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jueves, 4 de julio de 2013

El desafío del movimiento estudiantil: dejar de estar a la defensiva y luchar por una nueva reforma universitaria.


Son varios ya los años que tenemos padeciendo el deterioro de la universidad y la educación superior en general. Las causas de este deterioro son de diversa índole: la pérdida de su relevancia en el quehacer nacional como productora de conocimiento o dotadora de cuadros profesionales; su falta de pertinencia para relacionarse con la realidad y los problemas sociales; su mediocridad académica; sus limitaciones institucionales habiéndose configurado un sistema político perverso que reproduce la corrupción y el clientelismo; su conversión en un vil negocio tanto en las universidades con fines de lucro en la mayoría de los casos son una estafa, con posgrados incluidos, como en las universidades públicas que en nombre de la proyección social o brindar servicios son negocios privados.

El marco institucional de este deterioro han sido la vieja ley universitaria que ya no responde  a los desafíos actuales de la educación superior, y el régimen que propició el fujimorismo con la multiplicación de las universidades con fines de lucro de manera descontrolada y bajo la forma más salvaje de “libre mercado”. Se han producido algunas iniciativas de cambio, sin embargo, estas siempre han sido de poca profundidad, abordando aspectos bastante parciales de la problemática, mientras que los actores universitarios han estado fundamentalmente a la defensiva, unos para defender el estatus quo de la decadencia, otros por simple “defensismo”, sin la capacidad de articular propuestas que permitan el impulso de una reforma más amplia, en nombre de la “autonomía”, “la gratuidad” y el rechazo de la privatización aunque en los hechos esta se ha ido produciendo. En ese sentido, estos últimos actúan reactivamente cada vez que hay alguna iniciativa de cambio, sea de cualquier signo.

Sin ánimos de caer en discursos “corporativos” que tratan de levantar los intereses de algún estamento universitario, la energía demostrada en las últimas movilizaciones contra la discusión de una nueva ley, pero también su rechazo al actual orden de cosas,
debería convertir a los estudiantes en protagonistas de un profundo cambio en la educación superior. Ellos deberían ser los más interesados en mejorar la calidad de su educación.

Sin embargo, para ello, será necesario emprender una profunda discusión que ponga realmente los puntos sobre las íes. Lamentablemente las organizaciones estudiantiles, o gremiales no han estado a la altura de esto. Es necesario, por ello, que al calor de la lucha, las diversas organizaciones desarrollen desde la discusión de una agenda de reforma de la universidad y se constituyan los sujetos de cambio. Más allá de las intenciones buenas o malas de la actual propuesta de ley en discusión, su mayor problema es haber sido incapaz de promover un verdadero debate al respecto, una movilización en torno a ello, además de hacerlo desde un espacio, como es el Congreso, que la mayoría de la ciudadanía siente como ajeno. No basta quedarnos pues con una lógica defensiva. ¿Se podrá esta vez cambiar la situación crítica en que están las universidades y la educación superior en general?

Algunos puntos de agenda para reformar la universidad peruana

1.      ¿Las universidades son sólo de los universitarios? Autonomía si, autismo no.
Las universidades peruanas no sólo son de los universitarios, menos de los negociantes que se enriquecen con ellas incluidos muchos de los rectores de la Asamblea Nacional de Rectores que en sus diversos regímenes, sean públicas o privadas, son parte del actual desastre universitario. La autonomía tiene dos propósitos: darse sus propios fines y ser capaces de autogobernarse. Sin embargo, estos propósitos no se desarrollan ni deben desarrollarse al margen de lo que ocurre en la sociedad y en el país. La relación con los actores estatales y de la sociedad civil, en sus diversos niveles, es fundamental y la universidad debe rendirles cuentas tanto en lo económico como en lo que atañe a su labor. Se debe pues convocar el compromiso de esos actores sociales, y de la sociedad civil regional y nacional, como se debe exigir el compromiso del Estado con el financiamiento, la fiscalización y el control de calidad de las actividades universitarias. El peso mayoritario en cualquier órgano de orientación, planificación y control de las políticas públicas en torno a la universidad y la educación superior debe estar en los actores universitarios, pero no sólo en ellos. Los movimientos sociales, las organizaciones gremiales, los gobiernos sub-nacionales, los actores económicos, los colegios profesionales junto a las autoridades educativas también deben participar.

2.       Rescatar las universidades públicas, acabar con las universidades con fines de lucro.
Se debe detener la privatización pasiva y activa de la universidad. La privatización pasiva que se viene produciendo a través de las “pre”, de los servicios como los cursos con auspicio de la universidad para lograr certificaciones de diverso tipo, son parte de los negocios privados de autoridades y miembros de las universidades. Las universidades con fines de lucro, en su gran mayoría, han contribuido al total deterioro de la calidad universitaria. La universidad privada debe existir, más debe eliminarse la universidad que tiene por objeto el lucro. Por otra parte, es necesario que el Estado invierta para la investigación en las universidades orientado fines para ello, así como a mejorar sus diversos servicios.

3.       Reformar el sistema político de la universidad.
Las elecciones libres y universales para la elección de autoridades y representantes de los diversos estamentos, es urgente y necesaria. Los rectores de las universidades dicen que estas elecciones politizarían aún más a las universidades. Esto no hace sino demostrar que le temen a la democracia para gobernar la universidad y que están más interesados en salvaguardar sus propios intereses. El voto universal permitirá romper con la lógica perversa que genera la elección indirecta que permite la compra y venta de votos y favorecer a las clientelas.

4.      Generar nuevas prácticas de lo universitario. Construir poder popular desde la universidad para la transformación social.
Los problemas de fondo no sólo los resolverá una ley. Se requiere de una gran discusión constituyente de lo universitario que permita elaborar de manera colectiva un diagnóstico de la universidad y las estrategias a desarrollar para afrontar sus problemas y desafíos. Pero, incluso más allá de esto, no habrá cambios de fondo si es que no empezamos a trascender lo universitario como un simple espacio de formación en el que se presta un servicio, en el que los estudiantes son clientes que van a ejercer un derecho solamente individual. Requerimos de una universidad al servicio de la transformación social, que a través del desarrollo de nuevas epistemologías en perspectivas más interculturales, de metodologías de reflexión-investigación-acción-participativa, ya  través de la organización, acompañe procesos de construcción de alternativas sociales en los diversos ámbitos y campos. La universidad debe ser un epicentro de experimentación, un laboratorio en el que los saberes académicos sean capaces de dialogar con los saberes populares y abordar los problemas concretos de comunidades, emprendimientos, movimientos sociales, territorios, etc. a través de talleres, cátedras libres, investigaciones colectivas. Esto permitirá generar una nueva correlación de fuerzas que le darán un sentido emancipatorio a las prácticas universitarias y sostener las reformas institucionales que se precisan.


lunes, 17 de enero de 2011

Pronunciamiento de la Escuela y el Centro de Estudiantes de Antropología: Arguedas es el Perú


José María Arguedas es del Perú

La Comunidad Académica de Antropología de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos –profesores y estudiantes- manifiestan su disconformidad e indignación con la decisión del Presidente de la República, Dr. Alan García Pérez, de celebrar la repatriación de las piezas arqueológicas de Machu Picchu del extranjero, designando el presente año como “Año del centenario de Machu Picchu para el mundo”, y dejando de lado el centenario del nacimiento de uno de los intelectuales más significativos que ha tenido el Perú: José María Arguedas Altamirano.

lunes, 2 de agosto de 2010

Una visión sobre la UNMSM desde adentro

Una visión sobre la UNMSM desde adentro

Entrevista de la revista virtual de estudiantes de ciencias sociales “Inter-actuando” a la estudiante de antropología de San Marcos cuyo seudónimo es “Juana Huamán Cordoba”.
(31 de julio de 2010)


viernes, 14 de diciembre de 2007

Feminismos en San Marcos: Hablando de saberes impertinentes

FEMINISMOS EN SAN MARCOS: HABLANDO DE SABERES IMPERTINENTES
A propósito del diálogo entre Sonia Álvarez y Rocío Silva-Santisteban

Alvaro Campana Ocampo

A propósito de la llegada de Sonia Álvarez, intelectual y activista feminista, estudiosa de los movimientos sociales latinoamericanos de la Universidad de Massachussets, el Programa Democracia y Transformación Global realizó desde su Proyecto Género y Poder junto a otras organizaciones Las Jornadas Feministas con Sonia Álvarez. Junto con la Cátedra desarrollamos una de las Jornadas en la Facultad de Ciencias Sociales en un intercambio que de ser planteado a dos voces con Rocío Silva Santisteban, derivó en un diálogo de los diversos colectivos feministas, de docentes y estudiantes preocupadas y preocupados por el tema. Aquí algunas ideas surgidas de esta reunión realizada el 20 de noviembre.

Una constatación inicial: la similitud entre la situación de los “estudios de género” en la Universidad de San Marcos y en la Universidad Católica. En ambas casos con una leve inserción y tradición y en un proceso de repliegue debido a la hegemonía de orientaciones conservadoras con diferente signo: en San Marcos convertida en estudios ligados a las “políticas de infancia” por una gestión que se autodenomina de posición crítica y de izquierda. En la Católica ante el avance del Opus Dei, su minimización para no provocar a este sector conservador.

La llamada perspectiva de género, una edulcorada versión del feminismo académico y político, de hecho causa escozor a pesar de su despolitizada presencia. Hablemos en particular del caso sanmarquino. Como bien afirma Sonia Álvarez, la perspectiva de género ha implicado una utilización de las reivindicaciones feministas para orientarlas de manera perversa a paliar los efectos de las reformas estructurales neoliberales, así como reforzar el rol subordinado de las mujeres articulándolas sin embargo a las dinámicas de acumulación capitalista, a través de capacitaciones para el empleo, políticas “familistas” en las que se reproduce su subordinación y dependencia al esposo, etc.

Sin embargo, esta crítica surgida del propio feminismo militante no es el punto de partido del escozor aludido: lo es una cultura política que tras su apariencia de izquierda y en nombre de la prioridad de la “lucha de clases”, es bastante conservadora, no asume el carácter patriarcal del capitalismo, naturalizando la idea burguesa de familia y el sometimiento de las mujeres, a ser superado en un futuro próximo (tras el triunfo de la revolución). Mientras, a la imagen y semejanza de los gobiernos ultraliberales, la Maestría de Género” en San Marcos, es transformada en “Género y Políticas de Infancia”.

Esta “izquierda” no parece haber entendido que las sociedades tienen un carácter histórico al igual que sus instituciones, y que hay otras formas de opresión que se naturalizan bajo la lógica del modo de organización social predominante. Las identidades de género, al igual que las identidades culturales, fueron construidas históricamente para naturalizar el dominio de “varones” sobre “mujeres”, de una cultura sobre las otras, sobre la base de instituciones como la actual forma predominante de familia. La dominación construida sobre esta naturalización de las identidades de género y los roles atribuidos a las mismas fueron siempre funcionalizados a las características de la sociedad capitalista y a todas las formas de dominación que articula.

¿A qué se debe esta ceguera y conservadurismo de “izquierda”? Podemos ensayar diversas explicaciones pero no hay el espacio suficiente y en todo caso es un tema sobre el cuál debemos seguir discutiendo. Una interpretación clásica nos servirá para esta discusión: la tradición eurocéntrica, ortodoxa y autoritaria de nuestra izquierda, de matriz estalinista, muy lejana por supuesto de la tradición mariateguiana, abierta a las teorías diversas para el enriquecimiento de la teoría revolucionaria. De hecho, las teorías feministas en sus diversas variables, desde la epistemología pasando por la teoría, nos han dado herramientas potentes para desarrollar una crítica profunda a las relaciones de dominación de las que se ha alimentado también los trabajos de feministas marxistas.

Habiéndonos explicado aunque sea inicialmente la impertinencia de los saberes feministas, continuamos con lo discutido en la Jornada Feminista. Otro de los puntos que además atraviesa las discusiones, debates y proyectos dentro de los grupos feministas y la propia izquierda es: su relación con el conjunto de la sociedad, las apuestas autónomas y las políticas frente a los espacios institucionales. En este sentido se resaltó en primer lugar la necesidad de desarrollar una crítica de las relaciones entre saberes populares y saberes académicos. Esto a propósito del disciplinamiento de la academia y de las políticas de género diseñadas por expertas desde las instituciones nacionales o globales, al margen del movimiento de mujeres y, separado de las experiencias de las grandes mayorías.

Urge establecer nuevas formas de traducción y reconocimiento de los diversos saberes, de innovar en las tareas pedagógicas, de abrir la universidad realmente a los sectores populares, en especial a las organizaciones de mujeres. Esto nos lleva a la tarea de redefinir el papel de la intelectual militante, del activista formado en la universidad y comprometido con la lucha feminista y alterglobalizadora que a la vez va aportando a la transformación de la propia institución universitaria en pleno proceso de privatización.

Así, llegamos a otro punto de discusión: el de los activismos feministas en la universidad y su relación con la institucionalidad. Fueron determinadas condiciones institucionales las que permitieron por lo menos el desarrollo inicial de espacios académicos desde la perspectiva de género en San Marcos. Estas condiciones no son posibles si es que no se tienen apuestas a gestionar lo institucional. En este sentido, además de la formación y la investigación, del activismo, de la interrelación necesaria con las organizaciones sociales fuera de la universidad es pertinente pensar en ocupar los lugares de decisión.

El aporte de la política feminista para los proyectos emancipatorios es crucial, por ello no debe sorprendernos que sea impertinente, insumisa a los designios de una “izquierda” autoritaria y de los fundamentalismos religiosos.

miércoles, 26 de setiembre de 2007

Reseña de LA UNIVERSIDAD POPULAR DEL SIGLO XXI de Boaventura de Sousa Santos

Santos, Boaventura de Sousa La universidad popular del siglo XXI.
(Alvaro Campana Ocampo)

Este breve pero inmenso libro publicado por el Programa Democracia y Transformación Global, es uno de los más fundamentales aportes que nos da Boaventura para romper con este inmovilismo y “defensismo” en que se ha sumido el movimiento universitario. Dividido en dos partes, el capítulo uno (el otro trata de la experiencia de la Universidad Popular de Movimientos Sociales), que es el que nos interesa en esta nota, tiene el sugerente subtítulo “Para una reforma democrática y emancipadora de la universidad”.

Muchas intuiciones de quienes vimos en la militancia en el espacio universitario una apuesta más allá de la lucha economicista y corporativa por la “gratuidad de la enseñanza” y la autonomía, se encuentran sistematizados en este libro y nos muestran un mapa más claro para avanzar hacia una universidad articulada a la construcción de alternativas al capitalismo neoliberal y global.

En efecto, podemos comprobar la impotencia del movimiento universitario por su convocatoria a una defensa de la universidad pública, contra su privatización, y por su autonomía cuando la universidad ha sufrido un perverso y pasivo sometimiento, en todos sus poros, a las lógicas del mercado, así como un abandono absoluto por parte de un Estado cada vez más desnacionalizado y desdemocratizado en el contexto de la globalización.

Santos nos muestra una visión más profunda de la crisis de la universidad, que no implica solamente –especialmente en el caso peruano- una vetusta organización administrativa o institucional, o una privatización que se restringe al pago de matrículas o de algunos servicios: nos muestra la profunda privatización a la que se ha visto sometida, al ser descapitalizada producto del abandono del Estado y el estrangulamiento económico, la liberalización del mercado de la educación superior que ha generado una competencia desleal y la amenaza cada vez mayor de la transnacionalización del mercado universitario.

Pero, y en una mayor profundidad, nos muestra que la crisis de la universidad pública es una crisis de legitimidad y de hegemonía, además de una crisis institucional. En efecto, producto de los procesos descritos, la universidad pública ha perdido pertinencia frente a las necesidades sociales, e incluso a las del mercado para el que ya no es un espacio vital y estratégico tanto para ganar dinero como para producir sus cuadros.

Un cambio más profundo se ha producido en las relaciones conocimiento-sociedad que el mercado ha aprovechado rápidamente, y que las llamadas “izquierdas universitarias” han desaprovechado por su dogmatismo y/o conveniencia al ser cómplices de este statu quo.

Santos afirma que se ha producido un cambio de paradigma pasando del conocimiento universitario al conocimiento pluriuniversitario. En este nuevo paradigma la vieja ciencia moderna y sus presupuestos se han vuelto obsoletos. Ahora, sociedad y conocimiento están mucho más entrelazados. La sociedad ha dejado de ser una interpelación de la ciencia para pasar a ser sujeto de interpelación a la ciencia. El saber se hace cada vez más contextual, aplicado, heterogéneo, flexible. El mercado y su lógica ha puesto esta realidad a su servicio y a su lógica desarrollando investigación, formación y extendiendo los servicios universitarios en función de los flujos mercantiles de la búsqueda de las ganancias y de la innovación que permanentemente necesita.

Sin embargo con este cambio se abren también oportunidades para que se logre tanto la legitimidad, una nueva hegemonía y una nueva forma institucional recuperando la universidad pública y poniéndola al servicio de un proyecto alternativo, de los movimientos sociales y de la disputa del Estado en el marco global en función de los intereses de las mayorías populares.

La lucha por la universidad pública se hace más integral y fundamental que la búsqueda de su captura para transformarla hasta el día después de la toma del poder como pensaba la vieja izquierda. Se trata de desprivatizarla en el sentido más profundo y realista. Desde una perspectiva emancipatoria se trata de hacerla útil a las necesidades de los sectores menos favorecidos de la sociedad y de aquellos que luchan por alternativas, abriéndola a los mismos, estableciendo un diálogo horizontal y formas de producción de conocimiento más colectivas y sociales.

¿Cómo? ¿Qué hacer? Son preguntas pertinentes porque esta es sobre todo una tarea política de quienes luchamos por construir una sociedad alternativa al capitalismo dentro de nuestros países periféricos. Boaventura nos habla de una alianza en la que deben participar las mismas universidades, el Estado nacional en disputa, la sociedad y los movimientos sociales así como sectores del capitalismo nacional (si los hubiere).

Aquí exponemos brevemente las propuestas, siendo la tarea del lector profundizar al respecto:

Redefinir el problema integralmente, como lo hemos expuesto aquí, yendo más allá de soluciones institucionalistas o reivindicativas. Se trata de reconquistar la legitimidad, hacer de la universidad una institución pertinente para los intereses de las mayorías sociales y de plantearse estrategias a escala local, nacional, continental y global. Además reivindicando la naturaleza de productora crítica de conocimiento y formadora de la universidad.

Respecto al acceso: se debe establecer alianzas con las escuelas, entregar becas y no préstamos, una acción afirmativa de las minorías étnicas, una relación diferente, abierta con la sociedad. La Extensión Universitaria debe ser una forma de apoyo solidario a la resolución de los problemas de exclusión y contrapuesto a la idea de la ganancia y la lógica del dinero, que es lo que ocurre hoy al ser esta tarea una extensión de servicios dentro del mercado.

Desarrollar procesos de investigación acción, contextualizando los procesos de formación e investigación a partir de las necesidades sociales, así como una perspectiva de lo que denomina la ecología de saberes, que implica un diálogo horizontal entre saber académico y saberes populares. Articular universidad- producción. Establecer una ética de responsabilidad social de la universidad.

En lo institucional plantea la construcción de redes. Esta propuesta debe articular a la universidad pública nacional con otras universidades tanto a nivel nacional como del sur del planeta, desarrollando una convergencia en las tareas de formación e investigación en alianzas, en red y de manera cooperativa. Desarrollar una democracia tanto interna como externa, la implementación de la evaluación participativa, una necesaria regulación del sector privado para que no haya competencia desleal, obligando al Estado a hacerse participe de esto y obtener su atención prioritaria en medio de la reelaboración de los proyectos nacionales y además establecer el necesario diálogo continental sur- sur.

Y ¿una nueva hegemonía? No, simplemente se trata de trabajar por una redefinición de la universidad para ponerla al servicio de la construcción de alternativas.

domingo, 1 de julio de 2007

POR UN NUEVO MOVIMIENTO UNIVERSITARIO POR UNA NUEVA REFORMA UNIVERSITARIA

POR UN NUEVO MOVIMIENTO UNIVERSITARIO, POR UNA NUEVA REFORMA UNIVERSITARIA
Alvaro Campana Ocampo
"La educación gratuita, laica y obligatoria" es una usada receta del viejo ideario demo-liberal-burgués. Todos los radicaloides, todos los liberaloides de Hispanoamérica la han inscrito en sus programas. Intrínsecamente, este anciano principio no tiene, pues ningún sentido renovador, ninguna potencia revolucionaria" José Carlos Mariátegui.

No es un secreto para nadie que la universidad pública se encuentra en una grave crisis, no solamente de carácter económico -como quieren mostrar quienes hoy usan este argumento como coartada de un continuismo que promueve el facilismo y la mediocridad (desde la ANR y los rectores corruptos, pasando por los privatistas de lo universitario, hasta los radicaloides de todo pelaje): se encuentra fundamentalmente en una crisis de sentido. Contra lo que creen los economicistas que de manera espasmódica reaccionan cuando se trata de defender la "gratuidad", el problema de la universidad pública es resultado de una serie de factores externos pero fundamentalmente de factores internos: deviene de la incapacidad que hemos tenido sus miembros para autogobernarnos; para discutir el sentido del conocimiento -en el que sigue primando el positivismo y patrones epistemológicos eurocéntricos y colonialistas justo cuando el conocimiento se ha vuelto la clave del poder- para vincularnos con las sociedad en su conjunto y responder a sus exigencias y necesidades de liberación social pese a que es ella la que permite que nosotros accedamos a la universidad. Y por supuesto, de sus estructuras de organización y gobierno que han alimentado y exacerbado tal situación.

Caro favor que le hemos hecho los universitarios de las universidades públicas a las clases dominantes, quienes desde un Estado puesto a su servicio, alentaron la muerte por inanición de la universidad pública y no bajo las orientaciones del Banco Mundial como ocurrió en otros países donde la universidad pública fue puesta directamente al servicio de los proyectos de dominación y exclusión. Nuestra mediocre clase dominante no llegó siquiera a eso, abandonó la Universidad a la privatización de los grupos radicaloides y corporativistas (que se denominan de izquierda!) que la hicieron a lo largo de estos años un lugar de clientelaje y corrupción extensivo a los sectores populares cada vez más cautivados por las salidas individualistas y pragmáticas en beneficio propio. Cabe preguntarse pues si tanta verborrea "radical" y tantos años de control de los grupos de "izquierda" de la universidad produjo alguna generación de profesionales capaz de plantear derroteros u horizontes que nos permitan salir de la crisis en que se halla el país. La realidad es que sólo se han producido profesionales arribistas y mediocres que no tienen ninguna incidencia en la vida nacional, que no son conciencia crítica del país, y cuya mayor consigna ha sido "Salvo el cartón, todo es ilusión".

¿No es cierto acaso que la universidad es una institución autista, convertida en tierra de nadie por quienes jugaron a la politiquería y a la guerra legitimando a la mano dura de la dictadura fujimorista y alejándola de los grandes problemas nacionales? ¿No es cierto acaso que la universidad ha actuado más como destructora de nuestra herencia cultural, de nuestra diversidad cultural y natural reproduciendo el mito capitalista del progreso (disfrazada de socialista por las ortodoxias marxistas)? Más allá de quienes se contentan con repetir las fórmulas de Mariátegui ¿Está reflexionando la universidad pública o tiene alguna posición frente a las premisas sobre las que se estructura el poder mundial y que nos condenan a la subordinación en la denominada globalización capitalista? ¿No se ha reducido la universidad a ser reproductora de una razón instrumental, promoviendo la separación entre saberes como compartimientos estancos que imposibilitan conjugar ética y conocimiento así como la relación entre las diferentes disciplinas? ¿Estamos produciendo conocimientos y profesionales que se articulen a las necesidades diversas del país, estamos contribuyendo a la elaboración de alternativas de convivencia, libertad y desarrollo que nos emancipen de los patrones de desarrollo que genera el conocimiento de los "amos del mundo"?

El problema de la universidad también y de manera importante tiene que ver con las bajas rentas que le otorga el Estado para pagar una infame deuda eterna, hecho que denunciamos y combatimos, pero contra la autocomplacencia debemos ejercitar el uso de la razón y preguntarnos si la actual situación - de la universidad pública cambiaría si es que se triplicaran las rentas, para nosotros es obvio que no. La explicación economicista no nos es suficiente, pues si sólo de recursos se tratara Marx jamás hubiera entendido como clase revolucionaria al cada vez más expoliado proletariado, y jamás hubiera pensado que era portador de la elevación moral y cultural de toda la humanidad; tampoco hubiera sido posible que tipos como Mariátegui -que nunca pasaron por la universidad- y se desenvolvieron en difíciles condiciones- lograran ser los más brillantes intelectuales del país.

Necesitamos ubicar el tema de la universidad en otros términos, a fin de resolver la crisis de sentido que arrastra a otras crisis, como por ejemplo la crisis emanada de la corrupción, el clientelaje y corporativismo hoy encarnadas en estudiantes, docentes y trabajadores que privilegian -paradójicamente privatizándola- sus propios intereses, a los de la universidad pública. La universidad hace tiempo que ha sido privatizada por estos aspectos de la subjetividad de sus actores, por su desconexión con los intereses de la sociedad y su cada vez mayor articulación a un mercado estrecho y articulado a una economía dependiente a la que buscan afanosamente llegar los futuros profesionales cueste lo que cueste. El problema central de la universidad es qué tipo de conocimientos se producen y reproducen y en función de qué proyectos: en la universidad no hemos reflexionado en lo más mínimo sobre este aspecto.

Cualquier proyecto colectivo que se proponga la emancipación social no puede ayudar a convertir a la universidad pública en tierra de nadie, en campo de batalla (como lo hicieran Sendero Luminoso, el MRTA o la dictadura Fujimorista), ni botín económico o político (como lo hizo la vieja izquierda que hoy es el pasado en copa nueva), ni en empresa como quisieran los ingenuos émulos del "libre mercado y la eficiencia competitiva". La universidad pública tiene que ser un espacio al servicio de la emancipación, desde su particular perspectiva y especificidad, libre de las amarras del poder político (léase gobierno) y del poder económico, lo que no significa que no tenga responsabilidades para con la sociedad. No se trata entonces de hablar cosas en el aire sin vinculación con nuestra realidad cotidiana. No todo son aspectos negativos, en las universidades públicas existe un potencial y una reserva moral impresionante, que ha sobrevivido gracias a quienes han entendido su importancia.

¿Le interesa todo esto a los autodenominados “radicales”? Hoy que las universidades y sus “estamentos” gremiales se movilizan por más rentas, estamos convencidos que cualquier cambio sustantivo en la universidad será obra de actores que vayan más allá del ramplón economicismo, sazonado de una idea vaga de autonomía (en lo que paradójicamente se confluye con los que hoy administran universidades con fines de lucro) o quienes creen que el problema de la corrupción es sólo un problema moral de las autoridades y hoy buscan reemplazarlas para continuar con el círculo vicioso (no debe sorprendernos que sea la misma izquierda corrupta la que desde la oposición a las autoridades y/o siendo parte de las enquistadas y burocratizadas direcciones de las universidades se turne en los gobiernos de elas mismas siendo el de la corrupción un problema endémico).

Creemos entonces que, es necesario ir más allá del economicismo, el problema de la universidad debe abordarse desde su sentido y sus funciones. La universidad pública debe orientarse clara y definidamente a la producción de saberes para un proyecto emancipatorio del país, articulados a los intereses y necesidades de su entorno, contribuyendo a nuestra descolonización de forma integral. Ni sometida a los intereses del poder político ni económico, pero con gran responsabilidad social. Es necesario defender la universidad pública. Debemos exigir menos pago a la deuda externa y más financiamiento a la educación pública y a la Universidad en particular, a fin de hacerla eje de un desarrollo autónomo del país, con cabida para todos los peruanos. Debe buscarse mayor financiación estatal -a pesar del abandono estatal- pero a la vez debe haber una participación de los universitarios respecto al uso de los recursos y sus prioridades, exigiendo la máxima fiscalización y transparencia. El Estado no debe desentenderse de sus obligaciones. Acabar con el cernidor discriminatorio de las "Pre" que otorgan más oportunidades a quienes tienen más dinero. Las "Pre" no debe desaparecer como centro de preparación, pero si como posibilidad de ingreso, debe ser fuente de ingresos valiéndose de la calidad de sus servicios, pero no favoreciendo a quienes puedan pagarla.

Es necesario abrir un franco debate sobre la pertinencia -el sentido- y las características estructurales de la universidad pública en el Perú. Esto implica asumir, como generación y en consonancia con los nuevos retos que plantea la escena contemporánea una nueva Reforma Universitaria que parta de un nuevo movimiento universitario. Esto a su vez debe traducirse en una nueva legislación sobre la universidad, además se deben abolir las universidades con fines de lucro.

Apostar por la construcción de un nuevo movimiento universitario, que tenga representatividad democrática, que combata el corporativismo y el clientelaje de cualquier índole; que promueva y se sostenga sobre prácticas concretas de creación de saberes al servicio de una sociedad más libre y solidaria, sin ninguna forma de dominación por razones de clase, cultura, sexo, orientación sexual, fe religiosa etc. trabajando por una sociedad inclusiva que promueva la diversidad.

Fortalecer los procesos de reforma académica, los mismos que deben ser permanentes, es necesario por ello el involucramiento de la comunidad universitaria en su conjunto, así como el abrir las puertas a la participación de la propia sociedad. Así mismo debe volver a ser el eje de la tarea universitaria, la investigación enraizada en las necesidades del país. Por ello nos hacemos parte de la convocatoria a salir de la indiferencia, a no aceptar más prejuicios, a promover el uso de la discusión racional y alturada, a combatir cualquier forma de corrupción. A construir una cultura de estudio y solidaridad, de crítica ante lo aparentemente naturalizado y orientada al compromiso por un mundo distinto en el que se desplieguen todas las capacidades humanas. A construir una corriente alternativa y radical de izquierda generando una voluntad colectiva de transformación de la universidad que no se acabe en la elaboración programática sino que encarne un poder constituyente que empiece a construir aquí y ahora una universidad para la emancipación social. A no fetichizarla como si fuera el único camino o el único espacio donde se producen saberes, aceptando nuestra particular condición de universitarios que saben que el mundo está más allá de nosotros y que es sostenido fundamentalmente por quienes con la creatividad de su trabajo y con las diversas formas de inteligencia mantienen este mundo con vida y siguen pugnando por mantener y enriquecer la vida. Dotemos a la universidad de potencia revolucionaria.