martes, 27 de noviembre de 2007

¿Por qué no te callas? o la colonialidad del poder


“¿Por qué no te callas?” o la colonialidad del poder


Por Boaventura de Sousa Santos *
“¿Por qué no te callas?” Esta frase, pronunciada por el rey de España dirigiéndose al presidente Hugo Chávez durante la XVII Cumbre Iberoamericana realizada en Chile el pasado 10 de noviembre, corre el riesgo de quedar en la historia de las relaciones internacionales como un símbolo cruelmente revelador de las cuentas por saldar entre las potencias ex colonizadoras y sus ex colonias. De hecho, nadie se imagina a un jefe de Estado europeo dirigiéndose públicamente en esos términos a un par europeo, cualesquiera fuesen las razones del primero para reaccionar ante las consideraciones del último. Como cualquier frase que interviene en el presente a partir de una larga historia no resuelta, esta frase es reveladora en diferentes niveles.

En primer lugar, revela la dualidad de criterios para evaluar qué es o no democrático. Está documentado el involucramiento del primer ministro de España de entonces, José María Aznar, en el golpe de Estado que en 2002 intentó derrocar a un presidente democráticamente electo, Hugo Chávez. Como a esa altura España presidía la Unión Europea, esta última no puede siquiera clamar su total inocencia. Para Chávez, al actuar de esta forma, Aznar se comportó como un fascista. Podría llegar hasta a cuestionarse la adecuación de este epíteto. Pero, ¿no hay tantas razones para defender las credenciales democráticas de Aznar, como hizo patéticamente Zapatero, como para denunciar el carácter antidemocrático de su injerencia? ¿Se haría lugar a la misma vehemente defensa si un presidente electo de un país europeo colaborase en un golpe de Estado para deponer a otro presidente europeo electo?

La dualidad de criterios tiene aún otra vertiente: la valoración de los factores externos que interfieren en el desarrollo de los países. En los primeros discursos de la Cumbre, Zapatero criticó a aquellos que invocan factores externos para encubrir su incapacidad para desarrollar a los países. Era una alusión a Chávez y su crítica al imperialismo norteamericano. Pueden criticarse los excesos de lenguaje de Chávez, pero no es posible hacer esta afirmación en Chile sin tener presente que allí, hace 34 años, un presidente democráticamente electo, Salvador Allende, fue depuesto y asesinado por un golpe de Estado orquestado por la CIA y Henry Kissinger. Tampoco es posible hacerlo sin tener presente que actualmente la CIA tiene en curso las mismas tácticas usando el mismo tipo de organizaciones de la “sociedad civil” para desestabilizar a la democracia venezolana.

Tanto Zapatero como el rey quedaron particularmente irritados por las críticas a las empresas multinacionales españolas (búsqueda desenfrenada de lucro e interferencia en la vida política de los países), realizadas en diferentes tonos por los presidentes de Venezuela, Nicaragua, Ecuador, Bolivia y Argentina. Es decir, los presidentes legítimos de las ex colonias fueron mandados a callar pero, de hecho, no se callaron. Esta negación significa que estamos por entrar en un nuevo período histórico, un período poscolonial, teorizado, entre otros, por José Martí, Gandhi, Franz Fanon y Amílcar Cabral, y cuyas primicias políticas se deben a grandes líderes africanos como Kwame Nkrumah. Será un período duradero que se caracterizará por una fuerte afirmación de los países que se liberaron del colonialismo europeo en la vida internacional y se basará en la recusación de las dominaciones neocoloniales que han persistido más allá del final del período colonial. Esto explica por qué la frase del rey de España, destinada a aislar a Chávez, fue un tiro que salió por la culata. Por la misma razón se explican los sucesivos fracasos de la Unión Europea de aislar a Roberto Mugabe.

Pero, “¿por qué no te callas?” es todavía reveladora a otros niveles. Destaco tres. Primero, la desorientación de la izquierda europea, simbolizada por la indignación hueca de Zapatero, incapaz de darle cualquier uso creíble a la palabra “socialismo” e intentando desacreditar a aquellos que lo hacen. Puede cuestionarse al “socialismo del siglo XXI” –yo mismo tengo reservas y preocupaciones en relación con algunos desarrollos recientes en Venezuela–, pero la izquierda europea deberá tener la humildad para reaprender, con la ayuda de las izquierdas latinoamericanas, a pensar futuros poscapitalistas. Segundo, la frase espontánea del rey de España, seguida del acto insolente de abandonar la sala, mostró que la monarquía española pertenece más al pasado de España que a su futuro. Si, como escribió el editorialista de El País, el rey desempeñó su papel, es precisamente este papel el que más y más españoles ponen en cuestión, al abogar por el fin de la monarquía, en definitiva una herencia impuesta por el franquismo. Tercero, ¿dónde estuvieron Portugal y Brasil en esta Cumbre? Al mandar a callar a Chávez, el rey habló en familia. ¿Brasil y Portugal son parte de ella?

* Doctor en Sociología del Derecho (Universidad de Yale), catedrático de la Universidad de Coimbra (Portugal).

domingo, 11 de noviembre de 2007

La lógica político económica del gobierno alanista





Lógica político-económica del gobierno alanista

Jürgen Schuldt
La Insignia. Perú, octubre del 2007.


Nuestros tres últimos gobernantes llegaron al poder con la promesa de realizar cambios profundos en el modelo de acumulación para afrontar la formidable pobreza y la desigual distribución de la riqueza, con lo que nos catapultarían del maldesarrollo. En ese entendido, Fujimori (1990-2000), Toledo (2001-2006) y García (desde julio 2006) supieron hacerse exitosamente del sillón de Francisco Pizarro. Lo que lograron efectiva pero engañosamente adoptando lemas ("reformistas modernos y relativamente heterodoxos") para acabar con sus adversarios de campaña y aplicar políticas económicas y reformas estructurales neoliberales (en el mal sentido de la palabra), basadas en el igualmente mal llamado 'Consenso de Washington'. Con lo cual han venido conduciéndonos de vuelta por la senda de una modernizada primario-exportación y, más específicamente, de la variedad minero-hidrocarburífera.

Aunque sabemos, como decía un presidente argentino de los años cincuenta, que para llegar al poder había que ser 'populista' y una vez que uno esté en el él había que convertirse en liberal, ¿cómo entender que quienes postulaban desde siempre -inspirados en Haya de la Torre- principios socialdemócratas y políticas de centroizquierda puedan haberse torcido en serio hacia el liberalismo más chato en materia económica y hacia -en el mejor de los casos- una endeble democracia delegativa en el campo político?

Este proceso no puede entenderse sino a la luz, tanto de las peculiaridades de las fuerzas centrífugas que ha desatado la globalización, como sobre todo por la hiperinflación que gestó inexplicablemente Alan García en su primer gobierno (1985-1990). Este último fue un fenómeno sin precedentes, ya que históricamente esas superinflaciones -en casi todos los casos- se generaron como consecuencia de conflagraciones internacionales o de graves conflictos sociales internos, que finalmente desembocaron en cambios radicales del régimen político-económico vigente. A ese respecto, todos hemos leído alguna vez la célebre frase que fuera atribuida por Keynes ("Las consecuencias económicas de la paz", de 1919) a Lenin (aunque éste nunca la dijera), de acuerdo al cual "el mejor medio para destruir el sistema capitalista es viciar la circulación". Es decir, desatando una elevada inflación se genera tal descontento que madurarían las condiciones para cambiar radicalmente el régimen político.

En efecto, la hiperinflación en el caso peruano, a la vez que fue reflejo del agotamiento de una modalidad de acumulación, de la perversión de las instituciones y de la fragmentación sociopolítica del país, profundizó estos males por las drásticas políticas de estabilización y ajuste a que dieron lugar. El desborde de los índices de precios al consumidor de 1990 no solo acabó con el crecimiento económico, así como con la industria nacional y los sectores exportadores, sino que terminó de deshacer la institucionalidad, comenzando con el aún mayor desprestigio de los partidos políticos, pasando por la corrupción del sistema judicial y la ineficacia del educativo, hasta llegar al descalabro de los sindicatos y gremios empresariales. El país-político de los tercios, en que la derecha, el centro y la izquierda prometían un equilibrio sensato para asegurar la 'gobernabilidad' se rompió casi de la noche a la mañana, dando lugar al ascenso de aventureros de la más infausta calaña.

El vacío de poder que surgió desde las entrañas de esos procesos fue inteligente o criollamente aprovechado por los arquitectos neoliberales para imponer políticas que permitieron integrarnos pasiva y subordinadamente a la nueva división internacional del trabajo, necesariamente a favor de los grandes intereses del capital transnacional. Con el pretexto de aplicar políticas de corto plazo para apagar la fulminante inflación (que ascendió a 7.482% en 1990) y eliminar el cuantioso déficit externo (8% del PIB en 1988), generadas por el primer gobierno de García (1985-1990), fue Fujimori, quien -a partir de 1990 y sobre todo desde 1992- adoptó las políticas y reformas estructurales de largo alcance que condujeron a las transformaciones estructurales que han venido madurando durante los últimos tres quinquenios. En el marco de la globalización, la reiterada adopción de 'paquetes económicos' de apertura-liberalización desembocó en una modernizada modalidad de acumulación primario-exportadora, tan exitosa que el año pasado, del total de exportaciones de bienes bienes (23.800 millones de dólares, frente a los míseros 7.000 millones nominales del año 2001), las exportaciones primarias o 'tradicionales' representaron el 77,2% del total y las mineras (incluido petróleo y derivados) el 69,2%. Sin duda, estos resultados son reflejo de un triunfo del libre juego de los mercados oligopolizados a escala mundial y del ingreso de China y otros gigantes al mercado global, que permitieron el alza espectacular de precios de los metales y el natural afloramiento de las auténticas ventajas comparativas estáticas de nuestra economía.

Ello explica porqué el gobierno de García sigue también por esa ruta, a pesar de su ancestral, pero aparente, carácter anti-imperialista y anti-liberal. Si bien los economistas no somos mejores que los meteorólogos o astrólogos en materia de predicciones, pensamos que esa vía se extenderá y profundizará aún más en los casi cuatro años que le quedan y seguramente bastante más allá. Pero, por más difícil que resulte un pronóstico, más aún con un gobierno tan voluble como el actual y que se nutre de una filosofía relativista del tiempo-espacio histórico (que permite justificar cualquier metamorfosis política), disponemos de una serie de indicios que creemos nos permiten vislumbrar con alguna certidumbre lo que el futuro nos depara. Para lo que nos concentraremos en la visión económico-política que creemos guía a la cúpula del gobierno alanista, cuyo credo puede sintetizarse en unos pocos artículos de fe.

En primer lugar, dado el marco de la apertura indiscriminada a la globalización procesada durante los últimos quince años, son concientes que en el mercado mundial ya no queda mayor espacio para nosotros, ni como productores de bienes industriales o servicios intensivos en tecnología, ni para especializarnos en mercancías intensivas en trabajo de la industria manufacturera o de maquila. La irrupción de economías gigantes como China, India y Rusia a la mundialización, así como las demás del este asiático, así lo dictan, dada su muy abundante fuerza de trabajo barata relativamente bien calificada, su poder de negociación, sus avances tecnológicos y la explosión de sus diversificadas y dinámicas exportaciones.

Consecuentemente, no quedaría otra alternativa que asumir resignadamente nuestras tradicionales ventajas comparativas estáticas, las que obviamente radican en la explotación-exportación de recursos naturales, especialmente de los no renovables (minería e hidrocarburíferos). De ahí que los líderes del gobierno ya hayan tirado la toalla: ahora son concientes que las reformas que requeriría el país para insertarse de otra manera en la globalización tomaría demasiado tiempo y exigiría alianzas políticas complejas que hoy resultan imposibles. Además, las reformas demorarían demasiado en madurar, especialmente si uno está desesperado por cosechar sus frutos inmediatamente. Lo que nos permite entender porqué no están adoptando aquellas políticas que permitirían conciliar las dinámicas de la globalización con la expansión del mercado interno, la integración productiva nacional en forma de clusters y una descentralización sin cortapisas. Es ese el caso de las inicialmente tan publicitadas e indispensables reformas del estado, de la educación, de la fiscal, de la laboral, de la carrera magisterial, del ordenamiento territorial, etc.

En cambio, una apuesta por los minerales como eje de acumulación rinde frutos relativamente rápidos y por más 'malditos' que puedan resultar los recursos naturales (según la hipótesis de la paradoja de la abundancia) resulta más 'realista' en un país donde se pone la pala -en economía- brota el mineral, paralelamente al ya clásico de nuestra política del "donde se pone el dedo, brota la pus" (Gonzalez Prada). Como esa estrategia ya está en marcha y como ha mostrado sus éxitos por el auge de la inversión extranjera directa que ha ingresado masivamente desde 1993, a la par que ha generado casi tres cuartas partes de nuestras divisas por concepto de exportaciones, no hay otra alternativa que seguir por la vía trazada y emprendida ("el camino de la dependencia", lo llaman) por los dos gobiernos anteriores. En vista de tal bonanza macroeconómica, se deben haber preguntado, ¿para qué arriesgarse a cambiar el modelo inaugurado por Fujimori y que ya con Toledo rodaba con piloto automático y a ritmo de crucero?

Estos doctas reflexiones y prematuros desmayos del gobierno -bastante justificadas por cierto desde una perspectiva de corto plazo- permitirían explicar porqué han abortado también otra serie de proyectos que parecía iban a materializarse por parte del actual gobierno que, en principio, iba a seguir políticas socialdemócratas: botaron fuera de borda el Acuerdo Nacional, los esfuerzos de concertación multisectorial, las políticas industriales, el fomento y la generación de cadenas productivas, el fortalecimiento de la Comunidad Andina de Naciones, una revisión 'línea por línea' del TLC con EEUU, cualquier enmienda de los contratos mineros y petroleros, su intención de cuidar el medio ambiente (¡ahora conceden permisos de exploración-explotación en reservas naturales!), su negativa a cobrarle regalías a todas las mineras pretextando que poseen estabilidad tributaria (cuando no son un tributo), etc. En cambio, todas las acciones -aparte de chiches políticos necesarios para morigerar temporalmente conflictos sectoriales o regionales domésticos- están dirigidas a alcanzar el 'grado de inversión', privilegiando naturalmente la inversión transnacional en minería y petróleo-gas. Para lo que era fundamental ir hacia acuerdos de 'libre' comercio, condenar y perseguir a las molestas ONG que 'malinforman' a las comunidades y generan conflictos sociales 'con financiamiento externo', respetar la estabilidad tributaria de las mineras, etc. Ello le daría sostenibilidad a la economía y, eventualmente, por el financiamiento proveniente de los enormes guarismos de canon y regalías, también aseguraría endeblemente la 'paz social'.

Por lo demás, en ese esquema de acumulación se dispone del apoyo irrestricto de los organismos financieros internacionales (FMI, BM, BID) y de la gran banca de inversión transnacional, así como del aún más incondicional de las grandes empresas transnacionales radicadas en ese sector minero-petrogasífero (y el financiero y de telecomunicaciones), todas las que los apoyarían para conseguir no solo el 'grado de inversión', sino también el financiamiento externo que requieren para sufragar nuestras importaciones, las que crecerán a ritmos acelerados para estimular el crecimiento económico que desean que llegue a un promedio sostenido de 7-8% en los próximos años y décadas. A este respecto, por lo demás, ya sabemos que vendrá una catarata de inversión extranjera; por lo pronto 11.400 millones de dólares se invertirán entre 2007 y 2014 solo en el subsector minero. Amparados en ese apoyo y a efectos de compensarlos, el interés peculiar y la prepotencia del gobierno en este campo se reflejó también, hace unas pocas semanas, con el proyecto de Ley que el Ejecutivo envió al Congreso para declarar de 'prioridad nacional' veinte proyectos mineros (algo de por sí insólito), entre los que figuraba nada menos que el de la minera Majaz, cuando solo unos días antes los comuneros de las localidades circundantes habían votado por un rotundo 'No' en contra de ese emprendimiento.

También es muy significativo en relación a ello, que ahora no le interesan tanto -como en su primer gobierno- las encuestas internas (este mes el grado de aprobación del presidente ha caído a un sorprendentemente bajo nivel del 30%, según la última encuesta a nivel nacional de Ipsos-Apoyo), que durante su primer gobierno causaran tanta gastritis. Sólo tiene la mira puesta en las opiniones de los electores externos que le darían el 'grado de inversión'. Habrá que esperar tres años para que vuelva a mostrar preocupación por la opinión pública doméstica, cuando se inicie un nuevo 'ciclo político de la economía', unos 18 meses antes de las elecciones generales del 2011.

Por lo demás, parecen saber que -de profundizarse esa tendencia productivoexportadora y de mantenerse los precios internacionales e incluso si cayeran a su nivel 'normal' de largo plazo- el tipo de cambio se irá revaluando crecientemente, dando lugar a una 'enfermedad holandesa' que ya nos contagió desde hace un año. De manera que, por más esfuerzos que haga el Banco Central (en lo que va del año ha tenido que comprar la friolera de 8.000 millones de dólares para que el sol no se revalúe aún más) el tipo de cambio de mediano plazo tenderá a caer paulatinamente en términos nominales y reales, a medida que se prolonga y se profundiza el esquema primario-minero-exportador de acumulación que ha decidido implementar a toda costa el presente gobierno. Por lo demás, una vez que se ha comenzado a desbrozar el camino por esa ruta, el trazo estará definido y nadie puede escapar de esa dirección, dado que las instituciones y las alianzas sociopolíticas que se alinean y fortalecen en esa vía impiden tomar rutas nuevas (el "camino de la dependencia", como lo llaman).

Ciertamente que, con ese bajo tipo de cambio, tendrán como interlocutores-enemigos permanentes a los exportadores agroindustriales y del empresariado de las ramas transables de la industria manufacturera, que serán desalojados paulatinamente de sus espacios de reproducción por falta de rentabilidad. Ya que las importaciones serán cada vez más baratas, a lo que habrá que añadir la reducción de aranceles que se acaban de reducir inconsulta y unilaterlamente y las consecuencias de los TLC que se vienen negociando, tanto aquellos como también el campesinado serán las más tenaces fuerzas de oposición política, a las que se colgarán también las desplazadas y desilusionadas bases del partido del pueblo.

Como contrapeso, sin embargo, gracias al dólar barato y a la reactivación interna que lo acompaña, contarán con el apoyo de los más desperdigados productores de mercancías no transables (construcción, servicios, comercio, energía, telecomunicaciones, etc.) que habrán de expandirse y beneficiarse a ritmos acelerados, así como todos los grandes grupos de comerciantes importadores.

También parecen ser concientes que este esquema es socialmente excluyente y que dará lugar a muchos enfrentamientos y movilizaciones a nivel local y regional. Pero, asimismo, son sagaces conocedores del hecho que esa vía de acumulación primario-exportadora es la que promete la generación de más excedentes económicos y, consecuentemente, de mayores ingresos fiscales. Y son éstos justamente, a través de una adecuada recaudación tributaria, los que les permitirían apagar los diversos incendios sociopolíticos que se irán acumulando, reforzando así la capacidad de convencimiento y de negociación que poseen para con los 'revoltosos'. Aunque con ello se profundizará nuestra democracia delegativa, cada vez más autoritaria por lo demás, también será más potente y selectivamente distributiva para 'los que tienen voz'.

No será, por tanto, un gobierno que podrá quedarse dormido en los laureles que viene cosechando de gobiernos anteriores y del hasta hace poco boyante mercado mundial, sino todo lo contrario. Aparecerán, día a día con más nitidez, las fracturas y las movilizaciones que se han venido incubando desde hace dos o tres décadas, potenciando los quiebres que se han ido dando en los últimos meses. No bastará ya un primer ministro bombero, que hasta ahora ha salido indemne, gracias a una serie de truculentas negociaciones.

En pocas palabras, aunque pueda sonar paradójico, la lógica político-económica de este gobierno es perfectamente sensata, no sólo porque García tiene que reivindicarse con los libros de historia, sino porque da toda la impresión de querer atornillarse en el poder hasta muy entrado en el siglo XXI. Apuesta por la continuación del boom minero-hidrocarburífero, en que especula que dispondrá de los excedentes necesarios para adoptar políticas clientelares y 'populistas' que le permitan mantenerse incólume en el poder. Hay que tener presente que aún tiene buen tiempo para cambiar la Constitución (para lo que se requiere de dos legislaturas ordinarias), de manera que se pueda materializar la reelección, a pesar de salir tan maltrecho de las encuestas domésticas de opinión... por el momento.

Por cierto que a este aventurado pronóstico hay que ponerlo en un enorme ceteris paribus, dadas las amenazadoras turbulencias económico-políticas provenientes del mercado mundial y aquellas conflagraciones sociopolíticas que previsiblemente se desatarán domésticamente... lo que no sólo revertiría el proceso que ahora promete el 'grado de inversión', sino que derivaría en una conmoción generalizada que desnudaría el endeble carácter del 'modelo', cuyas consecuencias políticas sí que son previsibles.

jueves, 8 de noviembre de 2007

La mulderización del APRA

Mulderización del APRA
Por Raúl Wienner

En consonancia con el pensamiento Mulder, los bajos fondos de la politiquería aprista están distribuyendo un volante que hace el siguiente razonamiento que tan bien retrata al actual gobierno:

Que marchas, paros y violencia, son la misma cosa.

Que una cantidad de personas sean declaradas inocentes por la justicia y otros cumplan su condena, equivale a que el Poder Judicial libera miles de terroristas.

Que estas personas estén en libertad, significa que están organizando los paros y la violencia.

Que haya habido un ataque, probablemente relacionado con el narcotráfico, en el distrito de Occobamba en Apurímac, implica que los de las marchas, paros y violencia, dirigidos por los liberados por el poder judicial, han empezado a matar policías.

Que Chávez siempre está entregando dinero para este tipo de actividades, además de apoyar las casas del ALBA que vulneran la soberanía nacional curando ancianos con glaucomas y cataratas.

Que, como queda demostrado, Sendero, CGTP, humalistas y chavistas son parte de un plan para mantenernos en la miseria, impidiendo que este gobierno entregue todos los recursos naturales a las grandes inversiones, que es nuestra única esperanza.

Por eso es que todos estos sirven a los chilenos.

¿Se dan cuenta? Está clarísimo: si uno quiere protestar ya es violento por definición. Y si es violento es porque es terrorista. Y los jueces deberían condenar a todos los que les entrega la policía y no dejar salir a nadie, para que no se organicen huelgas, paros y violencia.

Y que hay una relación entre la jornada de lucha de la CGTP y Occobamba, y entre estos dos y la plata de Chávez, como que se requiere mucho dinero para caminar por las calles de Lima. Y que si no encontramos senderistas que mandar presos, podemos hacerlos con los de la CGTP, los humalistas y los chavistas, si son iguales.

¿Y los chilenos qué tienen que ver aquí?

Sólo Mulder y el diario “La Razón” podrían explicarlo. Porque no ha habido gobierno más pro-chileno que el de García, en todos los campos.

07-11-07

www.rwiener.blogspot.com

miércoles, 7 de noviembre de 2007

¿EL APRA COMO FUERZA DE CHOQUE FASCISTA?

¿eL APRA como fuerza de choque fascista?

El día de mañana se desarrollará una nueva jornada de lucha convocada por la principal Central Sindical del Perú, la CGTP. Tras una pausa, con el semestre anterior plagado de luchas explosivas a lo largo y ancho del país que tuvo su culminación en el paro del SUTEP, las marchas y paros vuelven.

Como lo han dicho ya varios analistas, estas no hacen sino reflejar el incumplimiento de las promesas electorales e incluso de los acuerdos firmados tras los paros y movilizaciones. Vivimos el agotamiento de un modelo que enriquece a los grandes capitales y a sus empleados, todos ellos en el Estado. La situación está mejor, según ellos, sin embargo cada vez más los peruanos se aproximan a una polarización política resultado de la polarización social creciente, expresada incluso geográficamente.

Con una popularidad en caída según las encuestas, el presidente Alan García, converso ultra-neoliberal, parece atizar esta confrontación en ciernes para la que el propio García sirvió como contención en las elecciones presidenciales. Al más puro estilo aprista, desvergonzadamente oportunista por supuesto, hizo la Promesa del Cambio Responsable para terminar convirtiéndose en el gobierno ultraneoliberal, para garantizar los privilegios del periodo neoliberal nacido y consolidado, en dictadura, con corrupción y con terror por el Fujimorismo.

Efectivamente, el señor García llama "perros del hortelano", comunistas disfrazados de ecologistas, a quienes se oponen a la política de saqueo que viene implementando en el país en desmedro de los campesinos, de los provincianos, de los migrantes en las grandes ciiudades, de los pueblos indígenas. Para ello, y de fondo, en mensaje a la nación, en lenguaje mackhartista, convoca a los sectores menos favorecidos, a los que no tienen para pelear siquiera por un mejor sueldo, para enfrentar a estos privilegiados que se oponen a la inversión que trae trabajo.

Y por supuesto, aparecen los rebrotes subversivos, se produce el asesinato de un policía y se genera el miedo y la sensación del regreso de la violencia, sensaciones promovidas por el propio Fujimorismo para legitimarse y legitimar su política pro gringa, pro capitalista, pro neoliberal.

Ante el Paro, o Jornada de Lucha, el APRA y su apendice sindical, la Central de Trabajadores del Perú (CTP), anuncia que se movilizará en defensa de los derechos de los trabajadores criticando la politización realizada por las organizaciones sindicales mayoritarias, como si su adscripción al APRA y sus posturas no fueran políticas. ¿Su participación contra el gobierno bolivariano en manifestaciones en la Embajada de Venezuela no son acaso muestras de su politización?

Lo concreto es que se está larvando una lógica fascista cuyas fuerzas de choque pretende Alan garcía será el APRA. Sembrar miedo, terror, convocatoria a la violencia, demonización anticomunista, pretención de utilizar al pueblo contra el pueblo en defensa de los intereses de los más privilegiados son muestras de la implementación de una lógica fascista. El alinemaiento derechista que se producía medio por lo bajo, hoy sale a la luz convocando incluso al Fujimorismo, a través de las palabras de un congresista de Unidad Nacional. El Apra, para Alan garcía, debería volverse fuerza de choque fascista.

domingo, 21 de octubre de 2007

Reactualizar el proyecto político del Che Guevara


Entrevista al argentino Néstor Kohan
Recuperar y reactualizar el proyecto político del Che Guevara

Andrés Figueroa Cornejo
Rebelión

Néstor Kohan, uno de los integrantes del Colectivo Amauta e impulsor de la Cátedra Che Guevara de Buenos Aires, Argentina (amauta.lahaine.org), estuvo de visita en Chile la segunda semana de octubre. Fue invitado por el Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR) a una serie de actividades en poblaciones y en universidades. Entre estas últimas, en la Universidad ARCIS de Santiago se desarrolló la “Cátedra Internacional Ernesto che Guevara”, donde además del FPMR también coorganizaron la actividad el Movimiento por la Asamblea del Pueblo (MAP) y el Movimiento Convergencia Revolucionaria (MCR).

Inspirado en el marxismo latinoamericano de José Carlos Mariátegui y Ernesto Guevara, entre otros revolucionarios, Néstor trató temas amplios, necesarios y urgentes para los actuales procesos de reconstrucción de los proyectos populares del continente.


En uno de tus textos últimos, muy difundidos, afirmas que las “clases dominantes no se suicidan…”


“Esa expresión yo la escuché en una película sobre Salvador Allende, donde los realizadores entrevistan al embajador norteamericano de esa época en Chile –uno de los jefes de la contrarrevolución y hombre de la CIA-. Me sorprendió su testimonio. Me pareció muy lúcido cuando dice en un momento, con un cinismo brutal y desenmascarado, que “ninguna clase social se suicida..., ¡esto ya lo descubrió Lenin!, ¿Qué querían inventar?”. Entonces me pareció muy clara esa confesión doble de parte de este asesino de la CIA. Primero, la reivindicación de Lenin, y segundo, el planteamiento de que el viejo sistema capitalista no va a permitir pacíficamente que los trabajadores, el pueblo, la juventud, busquen cambiar la sociedad de raíz. Porque cuando las clases dominantes se sientan amenazadas, no van a dudar un segundo en desarrollar una guerra civil y ejercer toda su fuerza represiva. A mi modo de ver, el campo popular no puede eludir este hecho, no puede decir que ‘el poder no existe’ o que ‘el poder es difuso y está en todos lados’, que ‘el poder circula’ y, por tanto, supuestamente, de manera dispersa, espontánea, vamos a transformar la sociedad, sin hacernos cargo de que –si bien es cierto que el poder no sólo se encuentra en el Estado- el Estado existe, el ejército existe, las cárceles existen, la policía existe, los servicios de inteligencia existen...”


DE LA RESISTENCIA CULTURAL AL PROYECTO POLÍTICO


¿Por qué propones que hay que retomar el legado del Che desde otra óptica en la actualidad?


“No estuvo mal reivindicar en los años 80 y 90 al Che como figura ética, cultural, moral, como alternativa frente al mercado neoliberal, y al avance del postmodernismo. Nosotros mismos formamos parte de esos movimientos que rescataron al Che en esos ámbitos. Lo que quiero señalar es que hoy, en el siglo XXI, esa lectura del Che ya no alcanza. Actualmente, no nos podemos detener en esa imagen del Che, congelándolo y cristalizándolo, porque las nuevas maneras de dominar que tiene el capitalismo no responden a esas presentaciones clásicas del neoliberalismo del estilo de Menem, Fujimori, Collor de Melo, que eran capitalistas salvajes, con programas de choque. Tal como Margaret Thatcher tenía su frase “no hay alternativa”, Menem cuando castigaba al movimiento sindical, por ejemplo ante la lucha de los ferroviarios, decía “ramal ferroviario que para y hace huelga, ramal ferroviario que cierra.”

Nos parece que hoy, el capitalismo se ha ido reciclando y, a la vez, manteniendo las formas de dominación clásicas, pero modernizándolas. Los grandes empresarios y sus estrategas –‘tanques pensantes’, ‘intelectuales orgánicos’ del gran capital y el imperialismo- se dieron cuenta que como el neoliberalismo a cara descubierta generó tanta rebelión en Argentina, en Bolivia y en muchos países de América Latina, había que actualizar el discurso, y para mantener la dominación de las viejas clases dominantes era preciso establecer un lenguaje más flexible para dominar de una forma más elástica, incluso apelando a ciertos rituales ‘progresistas’ con el fin de frenar los conflictos sociales e institucionalizar la protesta, mientras se mantenía el modelo neoliberal en sus aspectos centrales. Me refiero al pago de la deuda externa, un modelo de explotación de los recursos naturales; donde se reemplazan las antiguas agriculturas por la soja transgénica, por ejemplo.

Entonces, se fueron perfeccionando las maneras de hacer política para garantizar el orden. Se modificaron símbolos y discursos, dejando intactas las formas de dominar. Por eso, desde la izquierda que busca el socialismo, la izquierda guevarista, tenemos que dar cuenta de esos cambios. No podemos seguir exactamente igual que hace 15 años. Creo que hoy tenemos que dar un pasito más, sin renegar de lo que hicimos (estamos orgullosos de haber resistido en aquellos años el huracán neoliberal y la moda postmoderna que lo acompañó), pero ahora el guevarismo tiene que asumirse como un proyecto fundamentalmente político y no solamente de resistencia cultural. Ya no podemos continuar a la defensiva, en el puro plano de la resistencia. Debemos acusar recibo de los cambios habidos en la política latinoamericana, con gobiernos pseudos progresistas, desde el justicialista Néstor Kirchner y su esposa Cristina al (reciclado) Frente Amplio uruguayo de Tabaré Vázquez, y del ex militante clasista Lula hasta el gobierno chileno de Bachelet (que nada tiene que ver con el socialismo de Allende, dicho sea de paso).”


Tú señalas la inexistencia de burguesías nacionales antiimperialistas…


“Nosotros planteamos que es inviable cualquier propuesta de ‘capitalismo nacional’ en América Latina. Porque la gran figura retórica a la que apelan los gobiernos que mencioné antes, de diversas maneras, es al ‘capitalismo a la uruguaya’, al ‘capitalismo nacional’ de Kichner y hasta donde su opositora Lilita Carrió habla de ‘capitalismo ético’. Estas definiciones siempre se asientan sobre ciertas clases sociales y el problema es que para que exista un proyecto realista de ‘capitalismo nacional’ tiene que haber una burguesía nacional que lo encabece, antiimperialista, que privilegie el mercado interno por sobre las exportaciones, que postule la intervención estatal por sobre el mercado. Y nosotros estimamos que no existe ese sujeto social en América Latina. Las burguesías continentales, las de verdad, no las de las propagandas, no tienen un proyecto de país independiente. Han nacido asociadas históricamente a las viejas oligarquías. Son, en realidad, oligarquías aburguesadas y burguesías oligárquicas. Y ya algún autor las ha definido como ‘lumpen burguesías latinoamericanas’, mucho antes que se pusiera de moda el narcotráfico. Sí, son lumpenes. Son burguesías con proyectos de ganancias extraordinarias a corto plazo y nunca consideran un horizonte a largo plazo, ni siquiera para independizar a sus paises por la vía capitalista. Y si existen, están completamente subordinadas al gran capital, porque históricamente así nacieron. Con la globalización esta situación se ha profundizado. Sobre todo después de las dictaduras militares de los 60 y 70.”


¿En qué fuentes te basas?


“Nosotros, en el pensamiento latinoamericano, apelamos a Mariátegui y al Che, porque ellos fueron quienes de manera más clara han cuestionado (junto con la teoría marxista de la dependencia –a través, por ejemplo, del autor brasileño que actuó en Chile, Ruy Mauro Marini, y diversos pensadores y dirigentes latinoamericanos) la existencia de una burguesía nacional antimperialista y progresista. Las burguesías nacionales existen, pero están completamenete subordinadas: son raquíticas, impotentes, domesticadas, carecen de un proyecto propio a largo plazo.”


LA TÁCTICA DEL ‘PACTO SOCIAL’


Aquí en Chile, la Concertación procura su reordenamiento a través de lo que denomina `pacto social’…


“La propaganda de Cristina Kirchner, la futura presidenta argentina, también usa la frase del “pacto social”. Pero, nos parece que sólo es una fórmula para ganar votos, una triquiñuela de marketing electoral, porque en realidad no hay un “pacto social”. Lo que hay es una imposición de los empresarios y cualquier movilización de los trabajadores es reprimida duramente. Los trabajadores que ellos no pueden cooptar, son reprimidos, ilegalizados, les abren causas judiciales. Ni siquiera a centrales sindicales con hegemonía reformista, como la Central de Trabajadores Argentinos (CTA), les dan la personalidad jurídica. No es el “pacto social” clásico del reformismo populista. Simplemente es una apelación discursiva para pilotear la situación coyuntural y garantizar la gobernabilidad, pero no hay una real propuesta de una burguesía independiente.”


EL PODER


¿Cuál es el eje de la política guevarista?


“El Che siempre decía, a través de sus escritos e intervenciones, que el ABC de la revolución era el problema del poder, y que cuando la izquierda no asume esa dimensión central como el gran problema a resolver, evidentemente se desbarranca por distintas vías.

Plantearse el problema del poder no significa lanzarse a la toma de un cuartel pasado mañana. No hay que ridiculizar el proyecto político del guevarismo. Pero hay que ubicar al poder en el núcleo de la estrategia y el proyecto político. Aquellas organizaciones populares que no tienen una estrategia de poder explícita, en el fondo, sí tienen una estrategia de poder... la estrategia del poder (y del estado) burgués. O sea, son organizaciones que aceptan como algo inmodificable el Estado capitalista. Por lo tanto, eluden ese problema porque no lo pueden enfrentar. Mirar para el costado, meter la cabeza debajo de la tierra o hacerse el distraído no rsuelve el problema. No tiene sentido una propaganda “super radicalizada”a largo plazo si no se asume una estrategia para derrocar el poder burgués.”


Tú estableces relaciones relevantes entre el Che y el italiano Antonio Gramsci…


“Gramsci ha sido leído en América Latina de diversas maneras. Las formas institucionales, académicas, sobre todo desde los años 80 en adelante, estuvieron muy teñidas por becas socialdemócratas –en especial de Alemania-, que desde publicaciones como la surgida en Venezuela, llamada “Nueva Sociedad”, cooptó a diversos intelectuales que intentaron vender una imagen de Gramsci ‘dulce’, ‘suave’, ‘light’, ‘edulcorada’, que no tiene nada que ver con el Gramsci real.

¿Qué pensaba Gramsci de las ocupaciones de fábricas? Él consideraba que ocupar las fábricas –que ya es una medida muy radicalizada- no alcanzaba si no contemplaba una guardia militar. ¿Cómo gana Gramsci la dirección del Partido Comunista italiano? De manera muy dura. El Gramsci que existió realmente no tiene ninguna relación con la visión que de él construyeron las academias. Ese Gramsci real está mucho más cerca del Che Guevara, de Lenin, incluso te diría, de Giap. Gramsci también plantea como problema central el poder. Así establece distintos niveles de las relaciones de fuerzas. Jamás se propone el asalto al poder sin una acumulación previa. Pero para alcanzar a lo que llegó España, por ejemplo, en la década del 30; El Salvador en los 80; y hoy Colombia, un estadio de guerra civil abierta, donde el pueblo se divide en dos partes y la confrontación es político militar, existe toda una acumulación previa que tiene que ver con la lucha de masas, con la lucha sindical, la campesina, la estudiantil. El Che señala en su trabajo Guerra de guerrillas: un método, que la confrontación político militar es una lucha de masas. Guevara tenía una gran admiración por el pueblo vietnamita y por su guerra de liberación contra Estados Unidos, y por el General Giap, a quien el Che prologa y presenta en castellano al público latinoamericano; prólogo donde también insiste en que las guerras de liberación deben ser de todo un pueblo. En este tema, el poder no es como nos lo quisieron vender las fundaciones socialdemócratas y las tantas Ong’s. No es una obsesión de cuatro locos aislados del pueblo; “foquistas”, “militaristas”, que desprecian la lucha sindical, estudiantil, campesina, sino que es algo completamente distinto. La lucha por el poder es el eje de una estrategia que abarca diversas formas de lucha, donde la confrontación político militar es el punto de llegada y nunca el punto de partida de una lucha popular de masas. Fidel Castro antes de lanzarse al asalto del Cuartel Moncada experimentó diversos tránsitos políticos. Que no se conozcan hoy no quiere decir que no hayan existido. Si se reduce al Che a un loco suelto que se va a la selva, que está aislado de los campesinos, de los mineros en Bolivia o que anda generando revoluciones en paracaídas en cualquier lugar del mundo..., esa es una imagen caricaturesca de las biografías mercantiles o de las películas de Hollywood. Entonces, desde ese ángulo al Che se le puede rendir culto, homenaje, pero no es útil para la lucha actual. Ahora, si concebimos el pensamiento del Che centrado en la estrategia para la toma del poder, que abarca todas las formas de lucha y que es complementario con esta lectura de Gramsci sobre el análisis de situación y las relaciones de fuerza, me parece que sí el Che es muy actual para los movimientos sociales contemporáneos, a nivel mundial pero sobre todo para América Latina.”


LA VALORACIÓN DE SANTUCHO


En Chile se vincula mucho la vida política del argentino Santucho, uno de los fundadores del Partido Revolucionario de los Trabajadores, con Miguel Enríquez, Secretario General del Movimiento de Izquierda Revolucionaria. ¿Qué significa para ti Santucho?


“Mario Roberto Santucho fue para mi generación, un nombre prohibido, alguien innombrable. No estaba en las remeras, como el Che Guevara, ni en los afiches. Era el sinónimo de un ‘demonio’ (así lo denominaba la derecha). Y lamentablemente, un sector del movimiento popular compró esa leyenda mal intencionada. Pero de a poco, y no es casual, a medida que crece la fuerza del campo popular, renace el interés por el pensamiento de Santucho. Así se comienza a desmontar esa teoría de los dos ‘demonios’ (el terrorismo de estado y el “terrorismo de izquierda” donde, supuestamente, estarían Santucho y el Che Guevara). A contramano de esa triste teoría de los dos demonios, comenzó a nacer un nuevo interés entre los jóvenes por saber quién era Santucho, quiénes eran los compañeros de Santucho, porqué peleaban y combatían... cuales eran sus sueños e ideales... Empezaron a editarse películas, libros. En las movilizaciones populares argentinas hay un montón de organizaciones piqueteras, de grupos estudiantiles y culturales que empiezan a utilizar la bandera del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), que es la bandera del Ejército de Los Andes de San Martín, celeste y blanca, con una estrella roja de cinco puntas en el medio. No es accidental que nuestro Colectivo Amauta, Cátedra Che Guevara, tenga dos banderas. Una de ellas es la que describí recién. Ese creciente interés no es casual, no es accidental.”


La posición política de Mario Roberto Santucho no es producto de una situación local…


“Santucho no es un individuo aislado, al igual que el Che. Es parte de una constelación mayor que tiene que ver con el marxismo latinoamericano. Santucho constituye uno de los continuadores del pensamiento político del Che; yo creo que es un hijo político del Che Guevara. Y tiene que ver con toda esa generación, donde se incluye el chileno Miguel Enríquez, el salvadoreño Roque Dalton, el nicaragüense Carlos Fonseca, el uruguayo Raúl Sendic, el boliviano Inti Peredo, el brasileño Carlos Mariguella Toda una liga de revolucionarios que intentaron llevar a la práctica y continuar el legado del Che.

¿Dónde estaría el eje de Santucho? Él tomó un tema olvidado por la mayor parte de la izquierda argentina; el problema del poder. Santucho con Miguel Enríquez y otros compañeros, escriben la primera editorial de la revista “Che Guevara”, que era el órgano de la Junta de Coordinación Revolucionaria (JCR), que agrupaba al Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros de Uruguay, al Ejército de Liberación Nacional de Bolivia, al Partido Revolucionario de los Trabajadores-Ejército Revolucionario del Pueblo de Argentina, y al MIR chileno. Allí plantean –sin ningún sectarismo- que la izquierda tradicional fue muy abnegada, muy valiente, que ha sufrido la represión y la clandestinidad, pero que, lamentablemente tenía una línea política y lectura de Latinoamérica equivocada. En el sentido de que la izquierda tradicional evaluaba que América Latina había sido feudal; que el desarrollo capitalista tiene etapas fijas y predeterminadas y que, por tanto, la revolución pendiente en el continente no debe ser socialista, sino democrático burguesa. De ahí derivaban a una línea errada: el reformismo; es decir, tratar de cambiar la sociedad sin tomar el poder, sin chocar con las instituciones centrales de las viejas clases dominantes, y mediante el tránsito pacífico al socialismo. De este modo, Santucho y los demás, planteaban una crítica muy lúcida. De manera respetuosa, apelaban a la unidad con la izquierda tradicional bajo la condición de superar el reformismo. Así, a pesar de tanta abnegación y tanta militancia sacrificada, ella había abandonado el tema del poder. A principios de la década del 20, el anarquismo argentino –que no tiene nada que ver con el anarquismo antimarxista, puramente literario y becado de las academias-, sino que era un anarquismo combativo y de trabajadores, fue salvajemente reprimido por el ejército y regó la Patagonia argentina de cadáveres. En esa rebelión hubo muchos hermanos chilenos que participaron de la rebelión... dicho sea de paso. Entonces Santucho indica que, después de esas experiencias libertarias de lucha por el poder y después del clasismo consecuente de los comunistas de la década del 20 y 30, la izquierda argentina abandonó el tema del poder. Y eso generó que los sectores mayoritarios de la clase obrera quedaran subordinados al populismo peronista. Santucho cuestionaba tanto al viejo reformismo del PC, como al populismo del peronismo de izquierda, el peronismo armado de Montoneros. El pensamiento de Santucho encara esa doble batalla. A ambos grupos (comunistas y montoneros) llama a la unidad, al mismo tiempo, criticándoles el reformismo y el populismo. No es casual, entonces que hoy, a 41 años del asesinato de Santucho, el problema del poder y la tradición política de Guevara y Santucho vuelvan a la agenda política de una nueva generación de movimientos sociales.”


LA PUEBLADA ARGENTINA DE 2001


A inicios del actual milenio, el pueblo argentino nos dio a todos una tremenda sorpresa…


“La rebelión popular argentina de diciembre de 2001 fue importantísima. Y no cayó como un rayo inesperado en el mediodía de un día de sol. Fue el punto de llegada de una acumulación previa que no fue visible, pero que fue producto de todo un movimiento de bases, en los barrios, en las poblaciones, en los sectores juveniles. No fue completamente organizada, pero tampoco fue tan “espontánea” como cierta literatura académica (de algunos “piquetorólogos”) intentó describirla a posteriori. Porque sucedió la rebelión y luego vinieron los académicos, intentando meterla en los moldes preestablecidos -de signo postmoderno-,para que entrara en los relatos de moda, del espontaneísmo absoluto, de que era algo completamente nuevo sin vinculo alguno con la militancia histórica anterior. La rebelión vino de grandes manifestaciones de la década de los 90, encabezadas por dirigentes sindicales que se habían quedado sin trabajo; viejos militantes de los 60 y 70... Los movimientos piqueteros, a diferencia de lo que decían los “piqueterólogos”, no eran tan nuevos como se aseguraba. Mejor dicho, eran formas nuevas pero que mantenían vasos comunicantes con experiencias anteriores que las posibilitaron. Era una nueva forma de lucha, pero donde había una presencia de militancia de izquierda. Si uno rastrea quiénes son los principales referentes de los piqueteros se da cuenta de que muchos vienen de militancia anterior en los partidos de izquierda. Entonces, la rebelión de 2001 fue producto de la aparición de nuevos sujetos sociales y una nueva generación de luchadores y luchadoras , complementada por una dirigencia sindical clasista que se había formado y había hecho su primera experiencia militante en la izquierda marxista.”


¿Qué aprendizajes se sistematizan de la rebelión de 2001?


“Ella nos enseña que cada generación debe aprender de las anteriores. El postmodernismo nos trató de vender la ilusoria y fantasmagórica mentira de que “no hay nada que aprender de antes, empezamos de cero”. Rodolfo Walsh, dirigente revolucionario e intelectual desaparecido, dice que las clases dominantes siempre tratan de imponer la idea nefasta de que el campo popular no tiene referencias anteriores... ¡Así no se construye una identidad colectiva! La propia identidad construye su sentido bebiendo en la experiencia acumulada por generaciones anteriores. Nosotros jamás renegamos de la historia. ¿Por qué renegar de esa historia heroica? ¿Por qué no aprender de sus virtudes y defectos? ¿Para ganarnos una beca académica y que los poderosos nos sonrían y nos palmeen el hombro? ¿Por qué no tejer un vínculo con lo anterior? Esa es más bien la gran utopía reaccionaria de las dictaduras: cortar el vínculo entre las generaciones de los 60 y 70, con las actuales. Y el postmodernismo (nacido en las academias, no en los barrios populares... dicho sea de paso) vino a legitimar eso, diciendo que lo que ocurrió el 2001 era completamente nuevo, sin ningún vínculo con la experiencia militante previa. Pero, sin embargo, tampoco fue un hecho planificado, y de allí sus limitaciones. Hubo una explosión de ira popular donde la izquierda participó, pero no fue fruto de una estrategia. Y eso marcó un límite muy fuerte, porque los que después terminaron apropiándose del producto de esa rebelión fueron la burguesía y los partidos del sistema capitalista. Marx tiene unos escritos sobre la revolución española del siglo XIX. Allí se refiere a un caudillo, que si no recuerdo mal, se llamaba Espartero. Entonces Marx afirma que hay momentos en la historia en que el pueblo derriba toda la vieja sociedad, parece que va a inaugurar una nueva época, pero... se detiene. Entonces reaparece la vieja sociedad y se apropia de los dividendos de la rebelión popular. Esto tiene mucho que ver con lo que pasó en Argentina. Finalmente, los políticos del poder, que no participaron de la rebelión, la capitalizaron. Algo tuvieron que ver también, las divisiones de la izquierda argentina..., la tremenda fragmentación, el sectarismo.”


EL PROBLEMA DE LA DISPERSIÓN


Tú haces fuertes críticas a las teorías postmodernas…


“El postmodernismo no sólo nace de un debate académico de origen francés, y en particular, de la Universidad de La Sorbona. Ha tenido sus correas transmisoras al interior del movimiento popular y ha logrado instalar la peregrina y nefasta idea de que la fragmentación es buena. Que garantiza la diversidad. Y nosotros creemos que, en realidad, es una gran trampa. La fragmentación no garantiza la diversidad, de hecho, nos impide golpear juntos contra el poder. A más división, más uniformidad. La división popular sólo garantiza la permanencia del mercado y su discurso único. La gran consigna de la rebelión argentina fue “que se vayan todos”, y no se fue nadie. Y la dispersión de la izquierda, de manera indirecta e inconciente, contribuyó a esta situación. A que el sistema pudiera reciclarse, apelando a la retórica del capitalismo nacional. Nosotros consideramos que es preciso contribuir a la unidad de la izquierda, sobre todo de la izquierda extra institucional, y que la figura del Che Guevara puede unirnos. Así como en Colombia dicen “en Bolívar nos encontramos todos”, en Argentina todos los que estamos contra el poder podríamos empezar a plantear que “en el Che nos podemos encontrar”.


CLAVES DEL NUEVO INSTRUMENTO REVOLUCIONARIO


¿Podrías aventurar algunos pilares sobre el carácter de las nuevas orgánicas revolucionarias que demanda el período?


“Ese es un debate abierto. Nosotros sólo tenemos algunas ideas. En primer lugar hay que enfrentar la combinación de dos elementos: la independencia política de clase (sobre todo ante un populismo muy fuerte, existente al menos en Argentina). Pero sólo con la independencia política no alcanza, porque nos quedaríamos aislados. Más de alguna vez, las experiencias políticas de nuestra historia nos señalan que cuando esa independencia se logra, no se alcanza a establecer alianzas más allá de la lucha obrera (pienso, por ejemplo,en la experiencia heroica de los sindicatos cordobeses del SITRAC-SITRAM). Entonces el segundo elemento a considerar, es tratar de construir la hegemonía sobre otros segmentos sociales. Coordinar todas las rebeldías, no quedarnos sólo en la rebeldía de la clase obrera. Porque la clase obrera, por más heroica que sea, si se queda sola, pierde la pelea. Es decir, combinar la independencia de clase con la hegemonía socialista. Sólo hegemonía, sin independencia política frente a la burguesía (“democrática” o “nacional” según sea el caso), deriva en el frente popular clásico.

La coordinación tiene que ser plural, diversa, debe reconocer que hoy existen múltiples rebeldías contra el capitalismo. Sin embargo, dentro de los distintos sujetos convocados, algunos tienen la capacidad de organizar al conjunto de la rebeldía generalizada, y otros sectores no tienen la misma capacidad. Por ejemplo, la rebelión de los grupos ecologistas o la rebelión frente a los modos tradicionales de imponer un comportamiento sexual, creo que son totalmente justas y legítimas; la izquierda revolucionaria tiene que apoyarlas, tiene que hacerlas propias e impulsarlas como algo propio. Pero me da la impresión que no tienen los alcances para generar un proyecto para el conjunto del movimiento popular. Creo que la clase trabajadora –en un sentido amplio- sigue teniendo, al menos en términos potenciales, la capacidad de aglutinar y organizar el conjunto de las rebeldías contra el sistema. Y plantear ese eje articulador, no significa anular los otros territorios sociales ni aplastar a los movimientos sociales en sus demandas específicas. Se trata de construir hegemonía; es decir, la articulación de las rebeldías, donde hay algunas que tienen una posibilidad mayor de conjuntar a las demás, sin aplastarlas. Si lográramos articular todas las rebeliones en un proyecto común, el capitalismo estaría temblando.”


EL SOCIALISMO DE SIGLO XXI: UN DEBATE


En otra entrevista, Heinz Dieterich propone un proyecto pormenorizado de lo que se ha llamado Socialismo del Siglo XXI…


“Yo discrepo con el compañero Dieterich, y lo he planteado por escrito. Él es un crítico del Che Guevara, dice que construir al hombre nuevo es “una idea religiosa y peligrosa”. Lo ha ha formulado en un libro que se llama “Bases para un nuevo socialismo”. Por otra parte, Dieterich ha tratado de generalizar la experiencia de Venezuela, y yo, aunque defiendo el proceso bolivariano, no comparto esa generalización simplificada y apresurada, que poco favor le hace a Venezuela. No se puede extender apresurada y superficialmente lo que ocurre en Venezuela... No todas las fuerzas armadas son iguales a las de Chavez.

Ese método de pensamiento no es nuevo. Ya lo había utilizado en la década del 60 Régis Debray cuando intentó simplificar la experiencia cubana y construyó una receta válida para todos los países... De igual manera, John Holloway en los últimos años ha intentado generalizar la experiencia zapatista, planteándola como un modelo... Yo creo que los modelos extraídos de una situación particular y luego universalizados -en el estilo de Dieterich, Debray o Holloway- deberían repensarse con mayor precaución.

Los contenidos del socialismo del siglo XXI, entonces, los va a decidir el movimiento popular. No van a salir de ninguna galera ni de ningún modelo a priori. En mi opinión, el socialismo del siglo XXI tiene que ser una opción anticapitalista; no creo que pueda ser el capitalismo de Estado. Me parece, en todo caso, que de acuerdo a Mariátegui y el Che, el socialismo del siglo XXI debe ser antiimperialista y anticapitalista al mismo tiempo, tiene que tener un poder muy fuerte de la clase trabajadora, un poder muy fuerte de los trabajadores y el pueblo, y no puede ser sino un proyecto continental.”