viernes, 14 de diciembre de 2007

Feminismos en San Marcos: Hablando de saberes impertinentes

FEMINISMOS EN SAN MARCOS: HABLANDO DE SABERES IMPERTINENTES
A propósito del diálogo entre Sonia Álvarez y Rocío Silva-Santisteban

Alvaro Campana Ocampo

A propósito de la llegada de Sonia Álvarez, intelectual y activista feminista, estudiosa de los movimientos sociales latinoamericanos de la Universidad de Massachussets, el Programa Democracia y Transformación Global realizó desde su Proyecto Género y Poder junto a otras organizaciones Las Jornadas Feministas con Sonia Álvarez. Junto con la Cátedra desarrollamos una de las Jornadas en la Facultad de Ciencias Sociales en un intercambio que de ser planteado a dos voces con Rocío Silva Santisteban, derivó en un diálogo de los diversos colectivos feministas, de docentes y estudiantes preocupadas y preocupados por el tema. Aquí algunas ideas surgidas de esta reunión realizada el 20 de noviembre.

Una constatación inicial: la similitud entre la situación de los “estudios de género” en la Universidad de San Marcos y en la Universidad Católica. En ambas casos con una leve inserción y tradición y en un proceso de repliegue debido a la hegemonía de orientaciones conservadoras con diferente signo: en San Marcos convertida en estudios ligados a las “políticas de infancia” por una gestión que se autodenomina de posición crítica y de izquierda. En la Católica ante el avance del Opus Dei, su minimización para no provocar a este sector conservador.

La llamada perspectiva de género, una edulcorada versión del feminismo académico y político, de hecho causa escozor a pesar de su despolitizada presencia. Hablemos en particular del caso sanmarquino. Como bien afirma Sonia Álvarez, la perspectiva de género ha implicado una utilización de las reivindicaciones feministas para orientarlas de manera perversa a paliar los efectos de las reformas estructurales neoliberales, así como reforzar el rol subordinado de las mujeres articulándolas sin embargo a las dinámicas de acumulación capitalista, a través de capacitaciones para el empleo, políticas “familistas” en las que se reproduce su subordinación y dependencia al esposo, etc.

Sin embargo, esta crítica surgida del propio feminismo militante no es el punto de partido del escozor aludido: lo es una cultura política que tras su apariencia de izquierda y en nombre de la prioridad de la “lucha de clases”, es bastante conservadora, no asume el carácter patriarcal del capitalismo, naturalizando la idea burguesa de familia y el sometimiento de las mujeres, a ser superado en un futuro próximo (tras el triunfo de la revolución). Mientras, a la imagen y semejanza de los gobiernos ultraliberales, la Maestría de Género” en San Marcos, es transformada en “Género y Políticas de Infancia”.

Esta “izquierda” no parece haber entendido que las sociedades tienen un carácter histórico al igual que sus instituciones, y que hay otras formas de opresión que se naturalizan bajo la lógica del modo de organización social predominante. Las identidades de género, al igual que las identidades culturales, fueron construidas históricamente para naturalizar el dominio de “varones” sobre “mujeres”, de una cultura sobre las otras, sobre la base de instituciones como la actual forma predominante de familia. La dominación construida sobre esta naturalización de las identidades de género y los roles atribuidos a las mismas fueron siempre funcionalizados a las características de la sociedad capitalista y a todas las formas de dominación que articula.

¿A qué se debe esta ceguera y conservadurismo de “izquierda”? Podemos ensayar diversas explicaciones pero no hay el espacio suficiente y en todo caso es un tema sobre el cuál debemos seguir discutiendo. Una interpretación clásica nos servirá para esta discusión: la tradición eurocéntrica, ortodoxa y autoritaria de nuestra izquierda, de matriz estalinista, muy lejana por supuesto de la tradición mariateguiana, abierta a las teorías diversas para el enriquecimiento de la teoría revolucionaria. De hecho, las teorías feministas en sus diversas variables, desde la epistemología pasando por la teoría, nos han dado herramientas potentes para desarrollar una crítica profunda a las relaciones de dominación de las que se ha alimentado también los trabajos de feministas marxistas.

Habiéndonos explicado aunque sea inicialmente la impertinencia de los saberes feministas, continuamos con lo discutido en la Jornada Feminista. Otro de los puntos que además atraviesa las discusiones, debates y proyectos dentro de los grupos feministas y la propia izquierda es: su relación con el conjunto de la sociedad, las apuestas autónomas y las políticas frente a los espacios institucionales. En este sentido se resaltó en primer lugar la necesidad de desarrollar una crítica de las relaciones entre saberes populares y saberes académicos. Esto a propósito del disciplinamiento de la academia y de las políticas de género diseñadas por expertas desde las instituciones nacionales o globales, al margen del movimiento de mujeres y, separado de las experiencias de las grandes mayorías.

Urge establecer nuevas formas de traducción y reconocimiento de los diversos saberes, de innovar en las tareas pedagógicas, de abrir la universidad realmente a los sectores populares, en especial a las organizaciones de mujeres. Esto nos lleva a la tarea de redefinir el papel de la intelectual militante, del activista formado en la universidad y comprometido con la lucha feminista y alterglobalizadora que a la vez va aportando a la transformación de la propia institución universitaria en pleno proceso de privatización.

Así, llegamos a otro punto de discusión: el de los activismos feministas en la universidad y su relación con la institucionalidad. Fueron determinadas condiciones institucionales las que permitieron por lo menos el desarrollo inicial de espacios académicos desde la perspectiva de género en San Marcos. Estas condiciones no son posibles si es que no se tienen apuestas a gestionar lo institucional. En este sentido, además de la formación y la investigación, del activismo, de la interrelación necesaria con las organizaciones sociales fuera de la universidad es pertinente pensar en ocupar los lugares de decisión.

El aporte de la política feminista para los proyectos emancipatorios es crucial, por ello no debe sorprendernos que sea impertinente, insumisa a los designios de una “izquierda” autoritaria y de los fundamentalismos religiosos.

miércoles, 12 de diciembre de 2007

Perú, país de propietarios

Estampa peruana
Perú, país de propietarios


Vicente Romano
Rebelión
El fascismo español quiso liquidar las clases sociales mediante un decreto del general Franco por el que se declaraba que en España solo había productores. Se desterró así, manu militare, el término obrero del lenguaje de los medios de comunicación y de los libros.
El opusdeista y depresivo presidente Alan García proclama en tono solemne que quiere convertir el Perú en un “país de propietarios”. Y este adalid del libre mercado y del TLC con Usamérica, esto es del intercambio desigual con las grandes compañías yanquis, lleva camino de hacerlo realidad. Más del 70% del trabaja de Perú es informal, o sea no regulado, autónomo, como se suele decir en términos eufemísticos.
La ausencia de Estado, de asistencia social, de servicios públicos, de jornada laboral, de vacaciones, etc., lleva al pueblo peruano a desarrollar una asombrosa inventiva de supervivencia. La “sociedad libre de mercado” genera los oficios y autoempleos más inverosímiles. He aquí unos ejemplos.
Ante la desidia estatal y municipal para reparar las carreteras y calles surgen surge el tapabaches. Se trata de un muchacho que armado de una carretilla llena de tierra o escombros y una pala monta su negocio junto al socavón correspondiente. Lo tapa para que los vehículos no sufran y los conductores le agradecen el servicio depositando en su mano una moneda.
El datero es otro hombre joven, bien vestido, que se sitúa al borde de las aceras y en determinados trayectos de las calles por donde discurre el alocado tráfico de viajeros, los “colectivos”. Sus herramientas de trabajo son una libreta de apuntes y un lápiz. Su trabajo consiste en apuntar hora y minuto del paso de los distintos vehículos y comunicárselo al conductor correspondiente. Así sabe la hora precisa en que pasó el último y, en consecuencia, acelerar o reducir la marcha para mantener el ritmo. Dicen que las propinas que recibe le procuran un sueldo que muchos quisieran para sí.
El guachimán, castellanización del watchman (vigilante) anglosajón, es un hombre joven que establece su empresa privada en una sección de calle de los barrios de clase media y alta. Sus medios de producción los integran un uniforme con visos de policía o militar que se agencia en Gamarra, el gran almacén de ropa barata, una gorra, unos galones o estrellas que se reparte a discreción por chaqueta y pantalón. Se compra una cabina del material más barato posible para protegerse del sol o del frío, tan pequeña que, por lo general, ni siquiera puede sentarse. Desde la abertura que hace de ventanilla vigila las aceras, coches y puertas de las 8-10 casas de su “jurisdicción” y avisa a sus propietarios de cualquier incidente. Cada fin de semana pasa a cobrar la “voluntad” a los respectivos vecinos.
La infinidad de vendedores que pueblan calles y aceras de Lima encarna a la perfección esa sociedad de propietarios. Peruanos y peruanas de cualquier edad y mestizaje étnico ofrecen toda clase de productos y servicios: chicles, caramelos, pastelillos y bocaditos fabricados por ellos mismos, refrescos, niños haciendo piruetas en los escasos semáforos, y un largo etcétera. La obsesión por el negocio personal se manifiesta incluso en el recinto de la Universidad Mayor de San Marcos. Los espacios exteriores e interiores están ocupados por innumerables tenderetes y puestecillos donde se merca de todo. Principalmente de comida, libros de segunda mano y fotocopias de todos los textos que uno pueda imaginarse. Algunos muchachos, probablemente estudiantes, cocinan en diminutos hornillos el tradicional anticucho, un sabroso pincho elaborado con el corazón de las reses. Las vísceras que otrora despreciaran los esclavistas y patronos sirven ahora para sufragar estudios de los pobres.
El transporte público, esto es, los medios privados utilizados para el desplazamiento del público, reflejan a la perfección la lucha por la supervivencia, la competitividad por el cliente y el beneficio, eso que los economistas del libre mercado llaman competencia. En Lima, esta ley feroz de la selva, en este caso de asfalto, la ejemplifican los “colectivos”, en particular los “micros” o “combis” y los taxis. Los microbuses que se dedican al transporte urbano de pasajeros son unas furgonetas pequeñas con unas filas de asientos y una puerta de acceso lateral. Enganchado a ella va una especie de cazaviajeros, un joven que grita el trayecto a las personas que esperan en las aceras. A veces ocurre que engancha a algún indeciso que tiene otro destino. La agresividad por captar o raptar clientes no tiene límites.
Como no existen tarifas oficiales ni taxímetros, el importe de una carrera en taxi hay que regatearlo con el conductor antes de entrar en el taxi. De ahí que la ventanilla delantera vaya siempre abierta, haga frío o calor, llueva o haga viento, con la consiguiente incomodidad para el viajero. Existen taxis de todos los colores, tamaños y marcas: de 2, 4 y 5 puertas, blancos, amarillos, azules, rojos, marrones, con pintas, con distintivo y sin él, nuevos, viejos y viejísimos, de 4 o de tres ruedas. Estos últimos en los barrios periféricos pobres. Los hay con una pegatina que el conductor saca de la guantera y la coloca en el parabrisas cuando cree que puede captar un cliente entre los paseantes de las aceras. Están, por fin, los colectivos que van recogiendo la clientela que va en un trayecto determinado.
Con motivo del gran terremoto del 15 de agosto pasado, y ante la falta de Estado, de regulación, aumentó considerablemente la demanda de transporte a las zonas afectadas. Así que, de conformidad con la sacrosanta ley de la oferta y la demanda, los precios de los taxis, autobuses y hasta pelajes de las carreteras se duplicaron y triplicaron. Precisamente para los más necesitados, para los pobres que querían ir a comprobar si los suyos estaban vivos y los podían socorrer. Para que luego digan que el libre mercado no soluciona las necesidades humanas.
La ingeniosidad de la supervivencia ha llevado incluso a una especie de democratización de la banca. Los cambistas constituyen otra de las manifestaciones de este país de propietarios. Vestidos con sus cazadoras de aspecto militar en las que refulgen los símbolos y palabras del dólar y del euro, se colocan en las esquinas, aceras, puertas de los restaurantes y centros por donde pueden pasar turistas. Con una calculadora en una mano y un fajo de billetes en la otra abordan a los transeúntes ofreciendo sus servicios de “¡Cambio, cambio!”. Así se pasan horas y horas, por lo general en grupos de dos o tres, y a la vista cercana de la policía para mayor seguridad. Viven de ofrecer un par de céntimos más que los bancos. Pero este cambio también hay que regatearlo. Y uno no tiene por menos que extrañarse de que no los asalten y les arranquen los billetes de la mano.
La seguridad la garantiza una diversidad inabarcable de policías estatales, municipales, distritales y, sobre todo, privados. Con sus uniformes multicolores inundan las calles céntricas, las esquinas y puertas de bancos, colegios y tiendas. Predomina el verde olivo y los distintivos similares a los de la policía oficial. Es más, dado el bajo nivel de sus sueldos, muchos de los policías oficiales l complementan con servicios a la propiedad privada, sin dejar por eso sus uniformes ni armas en casa. Sí hay que guardar la libertad de mercado.
Pero esta proliferación de propietarios, de autoempleados, no puede ocultar las infinitas formas de mendicidad presentes por doquier. Las más llamativas, las de los indígenas, o mejor dicho las indígenas, pues son ellas las que desde las comunidades andinas bajan a las ciudades. Non piden directamente ni alargan su mano a los transeúntes. Ofrecen su maravillosa artesanía, con el consiguiente regateo. Vestidas con sus vistosas ropas tradicionales, algunas de ellas se dejan fotografiar con una cría de llama o un corderito en brazos a cambio de unas monedas. Este tipo de propietario florece en Cuzco, a causa del turismo. En una de sus plazas he podido ver al trabajador más joven que se pueda imaginar: un bebé de unos 8 meses.
La madre, vestida con la ropa tradicional de las indígenas andinas, se posiciona en una plaza de Cuzco por donde pasen turistas para dejarse hacer una foto típica por un pequeño óbolo. En sus brazos sujeta, arropado, un corderito de impecable blancura. A la espalda, el bebé trabajador, arrebozadito en la lliclla, la manta andina de colores. Fuera de ella asoma su cabecita, coronada por el multicolor gorrito indígena, y su manita derecha. Al entrar el transeúnte en su campo visual agita llama con su manita. Una vez en su cercanía, vuelve la mano para que deposite una moneda en la palma, sonríe agradecido y se la da a la madre. O sea, que este bebé sabe ya hacer algo, un trabajito, para contribuir a la economía doméstica.
Invasiones. Quienes se toman en serio la apropiación son los prófugos de la sierra, los pobres de las comunidades andinas que huyen de la explotación y de la violencia política. Los sin nada bajan a la costa a privatizar lo de todos. Se trata de los invasores. Llegan en grupos organizados, dirigidos por un señor que cobra por participar en estas comitivas de apropiación. Eligen una determinada porción de desierto y clavan una bandera peruana en la arena. Equipados con cinco esteras de totora o cañizo, de 2,5 por 2,5 metros, ocupan los arenales y dunas, carentes del menor rastro de vegetación, de las periferias de las ciudades costeras. Con estas cinco esteras, una para cada pared y otra para el techo, levantan su choza de 6,25 meteros cuadrados. En los primeros meses apenas se distinguen se distinguen de la arena por su color amarillento. Desde la carretera parecen plantaciones más o menos caprichosas de Asentamientos Humanos, pueblos jóvenes, barriadas, que se prolongan a lo largo de 70 kilómetros al sur de Lima, a ambos lados de la carretera panamericana. Los más previsores dejan ya, desde un principio, espacios para las futuras calles.
Guiados por la idea de que lo público es del populicus, del pueblo, invaden terrenos del Estado o que están en litigio. Mas, sabedores también, por experiencia propia, de que las fuerzas del Estado no están para defender sus intereses, sino para proteger los de unos pocos, planifican de antemano las periódicas luchas con la policía o el ejército. Para mayor seguridad se hacen acompañar de su abogado.
Una vez instalados eligen un comité encargado de organizar y dirigir las actividades. Luego clavan un gran poste con dos altavoces al lado de una de las chabolas en la que se instala el equipo de audio. A través de ellos se anuncian los acontecimientos que interesan a la incipiente comunidad: cuándo viene la poli, el cambio de guardia, día del mercadillo, etc.
Inmediatamente brota el primer “restaurante”, el que improvisa una señora avispada. Se construye un fogón con unas piedras y la poca leña que puede recoger de los vertederos más o menos lejanos. Su único plato, el popular ceviche elaborado con los pescados atrapados en el mar cercano. Al carecer de refrigeración, los altavoces empiezan por pregonar el precio. 1,50 soles la ración (unos 35 céntimos de euro). Al poco rato se reduce a 1 sol, y un poco más tarde a 0,80 soles. El sol amenaza con echar a perder la mercancía y hay que venderla lo antes posible.
Una vez instalada y reconocida la primera invasión, llega la segunda ola. Los nuevos invasores quieren hacer lo mismo, aunque ya tienen que establecer sus viviendas en peores sitios. Hay que acordarlos con los primeros.
Por término medio, estos poblados improvisados, tardan de 15 a 20 años en conseguir que las autoridades municipales y las compañías les lleven el agua y la electricidad. El alcantarillado puede durar más todavía.
Pero la lucha de estos asentamientos humanos no cesa. Hay que pelear con los tribunales de justicia, con las autoridades habidas y por haber. Al estar ubicados en zonas de riesgo, es necesario que se les socorra en necesidades tan perentorias como construir muros de contención que mitiguen los derrumbes ocasionados por los frecuentes desprendimientos y terremotos, y calles y escaleras de materia noble, esto es, sólida (ladrillo, piedra, cemento), que faciliten la movilidad y el acceso. Hay que obtener los documentos acreditativos de la propiedad del predio, una pelea jurídica con los dueños o el Estado que dura años y años. Y muchas cosas más. En la actualidad están organizados en una Federación de Organizaciones Vecinales de Lima y Callao. Algunos de estos asentamientos, como el de Villa El Salvador, con sus 460.000 habitantes, ha adquirido renombre internacional por su capacidad de lucha y autoorganización. Ha sido objeto de curiosidad científica para sociólogos y políticos. El mismo Papa Juan Pablo II se dignó visitarlo.

martes, 11 de diciembre de 2007

El regreso de la política Entrevista a Antonio Negri


ENTREVISTA A TONI NEGRI
El regreso de la política


http://www.clarin.com/suplementos/cultura/2007/12/08/u-00611.htm


El ensayista italiano anuncia el fin de la posmodernidad, al menos en su rasgo político de indiferencia ante el bien común. Dice que recomienza la narración de un proceso de liberación. En esta charla analiza la situación actual del capitalismo y sus derivaciones en el trabajo. Sus posturas han conocido las objeciones de Laclau, Dri y Borón, entre otros, que lo acusan de un exceso de utopismo y de no tener en cuenta las dimensiones nacionales de la lucha política.

MARIANA CANAVESE Y BRUNO FORNILLO.






Suele decirse que la Italia de fines de los años 60 y gran parte de los 70 estuvo inmersa en un grado de movilización colectiva que operó como una suerte de laboratorio de las políticas de emancipación. En Argentina, tras visitar Bolivia y Venezuela, el filósofo Antonio Negri -uno de los animadores de aquel ciclo y de la renovación de ese discurso-, enuncia el tiempo de una nueva narración de las prácticas políticas. Sujeto a múltiples lecturas, interpreta que la recepción local de su obra ha sido "negativa y limitada" respecto de las discusiones que detonó en otras regiones del continente.

-Hay un grado de vitalismo que usted expresa fuertemente y que contrasta con quienes subrayan la discontinuidad de la política. ¿En qué se funda ese optimismo?

-No tengo optimismo como tampoco vitalismo. Si usted dice que en la filosofía contemporánea hay posiciones mortuorias en vez de vitalistas, diría que son las fundamentales. Basta pensar en Heidegger, que es la filosofía de la muerte. La actitud represiva sólo puede organizarse sobre la muerte y el miedo. Por otra parte, es lo que siempre han enseñado los curas: la muerte como fin de la vida y el pecado como organización de la vida. Veamos, en cambio, cuál es la pasión fundamental que está en la base... Yo considero que el ser, esta cuestión de la que tanto la filosofía como la política deben ocuparse, es un ser productivo. Es una posición que tiene una historicidad, de Maquiavelo, a Spinoza, Marx y el posestructuralismo. Es una línea respecto de la cual apostamos como apostamos siempre en la vida. Pienso que la vida es una cosa malditamente pesada, dura, pero que es construida. Pensemos en un bebé que nace, si no fuéramos un poco optimistas y no lo amáramos, moriría de inmediato, y, en general, debemos tomar ese ejemplo para todo lo que sucede en la vida. Es sólo el amor, la solidaridad, la reciprocidad, lo que permite que la vida se reproduzca y pasar de las fases más elementales -la asistencia a un bebé- a lo que está hecho de ayudarse, de enseñarse el lenguaje, de trabajar -cosa que nunca hacemos solos-, y así sucesivamente. Es este amor, en sentido ontológico -no tiene nada que ver con Freud ni con la pornografía-, amor verdadero, sólido, el que construye la vida. ¿A eso lo quiere llamar optimismo? Llámelo optimismo. Ciertamente, si no existiera este optimismo -que no es optimismo sino simple realismo-, la vida no existiría.

-Respecto de las pasiones, ¿cuál ha sido la influencia de Spinoza en su pensamiento?

-Perdón si hago un poco de cronología de mi vida. Nací bajo el fascismo y viví mis primeros años durante la guerra, hasta los 12 o 13 años. Y la guerra me marcó muchísimo, la guerra, la miseria, el esfuerzo de vivir. Fui comunista antes de ser marxista. Cuando tenía 20 años, trabajé en un kibutz en Israel, y allí me hice comunista, sobre la exigencia de una vida en común,Experimenté esa fase de Israel que fue muy bella. Después me puse a trabajar en política y me volví marxista. Me inserté sobre todo en un proceso de lucha, entre los años 60 y 70, que fue creativo, realmente formidable, y que permitió desarrollar una crítica extremadamente fuerte. En Italia, el 68 no fue un mayo, no fue un mes, fueron 10 años que nos permitieron, a mí, a miles, a millones de compañeros, desplegar una crítica del capitalismo como crítica, justamente, del modo en que el capitalismo maneja las pasiones. Luego de lo cual fui a la cárcel, y ahí releí a Spinoza interpretando, criticando, mi viejo marxismo, pero recuperando al mismo tiempo esa capacidad spinoziana de fundar sobre el mecanismo conatus vivente, el conatus de vida, el conatus sensible, el amor o la cupiditas, como el momento de asociación constructiva y constituyente. Y después, el amor racional, ontológicamente constructivo, que me permitió reconquistar no sólo el sentido del trabajo, de la actividad, que el marxismo me había enseñado, sino ese sentido de la pasión que debe cubrir los conceptos y permitirles desarrollarse. Cuando, por otros motivos, me encontraba frente a un análisis constitucional positivo, aprendí de esa manera, por ejemplo, a evaluar si detrás de cada fórmula jurídica existía un conjunto de pasiones que era cultivado. Y cuando, posteriormente, en la etapa que siguió a la prisión, me encontré con la temática de la crítica de las instituciones, del globalismo, del desarrollo de la biopolítica, el desarrollo foucaultiano, esas cosas se unieron y se dio esa síntesis que fue más o menos correcta. No creo que la historia de la filosofía nos enseñe mucho, al contrario. Deleuze decía: "Espero ser el primero que no fue castrado por la historia de la filosofía".

-¿Por qué decidió que su vida esté trazada por la política?

-La política, o sea, la elección de los conocimientos y las actividades que llevamos sobre la cosa común, sobre el Commonwealth, sobre la riqueza común, es fundamental. En general, la política, es decir, este conocimiento, esta experiencia ampliada del saber común para la reproducción del común, de la libertad, está en la base de todo saber.

-Recientemente dio en la Argentina una charla sobre "Commonwealth"...

-"Commonwealth" es el tercer volumen, escrito junto con Michael Hardt, de la serie que iniciamos con "Imperio" y que continuó con "Multitud". Es un texto probablemente más filosófico y, por ende, más político, en el sentido de que nos hacemos preguntas absolutamente esenciales: ¿Qué es lo político? ¿Qué es el bien y el mal? ¿Qué es el odio o la guerra? El libro empieza con una reivindicación de la pobreza como elemento fundamental de caracterización de la multitud: encontramos que alrededor del 1600, con la Revolución inglesa, el término "multitud" desaparece del vocabulario político y es sustituido por el término "pueblo". Este se distingue de la multitud en tanto es propietario. Tenemos, entonces, la exclusión de los pobres del pueblo, la multitud excluida del pueblo, la pobreza excluida de la construcción de lo político. La pobreza es un elemento oscuro fundamental que no puede ser recuperado dentro de las categorías de lo político moderno; queda siempre afuera, y queda como resistente. A menudo nos han acusado de eurocentristas y de haber dejado de lado, por ejemplo, lo colonial. Aquí hicimos un esfuerzo enorme por recuperar ese tipo de literatura dentro de la problemática actual bajo la categoría de pobreza. Nos interesaban los aspectos de antagonismo indígena que organizaban y mantenían la autonomía. Luego, un tercer capítulo enfrenta el problema de qué es hoy el capitalismo. Una hipótesis central es que asistimos a una ruptura del proceso capitalista: la acumulación de esas resistencias -la pobreza, el anticolonialismo- unida a la transformación de la fuerza de trabajo en los países centrales, que se presenta en términos cada vez más cognitivos, inmateriales, socialmente conectados y cooperantes, llevan a una ruptura en la historia del capital. Este quiebre produce una forma cada vez más parasitaria, más abstractamente dominante del desarrollo capitalista, tornando vacía la relación capitalista. El obrero ya no se encuentra frente al capitalista como organizador de la fuerza de trabajo sino que esa organización se transforma cada vez más en un proceso autónomo que el trabajador conduce. Este, sin embargo, se encuentra frente a mecanismos de renta (inmobiliaria, financiera, de acumulación), fenómenos que remiten a un elemento barbárico de la organización capitalista del trabajo. Y, por otra parte, está el éxodo de la fuerza de trabajo, que significa la capacidad de desarrollar contracultura pero sobre todo nuevas institucionalidades. La relación de gobierno es cada vez más una relación que ya no es para nada algo gerencial sino una relación de fuerzas; es gobierno sobre una red viva. Existe, además, una tentativa de empezar a narrar, a describir, ese éxodo. Estoy convencido de que hay que salir de lo posmoderno y del miedo de hacer una gran narración. Hoy recomienza el tiempo de una narración del proceso de liberación, porque todos estos elementos construyen ese mosaico sobre cuya base se puede volver a contar una historia de liberación que es absolutamente necesaria.

-Tanto en Génova como en la Argentina de 2001 hubo una irrupción de masas que, en principio, no llegó a plasmarse en una nueva institucionalidad. En Bolivia hay un grado mayor de potencialidad, pero así y todo la Asamblea Constituyente está debilitada. ¿Qué obstáculos identifica?

-El éxodo significa capacidad constituyente. El gran problema pasa a ser la difracción de los poderes constituyentes. Dentro de las teorías jurídicas, el poder constituyente siempre ha sido considerado como un poder extra-legal; actúa de una sola vez, erige el ordenamiento y no existe más. Debemos empezar a imaginar el poder constituyente como un poder que se despliega en esa relación dual. Este año en Bolivia, por ejemplo, las discusiones que tuvimos estaban referidas, justamente, a nuevas formas constitucionales que no necesariamente ven el poder constituido como negación del poder constituyente, sino como estructuras de nuevos ordenamientos totalmente abiertas a un poder constituyente. Es decir, un nuevo modelo de constitución. Respecto de la Argentina, es claro que aquellos movimientos específicos se acabaron, pero la acumulación de estos procesos es algo que se debe tener muy en cuenta. Y estos son fenómenos completamente irreversibles. Estoy convencido de que cuando se habla de constitución -la relación entre constitución material y formal, entendiendo por constitución material el conjunto de las relaciones de fuerza que constituyen la sociedad- se debe tener presente esa composición política latente. Por otra parte, las corrientes actuales más vivas del derecho, post-Luhmann, hablan incluso de constitución sin Estado. También lo posmoderno en toda la fase de aleatoriedad y de matiz está terminando. Entramos en una nueva época donde lo contemporáneo vuelve a mostrar su solidez.

-En cierta ocasión mencionó que el movimiento de resistencia global está en crisis. ¿Cómo piensa la organización política post-partido?

-Cuando se habla de la crisis de la forma partido se habla de la crisis de la representación política, de todo un sistema de formación y transmisión de la voluntad política que, justamente, caracteriza actualmente a la democracia. Por lo tanto, plantearse el problema más allá de los partidos significa plantearse también si existe otra forma de democracia. ¿Qué es, cómo puede concretarse el ideal de democracia absoluta? Creo que todavía se trata de moverse en el terreno de la investigación. Es evidente que la definición de partido -cuando era una definición seria y no puramente ideológica- se organizaba sobre la relación que existía entre composición técnica y social de la fuerza de trabajo, la composición política en general, y la forma política, ligada a una tentativa de reapropiarse del ciclo productivo, en la expresión de los consejos obreros, por ejemplo. Hoy todo eso es muy difícil de determinar: dentro de la composición técnica del trabajo está esa composición social, cognitiva, abstracta, móvil, precaria. Por eso tenemos un auténtico tejido en el cual la institucionalidad debe, muy probablemente, plantearse como problema no de representación sino de presentación. Siempre consideré que no son los intelectuales los que inventan las formas en las que se organizan las masas o las multitudes; son ellas las que proponen a la reflexión las formas bajo las cuales actuar. Creo que el gran paso que viene a través del capitalismo es el hecho de que, lejos de profundizarse lo individual, se profundiza la singularidad y la participación de cada individuo en el común. Es la inmanencia de la singularidad en el común. Esta inmanencia y esa autonomía común se dan como base tanto más institucional cuanto que si hay algo anárquico en este momento es el individualismo. Nunca he sido anarquista.

-¿Cuáles serían las características del trabajo precario?

-Obrero precario es una definición sociológica o económica para referir, ante todo, a una forma de salario. Se trata de un trabajador esencialmente móvil, flexible, que ya no está ligado a un espacio determinado como tampoco a una estructura temporal específica, la jornada laboral de ocho horas. Mientras, desde el punto de vista salarial, al trabajador-masa lo llamábamos fordista, a este trabajador flexible lo llamamos precario. Estamos, en términos macroeconómicos, en una situación global, ya no nacional. El inmigrante, por ejemplo, es fundamental dentro de esta figura del precario. Saben que cuando hacemos las manifestaciones por San Precario, este santo reúne a centenares de miles de personas en Milán el 1ø de mayo. Es un proceso muy bello, se hacen santos que se llevan en procesión, hay música y coros... "San Precario: ayúdanos". La imagen es la de un joven, una persona cualquiera, no con cara de santo sino una más astuta, porque ésa es su cualidad fundamental: ser vivo, hábil... Ahora, por un lado, el trabajador precario está mal pago y en una situación inestable, pero, por otro, alguien puede preferir trabajar así. La figura del precario es sobre todo la del trabajo femenino: hoy, ir a trabajar a la fábrica o a la oficina puede significar no tener hijos, porque si tenés un hijo te echan. Entonces, el trabajador precario es, por ejemplo, una mujer que prefiere quedarse en su casa y trabajar allí según sus tiempos.

-Han mencionado, con Hardt, la idea de guerra global permanente, que podría pensarse concatenada, al menos en América latina, a un proceso cada vez más intenso de militarización, de criminalización y judicialización de la protesta social, de miedo y fuerte presencia de un discurso que reclama seguridad...

-En cuanto al discurso sobre la guerra permanente, como en general sobre el estado de excepción -son estados de excepción permanentes-, vale tanto más hoy cuando la centralización de ese proceso termina. Estados Unidos intentó el golpe de Estado sobre la mundialización, ser el poder soberano que dominaba el campo. En la medida en que ese poder soberano unilateral cesa, en que se afirman ámbitos multilaterales de regulación, toda una serie de instrumentos pasan a ser de criminalización interna, de excepcionalidad difusa. Todo eso se relaciona con la separación del comando capitalista de la organización del trabajo: en la medida en que el capital se despega de la organización del trabajo asume ese recurso a la fuerza; la violencia se convierte en la clave del mando.

lunes, 10 de diciembre de 2007

Entre la reinvención de la política en América Latina y la hegemonía neoliberal en el Perú


NOTAS SOBRE EL II FORO DE DEMOCRATIZACIÓN GLOBAL entre la reinvención de la política en América latina y la hegemonía neoliberal en el Perú
Apuntes sobre El II Foro de Democratización Global
Entre la Reinvención de la política en América Latina y la hegemonía neoliberal en el Perú.

Álvaro campana Ocampo
Miembro del Programa Democracia
y Transformación Global

Presentación:

Los días 21, 22 y 23 de Noviembre en el Centro Cultural de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, la popular Casona del Parque Universitario, se realizó el II Foro de Democratización Global organizado por el Programa Democracia y Transformación Global y el Ier taller sobre movimientos sociales y política con la presencia de compañeros activistas e intelectuales de diversos países de Nuestra América, así como militantes de diversas organizaciones sociales de nuestro país. Este texto no pretende ser una crónica de estas actividades sino más bien plantear algunas reflexiones que nos propiciaron estas jornadas tan estimulantes. En el intentaremos sacar algunas lecciones de cara a la aún persistente hegemonía del neoliberalismo en el Perú y la emergencia de nuevos actores sociales, a los que consideramos parte de la familia de los nuevos movimientos sociales.

Elementos que permitieron la hegemonía neoliberal en el Perú

Es fundamental plantear algunos elementos que permitieron la hegemonía neoliberal, no sin antes dejar en claro que estos se inscriben en un contexto de profundas transformaciones en el mundo que fueron definidas por el presidente Correa (del Ecuador) no como una época de cambios, sino como un cambio de época. Estos elementos concluyeron en un hecho fundamental: la derrota de los diversos proyectos populares, la destrucción de las formas organizativas del campo popular, la instauración de un régimen dictatorial que impuso las reformas neoliberales.

Procesos internos fundamentales, que nos acercan a la tesis de Naomi Klein presentadas en su libro reciente “La Doctrina del Schock” que nos permite tener una mirada distinta del proceso peruano: la generación de un escenario de miedo, violencia e incertidumbre económica y social que hace posible reducir la resistencia, y someter a los pueblos para imponer el modelo neoliberal. Más allá de sus particularidades, como el accionar funcional de Sendero Luminoso a esta estrategia, este elemento se repite en diversos escenarios en los que se ha implantado el neoliberalismo.

Así es, como fue posible reorganizar la sociedad, en función de las nuevas formas de acumulación y poder:
a) Destruyendo las organizaciones sociales constituidas sobre la base de otro modelo de acumulación (industrialización por sustitución de importaciones), o estableciendo una crisis permanente de las mismas hasta hoy (sin que con esto le quitemos la responsabilidad a sus conducciones)
b) Derrota política y cultural de los proyectos populares produciéndose un enganche en las tradiciones autoritarias y “criollas” con la lógica neoliberal, así como la transformación de la noción de “pueblo” desplazando el sujeto emprendedor (supuestamente en el marco de un “capitalismo popular”) al sujeto trabajador;
c) Construcción de una cultura conservadora dentro de lo que Boaventura de Sousa llama “Fascismo social”.

Esto nos lleva a tomar en consideración la caracterización que Sonia Álvarez del neoliberalismo: que más allá de un proyecto económico es uno político cultural. O lo que permanentemente nos recordó en sus intervenciones Ezequiel Adamovski, el carácter biopolítico del capitalismo en esta nueva época. O cómo diría el viejo Marx la subsunción real del conjunto de la vida a la lógica del Capital.

La creciente impugnación del capitalismo neoliberal en el Perú

Luego de haber atravesado esta etapa de reorganización social, asistimos a una creciente impugnación del neoliberalismo en el Perú, de la mano aunque con retraso respecto de lo que acontece en el continente y en el mundo. Estamos viviendo una reestructuración de los lazos sociales, una reestructuración social que empieza a plantear con cada vez mayor fuerza resistencias y conflictos. ¿Son estos conflictos y resistencias idénticos a los de las décadas pasadas? ¿Pueden ser nuestros proyectos los mismos? ¿Podemos pensar la política desde las mismas coordenadas?

Aquí algunas pistas: Aníbal Quijano nos planteó un elemento fundamental a considerar: la impugnación al capitalismo se está dando en el subcontinente en el que como proceso de la modernidad, éste se construyó sobre la base de lo que denomina la “colonialidad del poder”, que es su otra cara y que fue el sustento de la dominación civilizatoria del capitalismo y del occidente sobre los pueblos vencidos, clasificados desde entonces como pueblos de “razas inferiores”. En este sentido, es América Latina uno de los escenarios donde se libra una lucha por redefinir esta relación colonial, y por tanto el capitalismo y la modernidad misma. De ahí el carácter fundamental de las luchas de los pueblos indígenas.

Por otra parte, encontramos la emergencia de conflictos biopolíticos: es decir no sólo centrados en la democratización u opresión alrededor de la autoridad o institucionalidad política, o del trabajo y su sentido, sino del conjunto de dimensiones de la vida: el trabajo, el género, la cultura. De ahí la emergencia de organizaciones (¿movimientos sociales?) que antagonizan radicalmente todas las relaciones de poder que son articuladas además por el capitalismo.

En nuestro país asistimos a la lucha por defender territorios donde se asientan milenarias experiencias culturales y sociales, en los que están en juego la identidad, formas de vida, el medio de vida, ideas de desarrollo: la lucha contra la minería, el cuestionamiento a la forma de desarrollo que propone y que incluye un desarraigo creciente. La lucha de los cocaleros, pueblos obligados a colonizar la amazonía ante la primacía de modelos expoliadores que no toman en consideración la agricultura, la soberanía alimentaria, el derecho de miles de peruanos a tener una vida digna. Estas organizaciones no sólo se enfrentan a la represión del gobierno peruano, a la criminalización de sus formas de supervivencia, sino que se hallan en el escenario principal en el que el imperio norteamericano pretende tener control militar y económico: la amazonía. Son conflictos que por un lado tocan los ámbitos más cotidianos de la gente a la vez que tienen repercusiones de alcance global.

Finalmente, asistimos a la emergencia de fenómenos político electorales en el continente que se proponen la refundación de los países desde los propios Estados. Aunque con matices, hemos sido testigos de la conformación de mayorías electorales que cuestionan el neoliberalismo. En el Perú ha venido ocurriendo lo mismo.

Los retos que se abren y el papel de los “movimientos sociales”.

En medio de la aún vigente hegemonía neoliberal, y las políticas crecientemente criminalizadoras de las protestas y de las luchas populares, sobre lo que no abundaremos, y que son en realidad y con diversos pretextos un modelo dentro de los países más conservadores de América Latina como México o Colombia e incluso Brasil, lo que está en juego son tendencias sociales más amplias en las que se van constituyendo nuevas mayorías sociales y políticas que cuestionan el neoliberalismo. Estas han encontrado una forma de expresión fundamental a través de los procesos electorales en primer lugar.

¿Qué papel cumplen en esto los llamados movimientos sociales? Consideramos que estos, como los entendemos, como organizaciones sociales que empiezan a afrontar las contradicciones biopolíticas y a desplegar capacidades transformadoras, tienen un carácter estratégico para la construcción de alternativas de vida al capitalismo, y se constituyen en actores importantes para avanzar en procesos de democratización sustanciales en las diversas esferas de la vida y de sus expresiones institucionales. Los movimientos sociales son la “masa activa” en la que no sólo se ha construido el consenso, sino que son “maquinas de liberación”. Deben tener ellos un papel autónomo más no autista respecto a la política estatal y partidaria pues a partir de ellos será posible construir nuevas prácticas radicales.

Una de las discusiones que atravesó el foro y el taller fue esta relación entre la política estatal e institucionalizada y los movimientos, como situación además permanentemente problemática. Frente a esto se plantearon diversas alternativas que van desde la apropiación de los espacios de participación institucionalizados, por la creación de espacios institucionales no estatales, hasta la posibilidad de apropiación del Estado como lo plantea Boavnetura de Sousa convirtiéndolos en espacios no estatales, en novísimos movimientos sociales.

Poder constituyente y poder constituido

Las nociones de poder constituyente y poder constituido pueden servirnos para plantear esta relación si es que comprendemos que la política – de los movimientos sociales, la política que a nosotros nos interesaría- es esa capacidad de ir permanentemente más allá de los límites establecidos como nos explicara Graciela Di marco, un cuestionamiento de los límites y de las naturalizaciones como lo propone Pizzorno (que ha tenido a uno de sus más radicales protagonistas al movimiento feminista). Poder constituyente por su movimiento incesante de construcción y afirmación de otras formas de vida, de transformación de las relaciones sociales, de construcción de nuevos órdenes y formas de organización social que no pueden congelarse en una fórmula.

Este poder constituyente tiene una contracara que es el poder constituido, el momento en que las relaciones sociales y el orden cristalizan en instituciones, normas, ordenamientos. Si creemos que es el ser humano el que instituye estas normas, que no las hay naturales, entonces llegamos a la idea de que el poder constituido no hace sino expresar de manera limitada la potencia del poder constituyente y las correlaciones de fuerzas que se establecen en la sociedad. De ahí la importancia de la autonomía de los movimientos sociales frente al Estado y los partidos que son intermediarios con este y que se mueven bajo otras lógicas, lo que no quiere decir que no tengan relación. Todo lo contrario. Más bien se plantea la necesidad de articularlas en un todo que pueda cuestionar el sistema en su conjunto para no ser expropiadas en las lógicas hegemónicas y enfrentar la tarea de la “gestión global de lo social”

Retos a afrontar

En principio los movimientos sociales deben plantearse una “política integral”, planteársela desde la biopolítica, es decir en cuestionamiento y búsqueda de democratización en todas las esferas de la vida. La política de los movimientos debe ser cultural en el más amplio sentido del término, social, política, económico-productiva.

En este sentido, es crucial superar la cultura reivindicacionista, radical economicista de nuestra cultura política, que paradójicamente se vuelve confrontacional pero no antagonista agotando rápidamente la energía de las acciones de los movimientos sociales. Se debe avanzar hacia la participación de los movimientos y organizaciones sociales en la elaboración de propuestas programáticas pero además en prácticas prefigurativas, es decir constituyentes: se trata de construir aquí y ahora esa otra sociedad de la que hablamos.

Debemos avanzar a la articulación de todas las luchas para que no se pierdan en la dispersión y en la cooptación del poder, sin que estas pierdan la riqueza que les da su especificidad. Es preciso avanzar a la conformación de bloques sociales, políticos, culturales en los que se debe reconocer la multiplicidad de las luchas y la inexistencia de un sujeto privilegiado de la transformación social. En este sentido deben ser inclusivos con las diversas luchas y profundamente democráticos.

Asumimos que sus tareas son la construcción de una contrahegemonía que parta por la reforma moral, intelectual, de sentidos y símbolos de las que habla Gramsci. De la transformación de las relaciones sociales, de la necesidad de multiplicar prácticas de construcción y de resistencia, de acumulación de fuerzas que disputen a las fuerzas hegemónicas alternativas a lo existente.

Finalmente creemos que deben tanto construir sus propios espacios institucionales al margen del Estado, como disputar los espacios institucionales y los espacios de participación que propone el Estado. Desde los Frentes de Defensa, pasando por los municipios y sus instancias de participación, hasta el ejercicio del gobierno nacional pueden ser espacios de disputa y de ejercicio de un poder alternativo que despliegue las fuerzas del poder constituyente y cristalización de nuevas relaciones sociales.

Sin embargo quedan aún muchas cosas por discutir como por ejemplo el dilema de construir herramientas político electorales, las vías electorales que nos puedan llevar a la refundación del Estado como se está planteando en otros lugares del continente, la necesidad de comprender que la lógica Estatal, es la lógica del poder, del control, y que por más progresista que sea el gobierno pronto se encontrará en la constradicción de atender a las políticas de Estado y las políticas destituyentes y constituyentes por lo que la autonomía y fortalecimiento de los movimientos es una tarea fundamental.

Limitaciones de nuestras organizaciones sociales

Es necesario empezar por la discusión que hay en el Perú acerca de si existen estos nuevos movimientos sociales. Nosotros creemos que lo que está ocurriendo es su emergencia en el Perú, y que obviamente tiene sus características específicas. A partir de esto, lo que creemos que son las limitaciones de estos nuestros movimientos sociales en ciernes es:

- Ausencia de cuadros, hubo no sólo una crisis de la política anterior, sino una profunda despolitización que no ha permitido una comunicación de las anteriores experiencias y sus aportes y la inexistencia de una militancia con experiencia, herramientas metodológicas, etc.
- Ante el aislamiento de las fuerzas populares, se exacerban los vicios de nuestra cultura política: tendencia a la fragmentación, a la sobreideologización y por lo tanto al sectarismo, a la autocomplaciencia alejada del conjunto del movimiento popular, la tendencia al confrontacionismo pero anclado en luchas fundamentalmente reivindicativas, economicistas y hasta corporativas.
- Aislamiento y desconexión de las luchas globales y continentales, una gran incomunicación con otros procesos.

Tareas urgentes:

- Propiciar encuentros, para articular las luchas estableciendo formas de “traducción” entre las diversas experiencias. A partir de estos desarrollar campañas conjuntas.
- Desarrollar espacios de formación y debate permanentes de manera conjunta.
- Ser creativos organizativamente como en el desarrollo de estrategias.
- Combinar luchas reivindicativas y programáticas con las l{ogicas prefigurativas.
- Conectar las luchas locales y nacionales con las luchas continetales y globales.
- Avanzar en la discusión y construcción de nuevas prácticas y de una nueva cultura política.
- Desarrollar experiencias de educación, proyectos productivos y economía social, de comunicación alternativa.

martes, 4 de diciembre de 2007

Saludo en el día del Minero Familiares de Saúl Cantoral




¡Las luchas de Saúl Cantoral siguen vigentes en las vidas de las familias mineras del Perú!

Los familiares de Saúl Cantoral Huamani expresan su más ferviente saludo a todos los trabajadores mineros del Perú en esta fecha tan memorable.

Como Familiares del mártir minero sabemos que toda reivindicación se ha conseguido mediante heroicas jornadas de lucha que en muchos casos han costado la sangre y la vida de muchos mineros.

La labor del trabajador minero siempre ha estado marcada por una inhumana explotación, el no reconocimiento de su trabajo, riesgo de salud y vida, y cuando reclaman con toda justicia son reprimidos, encarcelados y despedidos. Esto debe terminar y es necesario fortalecer las organizaciones sindicales desde los socavones hasta los inmensos tajos abiertos.

Por esto en esta fecha tan especial en que se reconoce la importancia del trabajador minero, exhortamos a todos los mineros del Perú, sindicalizados o no, a forjar y mantener la unidad. Sólo organizados podremos alcanzar justas reivindicaciones.

Expresamos nuestra gratitud a todos ustedes hermanos mineros por habernos acompañado en estos 19 años de búsqueda de justicia por el cruel asesinato de nuestro querido Saúl, ya que sin ustedes no hubiera sido posible arrancar de la Corte Interamericana de Derechos Humanos la sentencia que responsabiliza al Estado Peruano por la muerte del que fuera Secretario General de la FNTMMSP, que fuera asesinado cuando junto a mineros del Perú preparaban la tercera huelga minera.

¡Viva el Día del Trabajador Minero¡
¡Saúl Cantoral vive en el corazón de los Mineros y del Pueblo¡

Familiares de Saúl Cantoral
05 de diciembre de 2007


SAUL CANTORAL NO HA MUERTO

El que no habla a un hombre
no habla a nadie.
ANTONIO MACHADO

Jamás dejaste que las palabras o vientos te cerraran los ojos
Ni la tierra tan hosca como la desesperación de los lobos
Te entristeciera las manos con las cuales plantabas
en tus minutos de calma
Granadillas y mangos
Que comías con tu compañera antes de ir al trabajo

El tiempo fue una puerta abierta en tu vida
Por eso nadie pudo entender (a pesar de tu rostro
de campesino sin sueño)
A qué hora le enseñabas el amor a tus hijos
Y la felicidad (como un eucalipto) a tus amigos de barrio

Y si bien el sol no alcanzó la plenitud en tus labios
Poblaste con estrellas y huelgas los sueños del hombre
Por ello / cierta noche / cuando nadie te vio
Partir a ese rincón donde ni siquiera los gorriones existen
La policía aprovechó para partirte el corazón en infinidad de
pedazos

Cuando te enterraron una mañana de cardos y lluvia
Crecieron semillas y vientos como mares humanos
Y nadie pudo olvidar cuando bailabas huaynitos
en la sencillez de las fiestas
Ni dejar de repetir lo que tu esposa decía con una fotografía tuya
en el pecho:
"Saúl Cantoral no ha muerto / vive / como la primavera vive
en los resplandores maravillosos del alba"


Juan Critóbal (Poema del libro: "El llanto / el fuego", inédito)