes. No tienen ninguna intención de confundirse con el poder y no aceptan la figura postmoderna de una transparente y blanda equivocidad. Sin embargo, para alcanzar sus fines, que son los de aliviar el sufrimiento, de eliminar la pobreza y de desarrollar cooperación, de luchar contra la guerra y contra toda violencia estatal, los movimientos necesitan (conservando su autonomía, continuando en su éxodo) utilizar algunos instrumentos de la administración estatal y burocrática. Si hay partidos o grupos administrativas o de gobierno que quieren ayudarles en ese cometido, ¡bienvenidos sean! En América Latina hay gobiernos, como los de Lula en Brasil y de Kirchner en Argentina, que están enseñando al mundo (y a nosotros) que el poder sólo se puede ejercer poniéndose en relación con los movimientos: ahora bien, ¿por qué estos salvajes del tercer mundo no pueden enseñar algo a nuestros socialistas y comunistas? ¿Por qué la lógica de gobierno se sigue fijando aquí, míticamente, en sus cabezas, de manera completamente separada de la relación que, no sólo cuando queremos ser eficaces, sino simplemente para existir, deben tener con los movimientos? ¿Piensan que su retórica no violenta puede consolidar un función autosubsistente de representación? ¿Representación de quién, de qué, para qué?
La salida del siglo XX, sin lugar a dudas, ya se ha producido. Es una salida larga y fatigosa y, sobre todo, es la salida de una idea y una práctica de la soberanía autosubsistentes y, en el fondo, totalitarias. En la crisis de las instituciones y de la representación que vivimos, debería estar claro que ya no hay legitimidad que no pase a través de relaciones de movimiento. El partido, o está abierto a los movimientos o no es. Por otra parte, los movimientos no le hacen llegar su mensaje, sino que le dicen a la cara que, si por el momento el partido puede existir como estructura de servicio, mañana deberá desaparecer, y que una nueva representación de movimiento debe sustituirle. Así, pues, en la fase actual, dentro de la ambigüedad que ésta presenta, debemos esclarecer los términos de la convivencia entre movimientos y estructuras de representación. La salida del siglo XX no es el final de la historia, pero sin duda alguna es el final de los partidos. Nunca antes se han visto embestidos por una hostilidad tan grande e irreversible y por una desconfianza tan profunda: no es la falta de política, sino precisamente su contrario, es decir, el renovarse, el expandirse y el consolidarse de un nuevo espíritu político, es el nacimiento de los movimientos, es el expresarse de las multitudes que, politizando la existencia, rechazan los partidos. Ésta es una salida, no blanda, del siglo XX. Ésta es una acción en el interregno que atravesamos entre la vieja democracia del siglo XX y la nueva potencia de autogestión y de gobierno de las multitudes inteligentes.
Los movimientos no son lobbies. El feminismo, y nuestra experiencia, también nos han enseñado esto. No están en los márgenes de la sociedad y de la historia, sino en el centro. Hacen la historia. La salida del siglo XX está marcada sin duda alguna por los tiempos del siglo breve (1917-1968), por la caída de la Unión Soviética y por el fin de la función hegemónica del movimiento obrero: pero esta salida está determinada y hegemonizada en su resultado por el nacimiento y el afirmarse de potencias incontenibles. Estas diferencias organizadas en movimientos ya no piensan en la conquista del Palacio de Invierno, sino en la construcción de otro mundo posible. Exodan del poder. Atraviesan ahora el interregno entre la modernidad y la postmodernidad, mostrándose a veces inseguras sobre los pasos a dar, pero seguras del objetivo a conseguir.
¿Por qué deberíamos enternecernos ante las exigencias que suscitan las variables y equívocas alianzas del Ulivo? ¿O ante las que determinan las oscuras finalidades de un eventual gobierno Prodi? ¿Por qué debería conmovernos la pretensión del ministerio de Interior berlusconiano de ser no violentos? Nosotros no somos violentos. Pero somos desobedientes, proponemos ilegalidad, creemos en otro mundo posible. Estamos al lado de los tranviarios, de los obreros de los aeropuertos, de los investigadores, de toda la intelectualidad que rechaza la violencia de los gobiernos neoliberales. El movimiento, las multitudes, son un Rey -y de nada sirve que los partidos finjan ser otra cosa que pajes.
Publicado en la revista Posse, Roma, «Nuovi animali politici», mayo de 2004 (disponible en www.manifestolibri.it).

viernes, 14 de diciembre de 2007

Arriba, pensar el blanco. la geografía y el calendario de la teoría


I.- ARRIBA, PENSAR EL BLANCO.
LA GEOGRAFÍA Y EL CALENDARIO DE LA TEORÍA.

Sub comandante Marcos

“El problema con la realidad, es que no sabe nada de
teoría”
Don Durito de La Lacandona.

Elías Contreras, Comisión de Investigación del EZLN,
decía que la lucha, la nuestra al menos, podía ser
explicada como una lucha de geografías y calendarios.
Ignoro si este compañero, uno más de los muertos que
de por sí somos, imaginó siquiera que sus teorías
(”sus pensamientos”, decía él) serían presentadas al
lado de tantas luces intelectuales como las que ahora
confluyen en el suroriental estado mexicano de
Chiapas. Tampoco sé si hubiera autorizado que yo, un
subcomandante cualquiera, tomara algunos de esos
pensamientos y los expusiera públicamente.

Pero, tomando en cuenta la evidencia de nuestro bajo
“rating” mediático y teórico, creo que puedo
permitirme el tratar de exponer las bases rudimentales
de esta teoría, tan otra que es práctica.

No voy a aburrirlos contándoles el embrollo
sentimental de Elías Contreras que, como todos y todas
las zapatistas, eligió amar con desafío. Como si el
puente afectivo que se tiende hacia la otra, el otro o
lo otro no fuera ya de por sí complejo y complicado,
Elías Contreras todavía le agregó las distancias y
muros que separan los calendarios y las geografías,
además del conocimiento, es decir el respeto, de la
existencia de lo otro. Como si de esa forma él (y con
él, lo colectivo que somos) decidiera hacer todo lo
posible para que un acto tan antiguo, común y
cotidiano como la existencia del ser humano, se
convirtiera en algo extraordinario, terrible,
maravilloso.

En cambio, en lugar de contarles del complicado e
inquebrantable puente del amor de Elías Contreras por
la Magdalena (que no era ni hombre ni mujer, lo que ya
de por sí es un desafío a la lucha de género), pensé
entonces en traerles algo de la música que se toca en
las comunidades zapatistas. Por ejemplo, apenas anoche
escuché una música que el “maistro de la ceremoña”
tipificó como ritmo “corrido-cumbia-ranchera-norteña”.
¿Qué tal? Ritmo corrido-cumbia-ranchera-norteña… si
eso no es un desafío teórico, entonces no sé que lo
sea. Y no me pregunten cómo se toca o se baila eso,
porque yo no toco ni la puerta y, además, a mi
avanzada edad, en el baile tengo la gracia de un
elefante con la uña enterrada.

Hace más de dos años, en estas montañas del sureste
mexicano, en ocasión de las reuniones preparatorias de
lo que después se llamaría “La Otra Campaña”, una
mujer joven dijo, palabras más, palabras menos, “si tu
revolución no sabe bailar, no me invites a tu
revolución”. Tiempo después, pero entonces en las
montañas del noroeste de México, volví a escuchar esas
mismas palabras de la boca de un jefe indígena que se
esfuerza por mantener vivos los bailes y la cultura
toda de nuestros ancestros.

Al escuchar a la una y al otro, en tiempos distintos,
yo volteé a mirar a una de las comandantas y le dije:
“Ahí le hablan jovena”. La Comandanta no dejó de mirar
hacia la concurrencia, pero en voz baja dijo: “Urrr
Sup… Uta magre, viera que me dan pista y hasta les
dejo planito el suelo”.

Yo no les voy a estar mentirando. La verdad es que
pensé que podría traerles algunas historias de Sombra
el guerrero, de Elías Contreras y la Magdalena, de las
mujeres zapatistas, de las niñas y niños que crecen en
una realidad diferente (ojo: no mejor, no peor, sólo
diferente) a la de sus padres, marcada por otra
resistencia, y hasta les contaría un cuento de la niña
llamada “Diciembre” que, como su nombre lo indica,
nació en Noviembre. Y pensé también ponerles algunas
músicas (sin agraviar a las presentes), pero es de
todos conocida la seriedad con la que los zapatistas
abordamos los temas teóricos, así que sólo diré que
habría que encontrar alguna forma de ligar la teoría
con el amor, la música y el baile. Tal vez igual la
teoría no alcanzaría a explicar nada que valiera la
pena, pero sería más humana, porque la seriedad y el
acartonamiento no garantizan el rigor científico.

Pero, bueno, ya me estoy yendo de nuevo por otro lado.
Les decía yo que Elías Contreras, Comisión de
Investigación del EZLN, decía a su vez que nuestra
lucha podía ser entendida y explicada como una lucha
de geografías y calendarios.

En nuestra participación como “teloneros” de los
pensamientos que en estos días se congregan en este
lugar y en estas fechas, serán la geografía y el
calendario… más bien, la larga trenza que entre ambos
se anuda abajo, uno de los referentes de nuestra
palabra.

Dicen nuestros más mayores que los dioses más
primeros, los que nacieron el mundo, fueron siete; que
siete son los colores: el blanco, el amarillo, el
rojo, el verde, el azul, el café y el negro; que son
siete los puntos cardinales: el arriba y el abajo, el
delante y el detrás, el uno y el otro lado, y el
centro; y que siete son también los sentidos: oler,
gustar, tocar, ver, oír, pensar y sentir.

Siete serán entonces los hilos de esta larga trenza,
siempre inconclusa, del pensamiento zapatista.

Hablemos, pues, de La Geografía y el Calendario de la
Teoría. Para esto pensemos el color blanco allá
arriba.

***

No tenemos el dato exacto, pero en el complejo
calendario del pensamiento teórico de arriba, de sus
ciencias, técnicas y herramientas, así como de sus
análisis de las realidades, hubo un momento en que las
pautas se marcaban desde un centro geográfico y de ahí
se iban extendiendo hacia la periferia, como una
piedra arrojada en el centro de un estanque.

La piedra conceptual tocaba la superficie de la teoría
y se producía una serie de ondas que afectaban y
modificaban los distintos quehaceres científicos y
técnicos adyacentes. La consistencia del pensamiento
analítico y reflexivo hacía, y hace, que esas ondas se
mantengan definidas… hasta que una nueva piedra
conceptual cae y una nueva serie de ondas cambia la
producción teórica. La misma densidad de la producción
teórica tal vez podría explicar el por qué las ondas,
las más de las veces, no alcanzan a llegar a la
orilla, es decir, a la realidad.

“Paradigmas científicos” han llamado algunos a estos
conceptos capaces de modificar, renovar y revolucionar
el pensamiento teórico.

En esta concepción del quehacer teórico, en esta
meta-teoría, se insiste no sólo en la irrelevancia de
la realidad, también y sobre todo se alardea que se ha
prescindido completamente de ella, en un esfuerzo de
aislamiento e higiene que, dicen, merece ser
aplaudido.

La imagen del laboratorio aséptico no sólo se limitó a
las llamadas “ciencias naturales” o a las “ciencias
exactas”, no. En los últimos saltos del sistema
mundial capitalista, esta obsesión por la higiene
anti-realidad alcanzó a las llamadas “ciencias
sociales”. En la comunidad científica mundial empezó
entonces a cobrar fuerza la tesis de “si la realidad
no se comporta como indica la teoría, peor para la
realidad”.

Pero volvamos al plácido estanque de la producción
teórica y a la piedra que ha alterado su forma y
contenido.

El reconocimiento de esta aparente fragilidad del
andamiaje conceptual científico significó aceptar que
la producción teórica se renovaba continuamente,
incluso dentro de su pretendido aislamiento de la
realidad. El laboratorio (término ahora muy usado por
los llamados científicos sociales para referirse a las
luchas dentro de las sociedades) no podría nunca
reunir las condiciones ideales, por más aséptico y
esterilizado que estuviera, para garantizar la
perpetuidad que toda ley científica reclama. Y es que
resulta que en su mismo quehacer, irrumpen una y otra
vez nuevos conceptos.

En estas concepciones, la idea (el concepto, en este
caso) precede a la materia y se adjudica así a la
ciencia y la tecnología la responsabilidad de las
grandes transformaciones de la humanidad. Y la idea
tiene, según el caso, un productor o un enunciante: el
individuo, el científico en este caso.

Desde la ociosa reflexión de Descartes, la teoría de
arriba insiste en la primacía de la idea sobre la
materia. El “pienso, luego existo” definía también un
centro, el YO individual, y a lo otro como una
periferia que se veía afectada o no por la percepción
de ese YO: afecto, odio, miedo, simpatía, atracción,
repulsión. Lo que estaba fuera del alcance de la
percepción del YO era, es, inexistente.

Así, el nacimiento de este crimen mundial llamado
capitalismo es producto de la máquina de vapor y no
del despojo. Y la etapa capitalista de la
globalización neoliberal arranca con la aparición de
la informática, el internet, el teléfono celular, el
mall, la sopa instantánea, el fast food; y no con el
inicio de una nueva guerra de conquista en todo el
planeta, la IV Guerra Mundial.

En el campo de la tecnología se repite el mismo
patrón. Y se agrega que, como el concepto científico,
la técnica nace “inocente”, “libre de toda culpa”,
“inspirada en el bien de la humanidad”. Einstein no es
responsable de la bomba atómica, ni el señor Graham
Bell lo es de los fraudes vía celular del hombre más
rico del mundo, Carlos Slim. El coronel Sanders no es
responsable de las indigestiones provocadas por el
Kentucky Fried Chiken, ni el señor MacDonald de las
hamburguesas de plástico reciclado.

Esto, que algunos desarrollaron más y definieron como
“objetividad científica”, creó la imagen del
científico que permea todavía el imaginario popular:
un hombre o una mujer despeinados, con lentes, bata
blanca, con desaliño corporal y espacial, embebidos
frente a probetas y matraces burbujeantes.

El autodenominado “científico social” “compró” esa
misma imagen, con algunos cambios: en lugar de
laboratorio, un cubículo; en lugar de matraces y
probetas, libros y cuadernos; en lugar de blanca, una
bata de color oscuro; el mismo desaliño; pero agregaba
tabaco, café, brandy o cogñac (también en la ciencia
hay niveles, mi buen) y música de fondo, que eran
impensables en un laboratorio.

Sin embargo, unos y otros, enfrascados como estaban en
su objetividad y asepsia, no advirtieron la aparición
y crecimiento de los “comisarios de la ciencia”, es
decir, de los filósofos. Estos “jueces” del
conocimiento, tan objetivos y neutrales como sus
vigilados, expropiaron el criterio de cientificidad.
Como la realidad no era el referente para determinar
la verdad o falsedad de una teoría, entonces la
filosofía pasó a cumplir ese papel. Apareció así la
“filosofía de la ciencia”, es decir, la teoría de la
teoría, la meta-teoría.

Pero la llamada “ciencia social”, la hija bastarda del
conocimiento, encontró a los filósofos con sobrecarga
de trabajo o con exigencias difíciles de cumplir (del
tipo “Si A es igual a B y B es igual a C, entonces A
es igual a C”), así que cada vez más debe padecer a
los intelectuales de la academia como censores y
comisarios.



Mmh… creo que con lo anterior ya demostré que puedo
ser tan oscuro e incomprensible como cualquier teórico
que se respete, pero estoy seguro de que hay una forma
más sencilla de seguir con esto.

Así que ahí les voy, nomás háganse a un ladito, no los
vaya yo a salpicar.

En resumen, a consecuencia de este calendario y esta
geografía, resulta que allá arriba la producción
teórica no es más que una moda que se piensa, ve,
huele, gusta, toca, escucha y siente en los espacios
de la academia, los laboratorios y los institutos
especializados.

O sea que la teoría es una moda que tiene en las tesis
(de posgrado, mi buen, también en la academia hay
niveles), las conferencias, las revistas
especializadas y los libros, los sustitutos de las
revistas de moda. Los coloquios suplen el lugar de las
exhibiciones de modas, y ahí los ponentes hacen lo
mismo que las modelos en la pasarela, es decir,
exhiben su anorexia, en este caso, su delgadez
intelectual.

Tomad cada momento del surgimiento de uno de esos
paradigmas y encontrareis un centro intelectual que se
disputa la primicia. Las universidades europeas y los
institutos tecnológicos de Norteamérica repiten el
listado de la moda: París, Roma, Londres, Nueva York
(lo lamento si rompo alguna ilusión, pero no aparecen
el Tec de Monterrey, ni la Ibero, ni la UDLA).

Con esto quiero decir que el mundo científico
construyó una torre de cristal (pero plomado), con sus
propias leyes y adornado con los vitrales
churriguerescos que elaboran los intelectuales ad hoc.

A ese mundo, a esa torre y sus pent-houses, no podrá
acceder la realidad hasta que acredite estudios de
posgrado y un currículum, presten atención, tan
abultado como la billetera.

Así se nos presenta al común de la gente, y así se
representa a sí misma la comunidad científica.

Pero una mirada atenta y crítica, una de ésas que
tanto escasean ahora, permitiría ver lo que en
realidad ocurre.

Si el nuevo paradigma es el mercado y la imagen
idílica de la modernidad es el mall o el centro
comercial, imaginemos entonces una sucesión de
estantes llenos de ideas, o mejor aún, una tienda
departamental con teorías para cada ocasión. No
costará trabajo entonces imaginar al gran capitalista
o al gobernante en turno recorriendo los pasillos,
sopesando precios y calidades de los distintos
pensamientos, y adquiriendo aquellos que se adapten
mejor a sus necesidades.

Allá arriba, toda teoría que se respete debe cumplir
una doble función: por un lado: desplazar la
responsabilidad de un hecho con una argumentación, que
no por elaborada es menos ridícula; y, por el otro,
ocultar la realidad (es decir, garantizar la
impunidad).

En la explicación de la desgracia aparecen ejemplos:

El señor Calderón (todavía algunos desubicados lo
consideran el presidente de México), disfrazado como
militar, encuentra en la teoría lunática la
explicación de las catástrofes que asolaron Tabasco y
Chiapas (como antes a Sonora y Sinaloa) y ordena a sus
tropas que le consigan la capacidad de convencimiento
que no ha podido construir sobre ese castillo de
naipes trucados que fue la elección presidencial del
2006. Su fracaso, tan poco informado en los medios,
era previsible: consigue más el Teletón que el Estado
Mayor presidencial. Desplazando la responsabilidad a
la luna (quien, dicho sea de paso, es rencorosa, como
lo contará la leyenda del origen de Sombra, el
guerrero –pero eso será, si es que es, otro día-),
Calderón oculta su responsabilidad y la de quienes lo
antecedieron. Resultado: se crea una comisión para
investigar… astronomía, y darle así, además del pobre
de las armas, algún sustento legítimo a este émulo de
Huerta y amante, según confesión propia, de los juegos
cibernéticos militares. Seguramente, si la luna se
niega a aceptar su culpabilidad, el titular del IV
Reich le dirá, con la mirada dura y decidida: “¡bájate
o mando por ti!”.

El señor Héctor Aguilar Camín, el prototipo del
intelectual no de arriba (él que más quisiera) sino
arribista, reescribe el “Libro Blanco” con que la PGR
zedillista quiso explicar, sin éxito alguno, la
matanza de Acteal (que este 22 de diciembre cumple 10
años sin verdad ni justicia). Fiel al patrón en turno,
Aguilar Camín busca, inútilmente, desviar la
indignación que de nuevo se levanta, ocultando un
crimen de Estado y desplazando la responsabilidad se
los asesinatos… a los muertos.

Felipe Calderón y Héctor Aguilar Camín, uno vestido
cómicamente de militar y otro patéticamente disfrazado
de intelectual. El primero maldiciendo a quien le
recomendó comprar la teoría de la luna, y el segundo
recorriendo oficinas gubernamentales y cuarteles
militares ofreciendo en venta su inútil detergente
para limpiar las manchas de sangre.

Es ésta, la teoría blanca e impoluta de arriba, la que
domina en el decadente mundo científico. Frente a cada
uno de sus estallidos teóricos, también llamados
pomposamente “revoluciones científicas”, el
pensamiento progresista en general se ha visto
obligado a remar a contracorriente. Con el par de
remos de la crítica y la honestidad, los pensadores (o
teóricos, aunque es común usar este término como
descalificativo) de izquierda deben cuestionar el alud
de evidencias que, con el disfraz de la cientificidad,
sepultan la realidad.

El referente de este quehacer crítico es la ciencia
social. Pero si ésta se limita a expresar deseos,
juicios, condenas y recetas (como ahora hacen algunos
teóricos de la izquierda en México), en lugar de
tratar de entender para tratar de explicar, su
producción teórica no sólo resulta incapaz, sino, las
más de la veces, patética.

Es entonces cuando la distancia entre teoría y
realidad no sólo se convierte en un abismo, también
presenta el triste espectáculo de autodenominados
científicos sociales arrojándose con singular alegría
al vacío conceptual.

Tal vez alguno, alguna, de quienes nos escuchan o
leen, conozcan esos comerciales que anuncian productos
para adelgazar sin hacer ejercicio y atascándose de
garnachas y comida rica en “hidrocarburos”. Sé que es
poco probable que alguien de aquí sepa de ello, pues
estoy seguro de que se encuentran inmersos en
cuestiones realmente importantes de la teoría, así que
permitan que les dé un ejemplo: hay un anuncio de una
galleta que si se come, a ellas les puede dar la
figura de Angelina Jolie (suspiro), y ellos pueden
llegar a tener el cuerpo atlético del SupMarcos
(¡arrrrrroz con leche!)… ¡un momento! ¿yo escribí eso
que acabo de decir? Mmh… no, no lo creo, mi modestia
es legendaria, así que borren esa parte de sus
apuntes. ¿En qué estaba? ¡Ah sí!, en la galleta que
les dará una figura espectacular y eso sin hacer más
ejercicio que el de llevar el producto a la boca y
masticarlo.

De la misma forma, en los últimos años ha cobrado
fuerza, en el medio intelectual progresista de México,
la idea de que se puede transformar las relaciones
sociales sin luchar y sin tocar los privilegios de que
disfrutan los poderosos. Sólo es necesario tachar una
boleta electoral y ¡zaz!, el país se transforma,
proliferan las pistas de hielo y las playas
artificiales, las carreras de autos en Reforma, los
periféricos con segundo piso incluido y las
construcciones del bicentenario (¿ha notado usted que
no se habla del centenario?). Vaya, ni siquiera es
necesario vigilar la elección para que no se convierta
en un fraude y en una película documentándola.

La sumisión con que esto fue adquirido, digerido y
difundido por buena parte de la intelectualidad
progresista de México no debiera extrañar, sobre todo
si se toma en cuenta que lo otro, pensar, analizar,
debatir y criticar, cuesta más, es decir, es más caro.

Lo que sorprende es la virulencia y ruindad con la que
atacaron y atacan a quien no se traga esa galleta
dietética, perdón, esa rueda de molino.

Les doy otro ejemplo:

En la Ciudad de México se ha realizado un despojo
impecable y ha obtenido el apoyo y/o el silencio
cómplice de esa intelectualidad.

Un gobierno de “izquierda moderna” ha conseguido lo
que la derecha no había podido: despojar a la ciudad y
al país del Zócalo.

Sin necesidad de leyes reguladoras de marchas y
mítines, sin necesidad de las firmas que los panistas
hubieron de falsificar, el gobierno de Marcelo Ebrard
toma el Zócalo, lo entrega a empresas comerciales (por
ahí leímos que era de alabar que no le hubiera costado
nada al gobierno del DF y que todo hubiera sido
costeado por empresas privadas que, por cierto,
incluyen a una de las televisoras “vetadas” por el
lopezobradorismo), se construye una pista de hielo y
¡zaz!, cuando menos durante dos meses, nada de mítines
o manifestaciones en esa plaza que el movimiento
estudiantil de 1968 arrancó a las celebraciones
oficiales.

No más CND-lópezobradorista, no más invasiones de
turbas a la catedral, nada de gritos que no sean los
de quienes se caen, nada de mítines ni marchas, no más
gritos, pancartas, indignación.

Para los 10 meses restantes del año, el “izquierdoso”
Ebrard ya tiene pensados nuevos proyectos que hagan
sentir a los capitalinos que están en alguna otra
metrópoli muy “chic”.

Hace apenas unos días, el llamado FNCR descubrió que
la marcha que había convocado para el Zócalo no podría
realizarse porque la pista de hielo lo ocupaba.

No protestaron contra ese despojo, simplemente
cambiaron de lugar. Después de todo, no había por qué
interferir en el espíritu neoyorkino que ahora se
respira en el DF… ni en las ventas de patines de hielo
en los grandes centros comerciales.

No sólo no se impidió el despojo, no sólo no se
criticó, además se aplaudió y celebró con fotos a
color en primera plana, crónicas y entrevistas, este
evento “histórico” que le ahorró a los defeños las
largas colas para obtener la visa norteamericana, y el
costo del transporte y el hospedaje en la Nueva York
de las películas que ven Marcelo Ebrard y su aspirante
a Cristina Kirchner autóctona.

Si esto recuerda el método de “pan y circo” tan caro a
los gobiernos priístas, se olvida que sigue faltando
el alimento, porque el único PAN que hay es el partido
que ahora se amarra a la caída de Calderón Hinojosa,
con el que toda la clase política se relaciona en
privado y se deslinda en público.

Todo eso se pasa y se celebra porque el señor Ebrard
no se ha tomado (todavía) la foto con Felipe Calderón
y porque dice que es de izquierda… aunque gobierne
como de derecha, con desalojos y despojos disfrazados
de espectáculo y orden.

¿Y estos intelectuales de izquierda?

Bueno, pues aplausos para el desalojo de los barrios
(con acusaciones de narcotráfico que nunca fueron
probadas), más aplausos para el desalojo del comercio
ambulante en el centro histórico (para acabar de
entregarlo a la iniciativa privada), más aplausos a
las edecanes en la carrera de autos en la avenida
Reforma…

/¡Qué cambio, mi buen!, de las carpas “all included”
del plantón contra el fraude, al glamur de la
velocidad en un deporte tan de masas, tan popular y
tan sin patrocinio como es el de las carreras de
autos; del “grito de los libres” contra el espurio, a
aspirar a ser subsede de la olimpiada de invierno;
¡no, mi buen! ¡no importa si eso no es de izquierda,
pero de que apantalla, apantalla!; mire, estos patines
los tengo en varias combinaciones: tricolores para los
nostálgicos, azules para los persignados, y amarillo
con negro para los ingenuos; hay también con los
colores de la chiquillada, digo, de lo perdido lo que
aparezca, ¿no cree? Ahora que, eso sí, el patinaje
sobre hielo es para gente esbelta, así que le incluyo
estas galletas que lo dejan más delgado que con un
apretujón en el metro en hora pico. ¿Qué? ¿Es usted
skater@? ¿No le digo? Por eso este país no progresa,
donde quiera abunda la gente sucia, fea, mala y, para
acabarla de amolar, naca. Órale, siquiera deme lo del
fondo de desempleo y no le digo a nadie… /

Frente al desalojo de familias en el barrio bravo de
Tepito, el silencio o el razonamiento frívolo y
servil: “se está combatiendo a la delincuencia”,
señaló un intelectual y fallido suspirante a la
rectoría de la UNAM, y una foto en primera plana
mostraba a una niña sentada sobre los pocos muebles
que su familia rescató de uno de los desalojos. La
filosofía Rudolph Giulianni, importada de Nueva York
(como la pista de hielo) por López Obrador con la
coartada de “primero los pobres”, ahora hecha
argumentación intelectual: esa niña era una
narcotraficante en potencia… ahora es… nadie.

Ya no se quiere ocultar que la llamada izquierda
institucional no es de izquierda, ahora se presenta
como una virtud, de la misma forma que se anuncia un
café descafeinado con la virtud de que no desvela y no
sabe a café.

Es esta izquierda a la que algunos intelectuales
progresistas (lo que sea de cada quien, los hombres
son ahí la mayoría) presentan como el único referente
aceptable, maduro, responsable, deseable y posible
para la transformación social.

Sin embargo, y afortunadamente, no todo el pensamiento
progresista es “bien portado”.

Algunos hombres y mujeres han hecho del pensamiento
analítico y reflexivo, palabra incómoda y a
contrapelo. En estos días podremos escuchar a algunas
de estas pensadoras y pensadores. No están todos los
que son, ni son todos los que están, pero el saber de
su navegar río arriba en el cauce del conocimiento, es
un alivio para quienes a veces imaginamos que no
estamos solos.

Por eso saludo en esta primera ronda a Immanuel
Wallerstein y a Carlos Aguirre Rojas.

Reflexionando sobre algo del trabajo teórico de ellos,
presentamos…

ALGUNAS TESIS SOBRE LA LUCHA ANTISISTÉMICA.

UNO.- No se puede entender y explicar el sistema
capitalista sin el concepto de guerra. Su
supervivencia y su crecimiento dependen
primordialmente de la guerra y de todo lo que a ella
se asocia e implica. Por medio de ella y en ella, el
capitalismo despoja, explota, reprime y discrimina. En
la etapa de globalización neoliberal, el capitalismo
hace la guerra a la humanidad entera.

DOS.- Para aumentar sus ganancias, los capitalistas no
sólo recurren a la reducción de costos de producción o
al aumento de precios de venta de las mercancías. Esto
es cierto, pero incompleto. Hay cuando menos tres
formas más: una es el aumento de la productividad;
otra es la producción de nuevas mercancías; una más es
la apertura de nuevos mercados.

TRES.- La producción de nuevas mercancías y la
apertura de nuevos mercados se consiguen ahora con la
conquista y reconquista de territorios y espacios
sociales que antes no tenían interés para el capital.
Conocimientos ancestrales y códigos genéticos, además
de recursos naturales como el agua, los bosques y el
aire son ahora mercancías con mercados abiertos o por
crear. Quienes se encuentra en los espacios y
territorios con estas y otras mercancías, son,
quiéranlo o no, enemigos del capital.

CUATRO.- El Capitalismo no tiene como destino
inevitable su autodestrucción, a menos que incluya al
mundo entero. Las versiones apocalípticas sobre que el
sistema colapsará por sí mismo son erróneas. Como
indígenas llevamos varios siglos escuchando profecías
en ese sentido.

CINCO.- La destrucción del sistema capitalista sólo se
realizará si uno o muchos movimientos lo enfrentan y
derrotan en su núcleo central, es decir, en la
propiedad privada de los medios de producción y de
cambio

SEIS.- Las transformaciones reales de una sociedad, es
decir, de las relaciones sociales en un momento
histórico, como bien lo señala Wallerstein en algunos
de sus textos, son las que van dirigidas contra el
sistema en su conjunto. Actualmente no son posibles
los parches o las reformas. En cambio son posibles y
necesarios los movimientos antisistémicos.

SIETE.- Las grandes transformaciones no empiezan
arriba ni con hechos monumentales y épicos, sino con
movimientos pequeños en su forma y que aparecen como
irrelevantes para el político y el analista de arriba.
La historia no se transforma a partir de plazas llenas
o muchedumbres indignadas sino, como lo señala Carlos
Aguirre Rojas, a partir de la conciencia organizada de
grupos y colectivos que se conocen y reconocen
mutuamente, abajo y a la izquierda, y construyen otra
política.

Habría, creemos nosotros, nosotras, que desalambrar la
teoría, y hacerlo con la práctica. Pero eso tal vez lo
pueda explicar mejor Do Daniel Viglietti esta noche,
cuando asuma la parte de culpa que tiene de que yo
esté detrás de este pasamontañas, en lugar de estar
detrás de una guitarra intentando el ritmo
corrido-cumbi-ranchera-norteña.

Así las cosas, creo que siempre sí. Daniel Viglietti
cantará esta noche, así que habrá música y baile.

Tal vez lleguen también, en estos días, Elías
Contreras, la Magdalena, Sombra, Diciembre y las
mujeres zapatistas.

Y tal vez Andrés Aubry sonría viendo y escuchando
todo, contento de no estar en esta mesa donde nunca
acababa de decir lo que tenía que decirnos, porque se
le iba la vida agradeciendo e, invariablemente, a
mitad de su ponencia le pasaban el papelito de
“tiempo”.

Así que, antes de que me lo pasen a mí, gracias, nos
vemos en la tarde.

Subcomandante Insurgente Marcos.
San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, México.

Feminismos en San Marcos: Hablando de saberes impertinentes

FEMINISMOS EN SAN MARCOS: HABLANDO DE SABERES IMPERTINENTES
A propósito del diálogo entre Sonia Álvarez y Rocío Silva-Santisteban

Alvaro Campana Ocampo

A propósito de la llegada de Sonia Álvarez, intelectual y activista feminista, estudiosa de los movimientos sociales latinoamericanos de la Universidad de Massachussets, el Programa Democracia y Transformación Global realizó desde su Proyecto Género y Poder junto a otras organizaciones Las Jornadas Feministas con Sonia Álvarez. Junto con la Cátedra desarrollamos una de las Jornadas en la Facultad de Ciencias Sociales en un intercambio que de ser planteado a dos voces con Rocío Silva Santisteban, derivó en un diálogo de los diversos colectivos feministas, de docentes y estudiantes preocupadas y preocupados por el tema. Aquí algunas ideas surgidas de esta reunión realizada el 20 de noviembre.

Una constatación inicial: la similitud entre la situación de los “estudios de género” en la Universidad de San Marcos y en la Universidad Católica. En ambas casos con una leve inserción y tradición y en un proceso de repliegue debido a la hegemonía de orientaciones conservadoras con diferente signo: en San Marcos convertida en estudios ligados a las “políticas de infancia” por una gestión que se autodenomina de posición crítica y de izquierda. En la Católica ante el avance del Opus Dei, su minimización para no provocar a este sector conservador.

La llamada perspectiva de género, una edulcorada versión del feminismo académico y político, de hecho causa escozor a pesar de su despolitizada presencia. Hablemos en particular del caso sanmarquino. Como bien afirma Sonia Álvarez, la perspectiva de género ha implicado una utilización de las reivindicaciones feministas para orientarlas de manera perversa a paliar los efectos de las reformas estructurales neoliberales, así como reforzar el rol subordinado de las mujeres articulándolas sin embargo a las dinámicas de acumulación capitalista, a través de capacitaciones para el empleo, políticas “familistas” en las que se reproduce su subordinación y dependencia al esposo, etc.

Sin embargo, esta crítica surgida del propio feminismo militante no es el punto de partido del escozor aludido: lo es una cultura política que tras su apariencia de izquierda y en nombre de la prioridad de la “lucha de clases”, es bastante conservadora, no asume el carácter patriarcal del capitalismo, naturalizando la idea burguesa de familia y el sometimiento de las mujeres, a ser superado en un futuro próximo (tras el triunfo de la revolución). Mientras, a la imagen y semejanza de los gobiernos ultraliberales, la Maestría de Género” en San Marcos, es transformada en “Género y Políticas de Infancia”.

Esta “izquierda” no parece haber entendido que las sociedades tienen un carácter histórico al igual que sus instituciones, y que hay otras formas de opresión que se naturalizan bajo la lógica del modo de organización social predominante. Las identidades de género, al igual que las identidades culturales, fueron construidas históricamente para naturalizar el dominio de “varones” sobre “mujeres”, de una cultura sobre las otras, sobre la base de instituciones como la actual forma predominante de familia. La dominación construida sobre esta naturalización de las identidades de género y los roles atribuidos a las mismas fueron siempre funcionalizados a las características de la sociedad capitalista y a todas las formas de dominación que articula.

¿A qué se debe esta ceguera y conservadurismo de “izquierda”? Podemos ensayar diversas explicaciones pero no hay el espacio suficiente y en todo caso es un tema sobre el cuál debemos seguir discutiendo. Una interpretación clásica nos servirá para esta discusión: la tradición eurocéntrica, ortodoxa y autoritaria de nuestra izquierda, de matriz estalinista, muy lejana por supuesto de la tradición mariateguiana, abierta a las teorías diversas para el enriquecimiento de la teoría revolucionaria. De hecho, las teorías feministas en sus diversas variables, desde la epistemología pasando por la teoría, nos han dado herramientas potentes para desarrollar una crítica profunda a las relaciones de dominación de las que se ha alimentado también los trabajos de feministas marxistas.

Habiéndonos explicado aunque sea inicialmente la impertinencia de los saberes feministas, continuamos con lo discutido en la Jornada Feminista. Otro de los puntos que además atraviesa las discusiones, debates y proyectos dentro de los grupos feministas y la propia izquierda es: su relación con el conjunto de la sociedad, las apuestas autónomas y las políticas frente a los espacios institucionales. En este sentido se resaltó en primer lugar la necesidad de desarrollar una crítica de las relaciones entre saberes populares y saberes académicos. Esto a propósito del disciplinamiento de la academia y de las políticas de género diseñadas por expertas desde las instituciones nacionales o globales, al margen del movimiento de mujeres y, separado de las experiencias de las grandes mayorías.

Urge establecer nuevas formas de traducción y reconocimiento de los diversos saberes, de innovar en las tareas pedagógicas, de abrir la universidad realmente a los sectores populares, en especial a las organizaciones de mujeres. Esto nos lleva a la tarea de redefinir el papel de la intelectual militante, del activista formado en la universidad y comprometido con la lucha feminista y alterglobalizadora que a la vez va aportando a la transformación de la propia institución universitaria en pleno proceso de privatización.

Así, llegamos a otro punto de discusión: el de los activismos feministas en la universidad y su relación con la institucionalidad. Fueron determinadas condiciones institucionales las que permitieron por lo menos el desarrollo inicial de espacios académicos desde la perspectiva de género en San Marcos. Estas condiciones no son posibles si es que no se tienen apuestas a gestionar lo institucional. En este sentido, además de la formación y la investigación, del activismo, de la interrelación necesaria con las organizaciones sociales fuera de la universidad es pertinente pensar en ocupar los lugares de decisión.

El aporte de la política feminista para los proyectos emancipatorios es crucial, por ello no debe sorprendernos que sea impertinente, insumisa a los designios de una “izquierda” autoritaria y de los fundamentalismos religiosos.

martes, 11 de diciembre de 2007

El regreso de la política Entrevista a Antonio Negri


ENTREVISTA A TONI NEGRI
El regreso de la política


http://www.clarin.com/suplementos/cultura/2007/12/08/u-00611.htm


El ensayista italiano anuncia el fin de la posmodernidad, al menos en su rasgo político de indiferencia ante el bien común. Dice que recomienza la narración de un proceso de liberación. En esta charla analiza la situación actual del capitalismo y sus derivaciones en el trabajo. Sus posturas han conocido las objeciones de Laclau, Dri y Borón, entre otros, que lo acusan de un exceso de utopismo y de no tener en cuenta las dimensiones nacionales de la lucha política.

MARIANA CANAVESE Y BRUNO FORNILLO.






Suele decirse que la Italia de fines de los años 60 y gran parte de los 70 estuvo inmersa en un grado de movilización colectiva que operó como una suerte de laboratorio de las políticas de emancipación. En Argentina, tras visitar Bolivia y Venezuela, el filósofo Antonio Negri -uno de los animadores de aquel ciclo y de la renovación de ese discurso-, enuncia el tiempo de una nueva narración de las prácticas políticas. Sujeto a múltiples lecturas, interpreta que la recepción local de su obra ha sido "negativa y limitada" respecto de las discusiones que detonó en otras regiones del continente.

-Hay un grado de vitalismo que usted expresa fuertemente y que contrasta con quienes subrayan la discontinuidad de la política. ¿En qué se funda ese optimismo?

-No tengo optimismo como tampoco vitalismo. Si usted dice que en la filosofía contemporánea hay posiciones mortuorias en vez de vitalistas, diría que son las fundamentales. Basta pensar en Heidegger, que es la filosofía de la muerte. La actitud represiva sólo puede organizarse sobre la muerte y el miedo. Por otra parte, es lo que siempre han enseñado los curas: la muerte como fin de la vida y el pecado como organización de la vida. Veamos, en cambio, cuál es la pasión fundamental que está en la base... Yo considero que el ser, esta cuestión de la que tanto la filosofía como la política deben ocuparse, es un ser productivo. Es una posición que tiene una historicidad, de Maquiavelo, a Spinoza, Marx y el posestructuralismo. Es una línea respecto de la cual apostamos como apostamos siempre en la vida. Pienso que la vida es una cosa malditamente pesada, dura, pero que es construida. Pensemos en un bebé que nace, si no fuéramos un poco optimistas y no lo amáramos, moriría de inmediato, y, en general, debemos tomar ese ejemplo para todo lo que sucede en la vida. Es sólo el amor, la solidaridad, la reciprocidad, lo que permite que la vida se reproduzca y pasar de las fases más elementales -la asistencia a un bebé- a lo que está hecho de ayudarse, de enseñarse el lenguaje, de trabajar -cosa que nunca hacemos solos-, y así sucesivamente. Es este amor, en sentido ontológico -no tiene nada que ver con Freud ni con la pornografía-, amor verdadero, sólido, el que construye la vida. ¿A eso lo quiere llamar optimismo? Llámelo optimismo. Ciertamente, si no existiera este optimismo -que no es optimismo sino simple realismo-, la vida no existiría.

-Respecto de las pasiones, ¿cuál ha sido la influencia de Spinoza en su pensamiento?

-Perdón si hago un poco de cronología de mi vida. Nací bajo el fascismo y viví mis primeros años durante la guerra, hasta los 12 o 13 años. Y la guerra me marcó muchísimo, la guerra, la miseria, el esfuerzo de vivir. Fui comunista antes de ser marxista. Cuando tenía 20 años, trabajé en un kibutz en Israel, y allí me hice comunista, sobre la exigencia de una vida en común,Experimenté esa fase de Israel que fue muy bella. Después me puse a trabajar en política y me volví marxista. Me inserté sobre todo en un proceso de lucha, entre los años 60 y 70, que fue creativo, realmente formidable, y que permitió desarrollar una crítica extremadamente fuerte. En Italia, el 68 no fue un mayo, no fue un mes, fueron 10 años que nos permitieron, a mí, a miles, a millones de compañeros, desplegar una crítica del capitalismo como crítica, justamente, del modo en que el capitalismo maneja las pasiones. Luego de lo cual fui a la cárcel, y ahí releí a Spinoza interpretando, criticando, mi viejo marxismo, pero recuperando al mismo tiempo esa capacidad spinoziana de fundar sobre el mecanismo conatus vivente, el conatus de vida, el conatus sensible, el amor o la cupiditas, como el momento de asociación constructiva y constituyente. Y después, el amor racional, ontológicamente constructivo, que me permitió reconquistar no sólo el sentido del trabajo, de la actividad, que el marxismo me había enseñado, sino ese sentido de la pasión que debe cubrir los conceptos y permitirles desarrollarse. Cuando, por otros motivos, me encontraba frente a un análisis constitucional positivo, aprendí de esa manera, por ejemplo, a evaluar si detrás de cada fórmula jurídica existía un conjunto de pasiones que era cultivado. Y cuando, posteriormente, en la etapa que siguió a la prisión, me encontré con la temática de la crítica de las instituciones, del globalismo, del desarrollo de la biopolítica, el desarrollo foucaultiano, esas cosas se unieron y se dio esa síntesis que fue más o menos correcta. No creo que la historia de la filosofía nos enseñe mucho, al contrario. Deleuze decía: "Espero ser el primero que no fue castrado por la historia de la filosofía".

-¿Por qué decidió que su vida esté trazada por la política?

-La política, o sea, la elección de los conocimientos y las actividades que llevamos sobre la cosa común, sobre el Commonwealth, sobre la riqueza común, es fundamental. En general, la política, es decir, este conocimiento, esta experiencia ampliada del saber común para la reproducción del común, de la libertad, está en la base de todo saber.

-Recientemente dio en la Argentina una charla sobre "Commonwealth"...

-"Commonwealth" es el tercer volumen, escrito junto con Michael Hardt, de la serie que iniciamos con "Imperio" y que continuó con "Multitud". Es un texto probablemente más filosófico y, por ende, más político, en el sentido de que nos hacemos preguntas absolutamente esenciales: ¿Qué es lo político? ¿Qué es el bien y el mal? ¿Qué es el odio o la guerra? El libro empieza con una reivindicación de la pobreza como elemento fundamental de caracterización de la multitud: encontramos que alrededor del 1600, con la Revolución inglesa, el término "multitud" desaparece del vocabulario político y es sustituido por el término "pueblo". Este se distingue de la multitud en tanto es propietario. Tenemos, entonces, la exclusión de los pobres del pueblo, la multitud excluida del pueblo, la pobreza excluida de la construcción de lo político. La pobreza es un elemento oscuro fundamental que no puede ser recuperado dentro de las categorías de lo político moderno; queda siempre afuera, y queda como resistente. A menudo nos han acusado de eurocentristas y de haber dejado de lado, por ejemplo, lo colonial. Aquí hicimos un esfuerzo enorme por recuperar ese tipo de literatura dentro de la problemática actual bajo la categoría de pobreza. Nos interesaban los aspectos de antagonismo indígena que organizaban y mantenían la autonomía. Luego, un tercer capítulo enfrenta el problema de qué es hoy el capitalismo. Una hipótesis central es que asistimos a una ruptura del proceso capitalista: la acumulación de esas resistencias -la pobreza, el anticolonialismo- unida a la transformación de la fuerza de trabajo en los países centrales, que se presenta en términos cada vez más cognitivos, inmateriales, socialmente conectados y cooperantes, llevan a una ruptura en la historia del capital. Este quiebre produce una forma cada vez más parasitaria, más abstractamente dominante del desarrollo capitalista, tornando vacía la relación capitalista. El obrero ya no se encuentra frente al capitalista como organizador de la fuerza de trabajo sino que esa organización se transforma cada vez más en un proceso autónomo que el trabajador conduce. Este, sin embargo, se encuentra frente a mecanismos de renta (inmobiliaria, financiera, de acumulación), fenómenos que remiten a un elemento barbárico de la organización capitalista del trabajo. Y, por otra parte, está el éxodo de la fuerza de trabajo, que significa la capacidad de desarrollar contracultura pero sobre todo nuevas institucionalidades. La relación de gobierno es cada vez más una relación que ya no es para nada algo gerencial sino una relación de fuerzas; es gobierno sobre una red viva. Existe, además, una tentativa de empezar a narrar, a describir, ese éxodo. Estoy convencido de que hay que salir de lo posmoderno y del miedo de hacer una gran narración. Hoy recomienza el tiempo de una narración del proceso de liberación, porque todos estos elementos construyen ese mosaico sobre cuya base se puede volver a contar una historia de liberación que es absolutamente necesaria.

-Tanto en Génova como en la Argentina de 2001 hubo una irrupción de masas que, en principio, no llegó a plasmarse en una nueva institucionalidad. En Bolivia hay un grado mayor de potencialidad, pero así y todo la Asamblea Constituyente está debilitada. ¿Qué obstáculos identifica?

-El éxodo significa capacidad constituyente. El gran problema pasa a ser la difracción de los poderes constituyentes. Dentro de las teorías jurídicas, el poder constituyente siempre ha sido considerado como un poder extra-legal; actúa de una sola vez, erige el ordenamiento y no existe más. Debemos empezar a imaginar el poder constituyente como un poder que se despliega en esa relación dual. Este año en Bolivia, por ejemplo, las discusiones que tuvimos estaban referidas, justamente, a nuevas formas constitucionales que no necesariamente ven el poder constituido como negación del poder constituyente, sino como estructuras de nuevos ordenamientos totalmente abiertas a un poder constituyente. Es decir, un nuevo modelo de constitución. Respecto de la Argentina, es claro que aquellos movimientos específicos se acabaron, pero la acumulación de estos procesos es algo que se debe tener muy en cuenta. Y estos son fenómenos completamente irreversibles. Estoy convencido de que cuando se habla de constitución -la relación entre constitución material y formal, entendiendo por constitución material el conjunto de las relaciones de fuerza que constituyen la sociedad- se debe tener presente esa composición política latente. Por otra parte, las corrientes actuales más vivas del derecho, post-Luhmann, hablan incluso de constitución sin Estado. También lo posmoderno en toda la fase de aleatoriedad y de matiz está terminando. Entramos en una nueva época donde lo contemporáneo vuelve a mostrar su solidez.

-En cierta ocasión mencionó que el movimiento de resistencia global está en crisis. ¿Cómo piensa la organización política post-partido?

-Cuando se habla de la crisis de la forma partido se habla de la crisis de la representación política, de todo un sistema de formación y transmisión de la voluntad política que, justamente, caracteriza actualmente a la democracia. Por lo tanto, plantearse el problema más allá de los partidos significa plantearse también si existe otra forma de democracia. ¿Qué es, cómo puede concretarse el ideal de democracia absoluta? Creo que todavía se trata de moverse en el terreno de la investigación. Es evidente que la definición de partido -cuando era una definición seria y no puramente ideológica- se organizaba sobre la relación que existía entre composición técnica y social de la fuerza de trabajo, la composición política en general, y la forma política, ligada a una tentativa de reapropiarse del ciclo productivo, en la expresión de los consejos obreros, por ejemplo. Hoy todo eso es muy difícil de determinar: dentro de la composición técnica del trabajo está esa composición social, cognitiva, abstracta, móvil, precaria. Por eso tenemos un auténtico tejido en el cual la institucionalidad debe, muy probablemente, plantearse como problema no de representación sino de presentación. Siempre consideré que no son los intelectuales los que inventan las formas en las que se organizan las masas o las multitudes; son ellas las que proponen a la reflexión las formas bajo las cuales actuar. Creo que el gran paso que viene a través del capitalismo es el hecho de que, lejos de profundizarse lo individual, se profundiza la singularidad y la participación de cada individuo en el común. Es la inmanencia de la singularidad en el común. Esta inmanencia y esa autonomía común se dan como base tanto más institucional cuanto que si hay algo anárquico en este momento es el individualismo. Nunca he sido anarquista.

-¿Cuáles serían las características del trabajo precario?

-Obrero precario es una definición sociológica o económica para referir, ante todo, a una forma de salario. Se trata de un trabajador esencialmente móvil, flexible, que ya no está ligado a un espacio determinado como tampoco a una estructura temporal específica, la jornada laboral de ocho horas. Mientras, desde el punto de vista salarial, al trabajador-masa lo llamábamos fordista, a este trabajador flexible lo llamamos precario. Estamos, en términos macroeconómicos, en una situación global, ya no nacional. El inmigrante, por ejemplo, es fundamental dentro de esta figura del precario. Saben que cuando hacemos las manifestaciones por San Precario, este santo reúne a centenares de miles de personas en Milán el 1ø de mayo. Es un proceso muy bello, se hacen santos que se llevan en procesión, hay música y coros... "San Precario: ayúdanos". La imagen es la de un joven, una persona cualquiera, no con cara de santo sino una más astuta, porque ésa es su cualidad fundamental: ser vivo, hábil... Ahora, por un lado, el trabajador precario está mal pago y en una situación inestable, pero, por otro, alguien puede preferir trabajar así. La figura del precario es sobre todo la del trabajo femenino: hoy, ir a trabajar a la fábrica o a la oficina puede significar no tener hijos, porque si tenés un hijo te echan. Entonces, el trabajador precario es, por ejemplo, una mujer que prefiere quedarse en su casa y trabajar allí según sus tiempos.

-Han mencionado, con Hardt, la idea de guerra global permanente, que podría pensarse concatenada, al menos en América latina, a un proceso cada vez más intenso de militarización, de criminalización y judicialización de la protesta social, de miedo y fuerte presencia de un discurso que reclama seguridad...

-En cuanto al discurso sobre la guerra permanente, como en general sobre el estado de excepción -son estados de excepción permanentes-, vale tanto más hoy cuando la centralización de ese proceso termina. Estados Unidos intentó el golpe de Estado sobre la mundialización, ser el poder soberano que dominaba el campo. En la medida en que ese poder soberano unilateral cesa, en que se afirman ámbitos multilaterales de regulación, toda una serie de instrumentos pasan a ser de criminalización interna, de excepcionalidad difusa. Todo eso se relaciona con la separación del comando capitalista de la organización del trabajo: en la medida en que el capital se despega de la organización del trabajo asume ese recurso a la fuerza; la violencia se convierte en la clave del mando.